Llego a la casa de Mauro con una mezcla de nervios y expectativas. No lo conozco personalmente. Hablé con él sólo una vez por teléfono para confirmar la cita de hoy. Lo conocí por medio de una amiga mía. Nos escribimos varias veces por MSN, por lo que no lo considero un desconocido, sin embargo me pregunto cómo saldrá todo. Toco el timbre, me atiende el padre y me dice que lo espere que en el hall, que Mauro ya viene. A los pocos minutos llega Mauro y nos saludamos. Tiene cara de buen pibe. Hablamos unos segundos e inmediatamente le pido si me acompaña a comprar facturas. A la vuelta de su casa ya teníamos un tema de charla. Me hace pasar al living, se presenta la mamá y nos ofrece algo para tomar. Y agrega a la docena de facturas unas vainillas. Teníamos comida para el empacho. La casa es una casa de estilo antiguo. Me hace acordar mucho a la de mi abuela, por lo que no me siento tan extraño. Le explico brevemente a Mauro un par de cosas y nos disponemos a hacer la entrevista. Grabando.
—Tu Familia está compuesta por…
—Mi vieja, mi viejo, mi hermanito, mi perro Pato, ¡un grande! Y después están, bueno, mis dos abuelos maternos, mis dos abuelos paternos y después mi bisabuela, la vieja de mi abuelo materno, que tiene cien años clavados.
—¡Ah bueno…!
—Está mal hace un tiempito, pero bueno.
—¿Viviste siempre acá en Floresta? Bah, Paternal.
—No. Vivía…No. Esto es más... Es una especie de Flores, Flores... No sé…Sí. No sé. Yo siempre viví en la Paternal.
—Más para allá.
—Sí. Por el pasaje, por Jonte. Sí. Siempre a tres cuadras. Antes vivía en Jonte y Gavilán: eran dos cuadras, a la vuelta y una más. Y después me mudé para el otro lado pero seguían siendo tres cuadras. O sea, siempre estuve ahí. Y bueno. Y ahora ya me vine para acá porque en esta misma cuadra estamos todos. Mis abuelos, los de mi vieja, en la esquina; los de mi viejo enfrente, a media cuadra, y mi tío acá, por el pasillito este de atrás. Claro. Mi tío y mi tía que no te dije. Y después mis otros tíos que viven en Gesell.
—¡Que no se ofendan los tíos!
—Claro. Por las dudas
—Che, ¿y qué onda cuando vivías allá cerca de la cancha? ¿Alguna actividad relacionada con el tema de Argentinos?
—Cuando era chiquito mis viejos siempre iban a ver los partidos de la reserva porque pasaban gratis, creo. Entonces entraba y yo jugaba al fútbol con los pibes de ahí pero ni me acuerdo casi
—¿De qué club sos hincha?
—De Racing
—¡Muy bien! ¡Eso es un dato importante!
—Pero también de Ferro, pero porque juego ahí. Es muy…Así. Aparte, yo qué sé. Me gusta sufrir. No puedo ser de Racing y de Ferro, hay que ser demasiado nabo, ¿viste? Pero bueh. Yo qué sé.
—El chico es sadomasoquista. Le gusta sufrir.
—Claro. Es una cosa así, lo mío. Si seguía de Boca, me podría haber quedado y estaba mucho más cómodo. Prefiero esto. Yo qué sé. Es arrancar más de abajo. Me gusta más eso.
—Sí. Se sufre igual, se sufre. La academia gana, pero sufre. Bueno. A ver contame, ¿el colegio?
—Bien, bien…No me llevé ninguna materia todavía. Vengo bien.
—¿A cuál vas? ¿Estás yendo a alguno de por acá cerca?
—No. No. En Córdoba y Ayacucho. Queda enfrente del edificio de Aguas Argentinas. ¿Viste? El grande.
—Tenes un buen viaje, con el 106 o el 99...
—106.
—Estamos con la “Guía T” a full.
—Con la “Guía T”.
—¿A qué colegio ibas de chiquito?
—Al Alfredo Palacios, la escuela de Pappo. ¡Un grande! Yo lo veía siempre cuando salía de mi casa. Bah, no siempre.
—Mirá vos...
—¡Grande Pappo viejo!
—¿Quedaba cerca de tu casa, allá en Paternal?
—Caracas y San Blas.
—Aparte Pappo vivía por acá. Me acuerdo de toda la caravana por San Martín.
—¿Cuando lo llevaron a Chacarita? Sí. Yo fui. En febrero. No me acuerdo bien qué día. Pero me acuerdo.
—Hacía poquito que habías salido vos … Un mes y algo.
—Sí. Yo salí del hospital el veinte…El veinte... El veinte creo.
—Veinte de enero.
—Sí. No me iban a dar el alta todavía pero yo empecé a joder, a joder, a joder... Y que era el cumpleaños de mi abuelo...
—¡Dale! ¡Dale! ¡Dale!
—Sí. Aparte ¿viste?, venían mis amigos y eran muchísima gente. Había... No sé. Treinta pibes nada más, más los grandes que serían cincuenta. No se podía caminar por el hospital. Y yo, aparte, con un amigo jugábamos carrera en silla de ruedas. Hacía todo lo posible para que me echen, ¿viste? Y bueno. Al final sí, me echaron.
—La hiciste bajita…
—Casi me tenían que internar de vuelta. En una, veníamos así corriendo y se tocaron las sillas de rueda pero no me caí. No me caí. Estaba muy flojo aparte. Yo no me podía parar, nada. Porque bueno... Desde el 30... Bah, desde el 31 hasta el 15 estuve inconsciente. El 17 me pasaron a sala común. O sea, hasta el 17 estuve en terapia intensiva y no me paré, nunca. Estuve 17 días acostado así. Entonces después, cuando me paré no entendía nada. O sea, me dolían las piernas. Estar parado no podía porque se me doblaban las rodillas. No entendía nada.
—Es que perdés como las fuerzas y tenés que empezar todo de vuelta con la rehabilitación…
—Claro. Sí. Por eso
—Bueno, entrando más en el tema de Cromañón...
—Fueron tres shows: 28, 29 y 30 de diciembre. Yo fui a los tres.
—¿En cada uno presentaban un CD distinto?
—Si, supuestamente. O sea, era para cerrar el año y la excusa era, como eran tres fechas, tocar el primer día todo el primer disco más otros temas, el segundo día el segundo disco más otros temas, y el tercer día el último disco.
—¿Qué días fueron?
—Martes, miércoles y jueves. Martes 28 presentaban “Sed” que era el primero, (se entusiasma), Miércoles 29 ”Presión”, que para ese día no tenía entrada, pero me fui a ver si me podía mandar y al final me pude mandar y el jueves, que ahí sí tenía entrada, “Rocanroles sin Destino”, que es el último.
—El tercero...
—Lo habían sacado en noviembre. La presentación acá había sido en Excursionistas, adonde también fui el 18 de diciembre. Pero bueno. Yo tenía ganas de ir, ¿viste? Porque después, cuando es como La Renga, por ejemplo, lo quiero ir a ver pero no toca mucho acá porque ya tiene mucha gente. No pueden hacer tantas fechas, entonces te hacen una fecha por año. Me quedo con ganas de ir a verlos. Entonces digo “Callejeros” siempre que toque en Capital, los voy a ir a ver. A Obras fui a los dos, ¿viste? Siempre que tocó acá fui, pero bueno.
—¿Cómo conociste “Callejeros”?
—En las vacaciones del 2003 al 2004 un amigo me dijo: “¡Mirá, escuchá un tema que está re bueno!” No era “Una Nueva Noche Fría”, el que sale en todos lados. Se lo bajó de Internet, no sé, como “Ilusión”, y me lo mostró. Y estaba bárbaro. Y un día yo fui para un lado que yo sabía que vendían CD’s truchos y me llevé plata, y me compré el disco de “Callejeros”. Me lo llevé a casa…
—Musimundo agradecido.
—...Sí. Bueno. Y bueno. ¿Qué se le va a hacer? Están muy caros los CD´s. Si bajan los precios, todo bien. Si no... Y... Lo empecé a escuchar y me encantó… ¡Mucho! Entonces no había empezado a ir a los recitales pero el primero... O sea, fui a uno solo que fue el de “Uma Uma”, una banda tributo a Pink Floyd en el auditorio de Belgrano. Fue buenísimo. Pero ese... Bueno. Era todos sentados, era otra cosa. El primer recital posta fue “La Renga” en River. O sea, arranqué, ¿viste?, arriba, allá. Y…Después de ahí, “Callejeros” en Cromañón, el 29 de mayo. Ese fue el segundo y el primer cerrado mío. Pero el 29 de mayo fue la primera vez que lo fui a ver a Callejeros. Y de ahí... Bueno. Escuché más todo y me re copó. Aparte estaba re buena la onda. Cromañón, me encantaba el lugar ese. Fui cinco veces: cuatro a ver a “Callejeros” y la otra a ver “La Covacha”. Fuimos con unos amigos. Tenía ganas de ver qué onda y no me gustó. Había una banda soporte que estaba buena pero no, no me gustó y me fui en la mitad del recital. No volví. Pero no... ¡El lugar me encantaba! O sea, era de los que más me gustó, así de rock.
—Che, ¿siempre estuvo “hasta las manos”?
—No, con “La Covacha” no, pero con “Callejeros” sí. Igual, nunca como ese día; el 30 era impresionante como estaba.
—Pero siempre, o sea, había exceso de gente…
—Depende de lo que le llames “exceso de gente.” Para mí, estaba bien. Bah, yo qué sé. En un recital no puede haber un metro cuadrado por persona, ¡eso es cualquier cosa! Bah, una persona por metro cuadrado. O sea, tiene que estar apretado. Hasta atrás... O sea, atrás... Bueno. Un poco de espacio, pero no... Para mí, estaba bien. El 30 ya era mucho, demasiado, porque yo quise ir al baño cuando terminó de tocar “Ojos Locos” porque me estaba “meando”... Subo la escalera, que no podía subir y en la escalera estaban apiñados, y de pedo llegué arriba y todo. Era una cola para entrar al baño. ¡Chau! Me mearé en el medio del recital, pensé, y bajé. Y me fui de ahí para la izquierda, adelante, que fue donde me quedé. Y ahí el recital arrancó y ahí terminó de una.
—¿Tenías un grupo fijo con el que ibas? ¿Un grupo de amigos?
—No, a ése había ido…Mirá, el martes fui con un amigo del club y…Un amigo del club y dos amigos del colegio, y yo. O sea, éramos los cuatro.
—¿El martes estuvo tranqui?
—See, see… todo tranquilo. O sea, mucha bengala, ¡mucha! Pero bueno, como siempre. “Callejeros “siempre tenía mucha bengala.
—¿Qué onda el tema de las bengalas? ¿Para vos era algo más?
—Para mí estaban bárbaras. O sea, en el momento me gustaban…Yo qué sé. Es como que le daban onda…
—La pregunta es: para los que lo seguían, ¿tenía algún significado en especial? ¿Era parte del show? ¿Iba de la mano con “Callejeros”?
—Sí. Era el show.
—Y vos que los seguías, ¿siempre fue así?
—No. No. Yo, desde la primer vez que fui... O sea, no soy de los primeros. Lo empecé a escuchar en el 2004. Por lo menos fue al principio, ¿viste? Hay mucha gente que después de que empezaron a salir en la radio se enganchó, y eso fue cualquier cosa. O sea, cuando yo lo empecé a escuchar todavía no era... No lo seguía mucha gente. Yo decía: “¡Uy, mirá que copada esta banda! Y encima no la conoce nadie”, porque yo le decía a la gente “Callejeros” y no sabían quiénes eran...
—Claro, como pasó con “Los Piojos” y su disco “3er Arco”, aunque “3er Arco” hasta ahí nomás, porque ya estaba siendo conocido...
—...Y… No. Por eso después ya... O sea, al toque que yo empecé a escuchar en serio ya se prendió un montón de gente, mal…
—Pero qué onda, ¿siempre hubo bengalas?
—Sí. Lógico. Bah, con La Renga pasó lo mismo. A mí me gusta porque La Renga por lo menos lo reconoce. Yo leí una nota que le hicieron al Tete, que es el bajista, y él dijo: “Sí. Nosotros, creo que éramos la banda con más bengalas, más que Callejeros por ahí”. Dice: “Pero no salimos a decir como otras bandas que en nuestros shows...” Eso fue un palo para La Bersuit porque el pelado dijo que sus shows no había bengalas. Y que lo condenaban... Y no sé qué... Que era culpa de Callejeros. Tete dijo que no: “En nuestro shows había bengalas”, dijo. “No es como en el caso de otras bandas, que dicen que nunca hubo y que las condenan pero que también hay”. Djo que a ellos les gusta pero que sabían, o sea, que tenían un grado de peligrosidad. No pensaban que iba a ser tan grande tampoco. Pero bueno... Yo qué sé. Igual ahí se opinaron muchas cosas. Se dijeron muchas cosas: que el techo que sea de lo que era, que tenga la sustancia que tenía que tener, que yo nunca había visto una candela en un lugar cerrado...
—No tengo ni idea lo que es una candela…
—La candela es una bola de fuego, como un “tres tiros”, pero tira bolas de fuego y muchas, de distintos colores. Estará prendida tres minutos tirando bolas de fuego para arriba. La bengala no. La bengala es un cachito de fuego con luz, que haces así, la agitás y tira chispa de última. Lo otro tiraba, pegaba en el techo y rebotaba. Yo antes de que empiece el recital, cuando pusieron “Ji,ji,ji”, ¿viste?, ya había ido a agitar al medio perooo… (Se detiene un instante como queriendo recordar y retoma el relato) Tiraron una candela ahí. Como que yo ahí me cagué todo, ¿viste? Me corrí porque no me gustó mucho...
—¿Cerca?
—Si... Pero aparte, no me gustó la idea de que rebote en el techo. Un cacho de fuego. Además, en todos los recitales en Cromañón decían que se iba a prender fuego...
—Ah, ¿sí? ¿Ya venía el tema de antes?
—Si…. Pero igual, ¿viste cómo te dice Chabán? Encima te lo decía mal. Te insultaba y la gente se cagaba de risa de él. Aparte lo dice así: “Se va a prender fuego como Paraguay. Son unos negros.” Entonces la gente peor, cada vez peor. Menos bola le daba.
—Es que no es la manera, ¡obvio!
—¡No! Por eso...
—Che, y el martes... volviendo al martes, ¿qué onda? ¿Te juntaste con los pibes a comer?
—No. No. Nos juntamos a la tarde y en la casa de un pibe, que es de ahí nomás. Nos fuimos caminando y entramos de una. El miércoles fue distinto porque ya teníamos que ver cómo nos colábamos. Era distinto.
—¿Ese día fue tranqui?
—See...
—O sea, digo por la cantidad gente...
—Sí. Sí. Fue el más tranquilo. No había bengala, no había nada. O sea, había pero menos.
Hacemos una pausa porque viene la mamá de Mauro con el café, la leche chocolatada.
—O sea, esto fue el martes...
—El martes…
—El martes fue el primero. Entonces el martes había poca gente…
—No. No. Siempre había mucha. O sea... Pero el miércoles había un poquito menos. Sí. Nosotros hablamos con el chabón éste de seguridad para ver si nos dejaba entrar y no sé qué, y le... Nada. Le metimos un chamuyo de que nos habían afanado la entrada en Plaza Once, que por favor, que no puede ser que esta gente esté adentro, que encima nos roban y encima están adentro con nuestra entrada. Y no sé qué… Y bueno. Nos dejó entrar. Y…
—¿Fuiste con los mismos pibes?
—No. No. El del club no fue. Fui con otro del colegio. Ni el del club ni el del colegio fueron. Fue otro pibe de la escuela, que se llama Alejo. ¡¡¡Ah, no!!! Los tres son de la escuela: Alejo, Nahuel y Mauricio se llamaban. Nosotros nos juntábamos en la casa de Mauricio porque vive ahí nomás.
—¿Y ahí estaba el pibe que te lo hizo escuchar por primera vez?
—No. Ése era del club. Pero a ése no le terminó gustando Callejeros. O sea, le gustó ese tema y no le terminó gustando. Y… (hace una pausa para alimentarse). Y bueno. Fui con esos pibes. Entramos al sexto, quinto tema. Ya habían tocado los rocanroles. Bueno. ¡Nos queríamos matar! Queríamos entrar y al final entramos. ¡Estuvo buenísimo! Y bueno… Encima me encontré una piba adentro que era de la escuela y me dice: “¡Ay, ¿venís mañana?” Y le digo: “¡Sí! ¡Obvio!” El jueves, entonces, la piba se quedó re preocupada. Después fue al hospital y lloraba, me contaron. Porque fue como que justo el día anterior me dijo: “¿Vas mañana?” Y yo le dije: “Sí. ¡De cabeza! ¡¿Cómo no voy a ir?! ¿Vos?” “No. Yo no creo.” Entonces después se quedó re preocupada porque…
—¿Las entradas ya las tenías anticipadas?
—See...
—¿Locuras, Lee Chi?
—See... Locuras.
—¿Diez mangos?
—Sí.…Estaba barato. Diez mangos. Yo qué sé. Cuando me desperté... Encima, en el hospital... Me despierto y no entendía nada, y dije: “Bueno. ¡Que me devuelvan la plata de la entrada porque vi un tema nada más!”
—(Risas.) El pibe estaba vivo y quería…
—Yo quería mi remera, que la perdí ahí, y la plata de la entrada.
—¿Era de Callejeros?
—De La Renga. Una roja, toda cortada. Era cómoda pero cuando se prendió todo, agarré, me la saqué y me la puse en la cara. Ni me acuerdo bien de eso; me lo dijo un amigo. Yo, siempre que había algo más o menos así, cuando había demasiada bengala o algo así, siempre me sacaba la remera y me la ponía en la boca para respirar. Pero… Bueno. Ahí también, cuando estaba subiendo al escenario...
Se hace un silencio.
—Entonces martes y miércoles tranqui, los vas a ver. ¿Qué onda ¿Había algún ritual entre ustedes, como juntarse antes en una esquina a tomar algo…?
—En lo de Mauricio. En la casa de Mauricio.
—Se juntaban ahí a tomar algo y después se iban para allá…
—Sí. Nos íbamos caminando para allá y después, cuando salíamos íbamos a la Petrobras, ahí en Jean Jaures y Rivadavia. Y nada. Ahí tomábamos una Sprite fría. Sano lo nuestro: una Sprite. Y después... No. Eso ya fue de entrada, desde el recital de La Renga en River, que siempre cuando salía me tomaba una Sprite.
—Le hacías caso a tu sed…
—Claro. Y nada. Ahí seguíamos caminando más para el fondo hasta que yo me tomaba el 84. Después Alejo y Mauricio vivían a dos cuadras entre ellos y Nahuel se tomaba el 188, que paraba a una cuadra del 88… del 84. Así, bueno, nos íbamos todos para el mismo lado.
—Che, ¿y cuánto dura? ¿Dos horas? ¿Dos horas y media? ¿Tres?
—Dos horas y media más o menos. Estaba anunciado para las ocho y empezaron a las diez y media...
—¡Eh, zarpado!
—Sí. Igual antes estaba la banda soporte. Pero bueno igual…Sí. Siempre empezó muy tarde Callejeros.
—Che, ¿era todo música o alguna vez se ponía a hablar el chabón?
—Hablaba puras boludeces. Todas boludeces eran las que hablaba el chabón. Y...…
—¿Les tiró algún comentario?
—¿De qué?
—¿Con respecto a las bengalas?
—Sí.
—Ah, ¿él también?
—Sí. Que no prendan bengalas. Ese día fue el más notorio. Por eso, como dice mi vieja, que hay que hacerle caso a las señales a veces. Y puede ser. Ese día ya estaba raro de entrada. No sé qué era lo que había raro pero había algo raro.
—Dicen que los días anteriores hubo como un principio de incendio o algo...
—No. No. Salvo que el miércoles, en esos temas, en los que yo no estuve, se haya prendido. Pero le pregunte a la mina ésta que te digo que me la encontré y me dijo que no. Sí en otros recitales, con La 25, pero que se pudo apagar. Pero con Callejeros, que yo sepa, no.
—¿Qué tiene Callejeros que no tenga otra banda?
—No es algo concreto
—¿Cuáles son los puntos que más te atraen de Callejeros? Ponele, yo no conozco Callejeros para nada. Para mí, Callejeros empezó a existir el día en que me enteré de esto.
—Un poco de todo, igual. Para mí, lo más grande que hay es La Renga pero después Callejeros porque es una cosa más chica, más…
—¿Under?
—No... Ya no era “Under” después de hacer el Obras. Cualquier banda que llega a Obras ya deja de ser “Under” pero como que mantenían un poco la onda. Me gustaba la música, la letra que tenía.
—Ahí está, a eso iba. ¿Qué onda las letras?
—Me encantaban. Todas tenían su magia. Y la música. Todo mezclado.
—Si lo tuvieras que definir, ¿hablan de un concepto?
—¿Las letras de ellos o ellos en sí?
—Las letras, ¿a qué apuntan?
—Yo qué sé (se queda pensando). Varias hablan de la falopa, igual que todo el rock. Como Los Redondos. Todo “Sur” es merca. Bueno. Ellos tenían sus temas. No es que era todo como Los Redondos.
—¿A favor?
—No. Te cuentan una historia. No está ni bien ni mal. “Una Nueva Noche Fría” te cuenta de una chabón que está re duro, re loco. Yo, cuando la escucho... No te deja muy bien. O sea... No te deja un buen concepto de la droga. Porque si vos lo escuchás, el chabón se siente re sólo y atrapado, que no puede salir; atrapado por la merca. No está bueno. O sea... Para mí, eso es más crítica. Pero bueno, te cuenta una historia. Vos lo agarrás para el lado que querés. Por ahí te gusta eso y lo agarrás bien
—No se juegan tampoco…
—¿Cómo? ¡Ah, no! No. Igual está bien, o sea, contar una historia. Vos no podés decir esto está bien y esto está mal porque no sos nadie para decir: “Mirá, ¡aguante la droga!”O no te pasa nada a vos, entonces la droga está mal. Si querés, lo podes hacer. Pero a mí me gusta la idea de tirar el concepto. Yo te cuento una historia: ¡mirá, a mí me fue así o a tal persona le fue así! y vos fíjate si te gustó. Es cosa tuya. Hacé lo que quieras. Yo no te voy a decir qué esta bien o qué está mal. Pero ellos por lo menos te cuentan una historia. Aparte, hablan bastante de la libertad, de las luchas...
—¿Algo tipo Bersuit?
—No. Igual Bersuit no escucho porque no me gusta, me parece muy careta. No me gusta ni las letras ni la onda del chabón ni nada. No me lo banco. Me gustaba un tiempito pero ya me cayeron mal.
—¿Mucha merca en Cromañón?
—No. Merca no sé, pero faso sí. Igual, en todo recital... O sea... Vos ves alguna gente pero no es que están todos drogados. Yo nunca me fumé ni un cigarrillo. Dicen que a los muertos, a los que les hicieron los análisis, ninguno tenía marihuana, nada. O sea, son una gran proporción. Había 194 muertos. Alcohol sí. Yo tampoco era de chupar antes del recital; no me gustaba porque yo me liberaba en el recital. Por eso iba. Para mí la música era como la droga. El rock, no la música. Porque todos hablan que con la droga se liberan de los problemas y bla, bla, bla, y yo no me libero de nada si me drogo, supongo. Yo creo por lo que te cuentan que te atrapás más porque después no podés salir. Y yo no quiero ser esclavo de nadie ni de una droga ni de nada. Si yo quiero ser libre de verdad, me la tengo que bancar con los problemas que tengo. Y yo, cuando iba a un recital me liberaba así, yendo a ver a La Renga, Callejeros, un montón de bandas. Ahí terminaban.
—Te metías ahí en el pogo, en el medio, ¿no?
—Sí. Y me olvidaba de todo. O sea, ahí se me iban los problemas de verdad. No tenía que chupar antes o fumarme un porro. Nada de eso. Yo iba y me olvidaba de los temas porque yo sólo me olvidaba. La pasaba bien.
—¿Cuesta decirle que no a la influencia de los amigos?
—No. Me gusta tener que decir que no. Que todos digan: “Sí. Sí.” y yo diga: “No.”
—¿Perdiste amigos por eso?
—No. Igual, tampoco es que mis amigos estén en esa. Los del club, ninguno. Son todos muy sanos. Quizás por el hecho de ser deportistas, igual yo.
—Es que no te queda otra. Si querés hacer las cosas en serio, no te queda otra...
—Y los del colegio sí. No sé si no estoy en el colegio más falopero del mundo. Es impresionante en mi escuela. La persona más piola y la más pelotuda, de un punto al otro, se falopean todos: amigos, no amigos.
—A todo esto, ¿los directivos e quejan?
—Se hacen los boludos, no hacen nada. Te joden si te encuentran fumando. Llaman a tus viejos.
—Adentro de la escuela no se puede fumar supuestamente…
—¡Pero fuman todo igual! En los baños, en la escalera de emergencia, en el patio cuando nadie lo ve: en todos lados. ¡No podés falopearte en todos lados! ¿No pueden poner un control o algo? Aparte porque es un medio educativo, la escuela. A los que quieran fumar, que fumen afuera, no en la escuela.
—Volvamos al 30. ¿Cómo fue ese día para vos?
—Salí de casa después de comer con mamá. Justo ese día me preguntó qué haría si ocurriera algo. Le contesté: “Saltar al escenario”, que fue exactamente lo que hice más tarde. Bueno. Me fui para lo de Mauricio. Nos juntábamos a hacer un poco de tiempo antes de ir para allá. Igual llegamos re temprano, tipo ocho, así que entramos y esperamos adentro. Estaba tocando Ojos Locos pero la verdad es que no me gustó, así que me fui a hablar con un amigo. Más tarde, estaba por empezar Callejeros, y como te dije antes, me fui para el baño. Pero como estaba hasta las manos de gente no pude entrar. Bajé, me ubiqué adelante a la izquierda. Salió Chabán y nos empezó a insultar: que no tiremos pirotecnia y todo eso…Nadie le dio bola. Al toque salió Pato a pedirnos lo mismo y a él sí le dieron un poco más de bola. El primer tema que tocaron fue “ Distinto”. A los pocos minutos del tema pasó lo que todos saben: una candela se enciende, una de las bolas de fuego pegó en el techo y ahí empezó todo. Aunque la gente tardó en caer, todos pensamos que lo iban a apagar, pero no fue así. Al toque agarré la valla que tenía enfrente mío, la salté, busqué un par de cajones de cerveza y me subí al escenario. Caminé un par de pasos buscando la puerta de los músicos. Cada vez el aire estaba más espeso. Estaba caminado encima de gente pero en el momento ni cuenta me di; sólo quería salir. En un momento sentí que me caía una tela en la cabeza y ahí termina todo lo que me acuerdo. En ese momento sentí que me moría.
—¿Cómo llegás al hospital? ¿Sabés?
—See... Llegué en un patrullero. Me pusieron entre los muertos pero un médico se acercó porque dijo que había visto una luz que le decía que me atienda. Según me contó el médico me empezó a hacer reanimación porque tenía todos los síntomas de estar muerto, y después de unos minutos reaccioné. Me llevaron a la sala y hasta el 15 estuve dormido. Después tuve un par de situaciones en el medio: el tema del respirador, la neumonía. El 15 me desperté y el 20 ya estaba en casa.
—Gracias, Mauro.
—De nada.
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