La Versalles Cartonera en el Palais de Glace
Miércoles 30 de marzo de 2005

Galería de obras
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Fotografías de Carlos Gigena Seeber
 
Pared del Director Hall de Entrada Pasillo Interno
 
El Mito del Arte Boxeadores Palacio de Invierno


 

Alejandro Margulis pinta. O pinta y escribe. O primero escribe y luego pinta en el orden cronológico de su vida.
Alejandro Margulis es joven y se cuida y tiene dos hijos que lo han llenado de trazos y colores infantiles.
Esa ingenuidad infantil tan lógica y expresiva él ya la había estudiado en la pintura de Kuitca, hijo de una psicoanalista de niños.
En Kuitca, similar a Kafka, el cuerpo humano está empequeñecido en enormes espacios hostiles. Caricaturas infantiles de hombres y mujeres antihéroes en castillos kafkianos, en óperas trágicas en donde la tragedia es el actor y no la obra.
Pero Alejandro da una vuelta de tuerca a este camino tenebroso y hay luz y muestra crudamente otros aspectos de fines de los noventa y principios de los 2000.
Cabe decir que Alejandro pinta sobre cualquier superficie: cartón, tela, papel de diario, madera, vidrio, todo lo hace material de destrucción infantil y expresión desde las ruinas.
El candor, el rencor y las comparaciones de la imaginación y del juicio, como diría Edmund Burke, entran en un caos despiadado de donde salen autorretratos irónicos y patéticos, frases literarias que se transforman en dolor verbal y en el contexto de colores y formas  que pueden coincidir con un ideograma chino o una foto de los hijos de un presidente además de grotescos urbanos de distintos tamaños y motivos.
Alejandro Margulis pinta bien, con fuerza. La vista es atrapada entre lo aparentemente insignificante como los plegaditos o las letras que enmarcan gruesos trazos figurativos en rojo, negro, rosado, amarillo, azul.
¿Qué pinta Alejandro? Protestas candorosas y rencor sublimado en los temas de nuestra época. La pintura de Margulis se entiende.
Le preocupan sobremanera las clases pobres de Argentina y el destino del artista ante esa angustia de la pobreza en un país rico, crónicamente mal dirigido.
Porque Alejandro también es periodista y conoce la verdadera podredumbre mental que nos rodea.
Alejandro Margulis pinta muy bien y no necesita esta defensa. Es cuestión de tiempo su reconocimiento, que ya obtuvo en las letras y el periodismo.
La pintura de Alejandro Margulis es algo nuevo.
Está cargada de originalidad. Es más importante el todo que el detalle preciosista que parece no perturbarlo.
¿Cómo lo hace? Atrayendo el valor de salir del caos con la totalidad del cuadro.
La pintura de Alejandro Margulis conmueve profundamente y uno siente que se ha llevado un nuevo tesoro.

Fernando De Gregorio

   
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