— A Nico, que era mi novio en ese momento, le gustaba mucho Callejeros. A mí me gustaban un par de temas que él me tocaba. Me acuerdo que bajaba temas. El tocaba la guitarra y... Siempre lo acompañaba a analizar las letras. Tenía muy buenas letras, me acuerdo. Siempre, el tema que me va a quedar grabado, que dice: “...sería una pena...” Y me acuerdo de bajarlo y de que nos pusimos acá en la plaza los dos a analizar el tema de por qué podía ser. No sé... “Prohibido”, cuando nadie lo conocía también lo escuchábamos... Y él había ido... Tocaban martes, miércoles y jueves. El fue el martes y ya el martes que fue me dijo que no había visto casi nada por las bengalas, que era impresionante. Y bueno. Nosotros habíamos quedado en que el jueves íbamos a pasear a Recoleta. Entonces me manda un mensaje y me dice: “Tengo una idea. Tengo una sorpresa.” Y le digo: “Bueno, está bien. Entonces yo lo veo el miércoles y me dice: “De sorpresa tengo una idea: vamos a Recoleta y después vamos a ver a Callejeros.” Yo fui el martes, estuvo re bueno. Se había asfixiado un poco pero subía un toque la cabeza y ya está.
—Por el humo...
— Claro. Igual, tiene más de cuarenta recitales encima, así que...
—Sí. Te molesta el humo y el encierro en los primeros recitales. Después es como que te acostumbrás.
—Claro. Y bueno. Fuimos, nos tomamos el tren, bajamos, nos compramos las entradas. Fuimos a Recoleta, me compré un arito, cañoncitos de dulce de leche... Todos los vendedores nos vendían a nosotros. Bueno. Después fuimos para Cromañón: tomamos el bondi y era temprano. Después fuimos a un supermercado chino; compramos dos cervezas: una Brahma para mí y una Quilmes para él. Las tomamos y después entramos. Lo bueno es que teníamos ojotas los dos. O sea, yo sabía que iba a estar atrás de todo. Eso me ayudó muchísimo. ¡¡¡Hacía un calor!!! Después fuimos a arriba al baño. Bajamos. Compramos unas cervezas. Nos sentamos en el piso. Yo me estaba muriendo de calor. Nos quedamos en el pie de la escalera, que subía a los baños. Hacía muchísimo calor. Estábamos al lado de un ventilador. ¡Bien!
—Que tiraba aire caliente....
— Sí. Y empieza a tocar Ojos Locos. Ya al toque, un montón de bengalas. Y ahí nos empezamos a ir para el fondo, para el fondo. Y cuando terminaron de tocar ya estábamos atrás de todo. Después, no sé quién habló primero: si era Chabán o el DJ. Cuando termina de tocar Ojos Locos, ahí habla no sé quién y dijo: “Bueno, loco. No tiren bengalas, que esto es una fiesta. No queremos que sea una masacre como lo que pasó en Paraguay.” Después, no sé quién más habló y dijo también que se pongan las pilas. Y bueno. Ahí empezaron a tocar el primer tema, y no sé... Fueron treinta segundos... De golpe miro para arriba, paran la música y veo toda la gente... ¡Impresionante! Una multitud corriendo para la puerta. Y miro el techo y veo un redondel de fuego. Y entonces, ahí Nico me agarra fuerte y me dice: “Pau, ¡quédate tranquila que ya salimos!” Yo no entendía nada. Y entonces me abrazó y yo iba de espaldas a todo el mundo. No me soltó en ningún momento. A él, lo único que le importaba era yo. Y empezamos a caminar hacia la salida. O sea, toda la gente que quería salir primero no pudo salir; estaban las puertas cerradas y había vallas. Esa gente se cayó. Me acuerdo, cuando salí, que en esa puertita estaban todos acostados y no se podían mover. Mi mamá me dijo: “No entiendo. Si tenían la puerta ahí cerca, ¿por qué no pudieron salir?” Caminamos hasta que estuvimos cuatro metros más o menos cerca de la puerta y ahí ya no nos podíamos mover. Cuando íbamos caminando, Nico me dice: “¡Tapate la boca! ¡No respires!” Yo, en ese momento, no entendía, así que inflé mis cachetes ¿viste? y me apoyé sobre la remera de él, que estaba toda transpirada, y medio como que zafé. Él aspiró humo. Y bueno. No nos podíamos mover. A mi izquierda había una puerta de emergencia y le digo a un flaco: “¿No se puede abrir?” Y me dice: “No se abre. No se abre” Arriba había un aire acondicionado también. Y bueno. Ahí yo ya sentía que me caía. Me caía. Estábamos arriba de un flaco. ¿Sabés lo que es? Estaba descalza. Me saqué el bolsito que tenía cruzado porque me estaba ahorcando, lo tiré a la mierda y no me podía mover. ¡No sabes lo que era! ¡No entendía nada! ¡Me quería morir! Lo único que decía era “Ángel de la guarda, dulce compañía...” Y en un momento, digo: “¡Ya fue! Me voy a caer” Y un flaco al lado mío me dice: “No. No te vas a caer” ¿Viste cuando decís: me dio un incentivo? Antes de todo esto, Nico me dice: “Ya abrieron las puertas.” Entonces digo: “Ya salimos. Ya salimos todos.” Me acuerdo de un “flash”: a la derecha veo bomberos, luces... No sabía bien qué era. Y bueno. Los gritos de desesperación de la gente no me los saco con nada. Las minas, gritando: “¡¡¡Abran las puertas!!!” Y Nico, teniéndome, llorando: “¡Loco, se me muere! ¡Se me muere!” Y yo me caía cada vez. Me hundía más, me hundía más. Y en un momento lo miro a él, despidiéndome, diciéndole: “Mi amor, te quiero mucho…” “Hasta acá llegué”, pensé yo. Y ahí no sé qué pasó. Un segundo... Que no sé qué mierda... Y Nico me dice: “Vamos a salir por arriba de la gente.” La verdad que en ese momento no te importa nadie, sólo quería salir. Y Nico dice que miraba para atrás y la gente se tiraba de clavado contra el piso desde arriba. Y bueno. En ese momento no sé qué se acomodó. Y bueno. Me levantó para arriba y me empezaron a pasar por arriba de la gente. Y él se levantó y salió rodando. Salió unos segundos antes que yo. Me acuerdo que salí y la gente le pedía por favor a los bomberos que los saquen para afuera. Y los bomberos les decían que aguantaran, que había mucha gente y que no podían con todos. Nos fuimos a la vuelta. Nico llorando. Le digo: “¡Tranquilizate!” Él no podía respirar porque había tragado humo. Una vecina con una manguera nos tiraba agua. El escupía negro. Se ahogaba. Y bueno. No sabíamos qué hacer y le digo: “Bueno. Volvamos a ver si podemos ayudar.” Al volver vimos seis tipos llevando a un flaco, y lo metieron en la ambulancia.
—¿Ya estaban todas las ambulancias cuando ustedes salieron?
— Sí.
—Vinieron muy rápido. Ustedes fueron uno de los primeros en salir, ¿no?
— Sí. Creo que sí. Igual salió gente por el escenario también. Pato, el cantante, ayudó a gente a subirla al escenario para que salgan por atrás. Entonces volvimos. Había una chica re “shokeada”. La querían meter en una ambulancia pero no quería porque le faltaba su amiga. Entonces, yo le digo: “¡Quedate tranquila, que yo te voy a buscar a tu amiga! Ahora andate a la ambulancia.” Volvimos a la puerta de Cromañón y un bombero nos dijo: “Chicos, si están bien, váyanse. Esto es un desastre.” Entonces nos fuimos. Nos tomamos el tren. Yo no entendía la magnitud del problema. Le digo a Nico: “Ahora llegamos a tu casa, y si se enteraron por la tele llamo a mi casa.” Y bueno. Llegamos y le pedimos a un quiosquero que nos prenda la tele para ver si estaban pasando algo. Y el tipo me dice: “¿Qué querés ver?” “El noticiero”, le digo. “¡¡No, ni loco!!”, me dice. Y bueno. Le expliqué de dónde veníamos y cambió. Cuando pusimos Crónica, ya era un desastre: “Incendio en bailanta” ponían como título. Nico llama a la casa y lo atiende el hermano. La mamá no estaba. Le dice que estábamos bien. Llamó al celular de mi viejo; ya estaban saliendo para Once, estaban cargando nafta en el auto. Le digo que estaba en Moreno y que me venga a buscar. Y ahí me vinieron a buscar. Antes de saber si estábamos bien, mi hermano hablaba con el hermano de Nico y le decía: “¡Pelotudo, es mi hermana!” El hermano de Nico no entendía nada. Es más, cuando llegamos, el papá de Nico que, vive en Estados Unidos, ya había llamado.
—¡¿En Estados Unidos ya se habían enterado?!
— Sí. Ya se había enterado. Y llamó porque él sabe que Nico va a todos los recitales. Cuando llegué a mi casa, mi papá me dijo: “Bueno. Compremos helado para festejar.” Comí helado. Y después no me podía dormir. Después, miré el noticiero. Al otro día, fui a Moreno y me puse a llorar.
—¿Alguno de los dos fue al médico?
— Nico fue al otro día a la clínica y nadie podía creer de dónde venía porque cuando se levantó de dormir, al otro día, tenía toda la almohada negra por el humo que había tragado. El aspiró humo. Yo no aspiré nada porque yo me tapaba con él. El en ningún momento se despegó de mí. El me decía que no sabía si hubiera hecho eso por otra persona, que lo único que le importaba en ese momento era yo y que si a mi me pasaba algo, él se moría.
—Seguro que influyó mucho que él era el que te había llevado ¿no?
— Sí. Puede ser porque yo sola quizá hubiese ido o quizá no. No sabés. Pero él, en lo único que pensaba en ese momento era en mí. ¡¡¡No!!! ¡Mirá! ¡Justo está Nico ahí afuera! (Señala con la mano. ) No puede ser, justo ahora que estoy hablando de él.
—Pero se siguen hablando, ¿no?
— Sí. Está todo bien. Yo no había caído que el que me había salvado era él. Mi héroe, ¿entendés? Yo también tengo una deuda con él. Agradecerle, ¿no?, porque siento que con decirle gracias no basta. Para que mi viejo me diga: “Mirá, traelo para Año Nuevo a Nico”. Eso es mucho. Fue re groso lo que hizo por mí.
—Por lo que me contaba tu hermano, y después a los pocos días yo te vi por acá por Moreno, vos no habías caído.
— Sí. Y después, las cosas que me fueron pasando posteriormente... Fue ir a lo de mi amiga y el sueño que tuve. Era verano. ¡Hacía un calor! Estaba en la pieza de ella, que es chiquita, y estaba la cama de la hermana, la cama de ella y yo dormía en el medio en un colchón. No me podía dormir del calor que hacía. Me ahogaba. Tenía el ventilador apuntándome y me daba miedo. Y cuando me dormí, soñaba que estaba en Cromañón con Nico y que él estaba adelante mío, y que la gente me lo empezaba a llevar y yo lo agarraba de las manos. Me acuerdo que tenía una remera negra. Y cuando me desperté, tenía el colchón de la hermana agarrado y lo abrazaba fuerte. Después no quise ir más a la casa de mi amiga por miedo. Bueno. Ése fue mi primer sueño. Bah, el único que me acuerdo. Y después, cosas posteriores que me fueron pasando pero mucho tiempo después. Yo trabajo de camarera, ¿viste? Y estaba preparando la parte de la recepción con toda la mesa dulce y estaban todos los invitados en el salón. Entonces no veían nada. Cuando están preparando la fondue, que abajo lleva fuego, se ve que lo corrieron un poco y se empezó a prender fuego el mantel. No fue nada pero yo vi a la gente. Porque a mí el fuego no me da miedo, me da miedo la gente desesperada y los gritos. ¡Imaginate! La gente que trabaja en el salón súper desesperados, corriendo. Yo me puse a llorar, desesperada, y un compañero del laburo me abrazó y me dijo: “Bueno. Calmate.” No podía parar de temblar. Encima ya entraban los invitados. Y viene Nachito y me dice: “¿Qué te pasó, boluda?” Y yo lloraba y no podía parar. Así que no pude salir a la recepción y ahí me di cuenta de que empezaba a caer. Otra cosa que me pasó fue en el colegio. Era invierno y todavía a las siete y media de la mañana era de noche, cuando entrábamos, así que entramos al salón y se cortó la luz. ¡Imaginate! Todos gritando porque se había cortado la luz. Todos festejando porque capaz que nos íbamos de vuelta a casa, menos yo. Le digo a mis amigas: “Chicas, por favor, sáquenme de acá.” No sé. Esas cosas me pasaron. Y bueno. Ahí empecé a ir al psicólogo. Y la deducción que sacamos con el psicólogo es que todo eso quedó en el inconsciente y todavía no pasó un tiempo. No lo puedo dejar en el pasado todavía. Vivo todo el día con ese pensamiento y no lo puedo soportar: el miedo de que me vuelva a pasar. También me da miedo escuchar ruidos muy fuertes porque antes de que se corte la luz en Cromañón se escuchó un ruido re fuerte. Así que le dije: “Bueno. Mamá, quiero ir al psicólogo.” Dentro de todo, bastante bien.
—Con respecto al dinero que el Gobierno les da mensualmente, ¿vos estás cobrando algo?
— No. Nada. No hice nada. Es como que preferí dejarlo todo atrás. Me acuerdo de que cuando salíamos con Nico, patea una remera de Callejeros y me dice: “¡Mirá, agarrala! Es de mina, para vos”, y le digo: “No. No quiero nada de esto. Quiero dejarlo todo en el olvido para no tener más este dolor pero que no se olvide y que no vuelva a pasar.”
—Medicamentos no estás tomando ninguno, entonces...
— No. Físicamente salí ilesa. Y Nico sólo fue un día al hospital y le dieron oxígeno, nada más. Los dos salimos bastante bien. Salimos súper rápido.
—Si tuvieras que echarle la culpa a alguien, ¿a quién se la echarías?
— Para mí es todo un tema. Es una cadena de culpables. Escuché que en lo de Susana Giménez una mamá decía que era una cadena de culpables y para mí tiene razón. Callejeros no sé si tiene la culpa pero creo que son responsables. Es un hijo de puta desde el bombero que se dejó coimear hasta el pelotudo que prendió la bengala. Ibarra también. Es toda una cadena de culpables para mí. Callejeros tiene la culpa también porque metieron más gente de la que podía entrar. Yo fui ese mismo día a comprar las entradas y estaba todo ya súper colmado. Callejeros sabía que algo podía pasar, aunque nunca se imaginaron que iba a pasar algo así. No sé si escuchaste lo que dijo León Gieco, que salió un poco a defender a Callejeros. Él dijo que las bandas de rock siempre fueron marginadas y que siempre tocaron en lugares de mierda. Y tocan porque les gusta tocar y nada más. Pero Callejeros ya sabía que ese lugar ya se había incendiado antes, por eso me da bronca que se podía haber previsto. Cuando me preguntan qué es lo que sentís: mucha bronca y mucha tristeza. Yo lo puedo hablar y eso es bueno porque te ayuda, por eso me gusta que me pregunten y todo, pero hay pibes que no pueden hablar. Ese chico que estaba soñando y se tiró por el balcón de la casa, ¿entendés? Es todo una cagada.
—¿ Los seguís escuchando?
— Sí. Hoy a la mañana los estuve escuchando. Se me pone la piel de gallina. Me causa muchas sensaciones. Te queda para siempre. A mí marcó muchísimo. Para el colegio tenía que hacer una carta de amor y yo le escribí a Nico. No sabía qué escribir. Al principio escribí una re cursi y dije: “No puede ser. Yo tengo que escribir algo relacionado con Cromañón también” porque marcó toda la relación con él. Entonces empecé a escribir frases de letras de Callejeros. Y bueno. Me quedó una carta. Me ayudó mucho a descargarme un montón.
—¿Y él no la va a leer nunca?
— La parte que más me queda es cuando dice “...todo nuestro amor se desvaneció con el humo y con el horror esa noche fría...”
—¡Te habrás sacado un diez! ¡Está hermosa!
— No sé. Me puse a llorar y no la pude terminar de leer.
—¿ Fuiste a alguna marcha?
—No. Lo que pasa es que en todas las marchas se juntó mucho la política.
—¿Fuiste al Santuario sobre Bartolomé Mitre?
— No. Traté de ir y no pude. Quiero ir. Hace un tiempo pasé cerca porque tenía una fiesta por ahí y cuando estaba llegando a la estación vi las zapatillas colgando en el cable y me vinieron “flashes” de ese día. Me acuerdo de que salimos ese día de Cromañón y tuvimos que comprar unas ojotas para poder volver a casa porque estábamos en patas. Me acuerdo de que nos trataron re feo en ese momento porque llegamos a la estación y le dijimos al guardia si podíamos pasar ,que veníamos de Cromañón, y le dijimos lo que nos había pasado y que no teníamos más plata. Nos respondió: “¿Para que fueron si no tenían plata?” Igual nos dejó pasar. Lo que sí había era mucha gente ayudando que no era ni enfermeras ni bomberos. Nada. Gente que pasaba por el lugar y que había visto lo que pasaba y se quedó. Callejeros tiene un tema que dice “...a la gente sólo la ayuda la gente y no hay más iluso que el iluso que pide una ayuda al que lo gobierna...” Y es verdad, es así. Me acuerdo de que en un momento veo que caía agua como del cielo y miro para arriba, y veo una mina de un edificio tirando agua con una manguera. Después veo, también me acuerdo, Toppers blancas por todos lados. Igual, el momento que más me queda grabado es el momento en el que dije: “Acá me muero.” Los gritos no se te van más. ¡Imaginate! Nico me contaba que miraba para atrás y veía a la gente tirándose de picada para al suelo desde el primer piso, como si fuera una pileta de clavado. ¡Imaginate la desesperación en ese momento! No podés pensar. Por eso no sé cómo Nico pensó todo antes: esperar a que pase un poco de gente para no caernos y quedar aplastados contra la puerta. Todo. No sé. Yo no entendía nada en ese momento. El me decía que si en ese momento yo hubiese estado desesperada, para él hubiera sido peor. Hubo muchas parejas que se soltaron. A veces pienso: ¡qué culo que tuve! Pero bueno, tenía que ser así. A veces pienso que yo podría haber vuelto a ayudar a otras personas porque yo estaba bien.
—¿Fuiste a recitales después de ese día?
— Sí. Fui a ver a Los Descalzos, mi banda preferida. Ahora, cada vez que voy a algún lugar cerrado es como que pienso un poco más.
—¿Al psicólogo estás yendo una vez por semana?
— No. Dos veces. ¡Estoy hecha mierda! Está bueno. Igual no es que hablamos siempre de Cromañón. Hablamos de otras cosas. Yo empecé a ir porque tenía miedo de que al principio no lo necesite pero que después empiecen a llegar los traumas y las cosas. Así que cuando empecé a darme cuenta, pedí un psicólogo porque no quiero tener que ir de grande y andar llorando. ¡No sabés que real fue mi sueño! Era como revivir otra vez todo pero más feo porque Nico se me iba. Se me iba. Se lo llevaba la gente. Después no fui a dormir a la casa de ninguna amiga. |
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