La Vanavanguardia |
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Simbiosis y Mutación |
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| La vanavanguardia, es una vanguardia recién fundada pero como podrán apreciar a continuación los lectores, en los puntos principales de su programa, goza hoy en día de muchos y reconocidos adeptos. 1. Presentarse como el portavoz de una vanguardia basada en sostener la idea de que la "muerte de los grandes relatos" implica una muerte de los contenidos "fuertes" de una escritura, reduciendo estos a meros gestos histéricos, entiéndase recursos tipo: chaturas del Chat, historias mínimas que no dicen mínimamente nada, posturas pseudo escandalosas que sólo pueden irritar a cada progenitor que los trajo vanamente al mundo. Eso es vanavanguardia. 2. Escribir de tal modo que la noción de sujeto queda atada al escritor y la del lector a sí mismo, sin que se dé entre ellos ninguna transferencia, dado que lo expresado literariamente podría haber sido expresado de cualquier otra forma es decir "literalmente", dado que como lector no puedo reconocerme al fin en sus escritos más allá de cierta elementalidad vital que hace de esos escritos algo contemporáneo a mí, o como escritor no puedo librarme de las particularidades que me vuelven individuo y no alguien más dentro de mi vasta especie. Eso es vanavanguardia. 3. Suponer que, el no ser aceptado por las "grandes cadenas editoriales" me pone al margen de una estética dominante sin generar ninguna verdadera estética alternativa y, en consecuencia, buscar que mi escritura sea alentada alguna vez por las expectativas de esas "grandes cadenas", esperando que se me abran consecuentemente sus "grandes" puertas. Eso es vanavanguardia. 4. Renegar de mi capacidad crítica porque la muerte de la modernidad me impide su uso. Eso es vanavanguardia. Y además, un gesto completamente "moderno". 5. Suponer que la post-modernidad es un espíritu de cuerpo, eso también es puramente "moderno" y es, además, estar en la más pura de las vanavanguardias. 6. Entender que hoy en día cualquier postulación intelectual de la realidad, no sólo es utópica sino inútil y, por lo tanto, obrar con un consentimiento de antemano manteniendo cierta postura cínica, como si a la totalidad sólo le restara sucedernos; por lo que, a la hora de las realizaciones artísticas sólo nos queda recular en la realidad, es decir recolectar de ella datos tibios, para ser presentados como "la real realidad", como si fuese ese nuestro último gesto vanguardista: no sólo es poner en práctica uno de los peores procedimientos estéticos hollywoodenses -ese slogan que reza: esta historia está basada en hechos reales-; sino una postura de lo más reaccionaria, porque es caer nuevamente en una vindicación ingenua del realismo, en detrimento de nuestras capacidades creativas e intelectuales, tanto si somos modernos, postmodernos o vanamente vanos. Por lo que cualquier postura de un realismo vano es, sin duda, la más reaccionaria de las vanavanguardias. 7. Si resulta que "el fin de los grandes relatos" es inevitable, si se sostiene que a pesar de todo la noción de sujeto "siempre" quedará atada al escritor y la del lector a sí mismo, si "en extremo" nada puede escapar a la regulación del mercado, si la muerte de la modernidad me impide de última un ejercicio crítico certero; no por eso hagamos de la postestética (pose estética), nuestro último vano grito reduciéndonos a ser esas copistas-comadres de la realidad, suponiendo que si recolectamos los vanos datos que los viejos discursos -siempre vigentes, porque aún sostienen nuestro sentido de lo real- desechan, seremos al fin los más vanguardistas de los postestéticos, porque esa será sin más la más vanavanguardista de las muertes que cualquier vanguardia haya consumado. 8. Y qué haremos entonces: seamos tan mortalmente vanos como para creer, o sostener o postular que nadie puede obligarnos a ceder el sentido humanitario que aún nos resta, volvamos a sentirlo todo, completamente todo, y volquemos ese sentimiento en nuestras obras y de paso, postulémonos otra vez como humanistas: ¿un humanismo?, nos dirán vanavanguardistamente irritadas, las comadres; entonces, llaménlo neo-humanismo, o post-humanismo, si quieren, mis queridas comadres-copistas. ¡Dejemos de mutar con el vano mundo y comencemos siombióticamente a organizarnos! Y quién dice que ya no estamos poniéndonos de acuerdo, porque no se escucha cuchichear a nadie. |
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Daniel Tevini |
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