| —Soy Matías. Soy de Lanús. Tengo 21 años. Trabajo en un locutorio en Adrogué. Y nada, empezá a preguntarme.
—¿Estudiás?
—Sí. Terminé la secundaria pero después nunca seguí en nada. Nada. Me quedé ahí. Ahora trabajo nada más.
—¿Tenés algún hobby?
—Si. Escuchar música, pero... Quizá, no sé... Antes jugaba a la pelota, después dejé pero... Después empecé con la música...
—¿Cómo?
—Iba a ver bandas, siempre.
—¿Qué música escuchás?
—De todo un poco, música de acá, música uruguaya, eh... Todo de todo. Más tirando al rock y todo eso.
—¿Así conociste a Callejeros?
—Sí. Hace casi dos años que los iba a ver.
—¿Cómo conociste a la banda?
—Me llegó... Me grabaron un cassette unos pibes... Yo iba acá al Sagrado Corazón y un pibe de la otra división me pasó un cassette. Y no. No le di mucha bola porque, no, sinceramente no me importaba. Y bueno. El cassette, tirado en mi pieza, lo cazó mi vieja y lo escuchaba ella en el auto. Y mi vieja me dice: “Eh, ¡mirá que buena banda!” y que esto que lo otro. Y después conocí a otra piba que también me jodía con Callejeros. Y bueno. Yo, para llevarle la contra no lo escuchaba. Me peleé con esa piba y me puse a escuchar Callejeros. Y ahí empecé. En marzo del 2003 fue la primera vez que lo fui a ver a Cemento y bueno, ahí empecé. Había ido a ver bandas antes pero nunca, nunca me había pintado por ejemplo irme a La Plata o hacerme un viaje hasta Córdoba, ¿entendés? Por más que antes no me había gustado y después me gustara, lo que me pasó con esta banda fue especial.
—¿Eras de seguirla a todos lados?
—A donde se podía. Yo qué sé... Fue la primera vez que seguí tanto a una banda. Y a mi viejo mucho no le gustaba la idea. Aparte, en esa época no laburaba, no hacía nada. Era un vago. Directamente era un vago. Andaba en cualquier cosa. Y bueno. Después cambié. Me cortaron un poco la mano con Callejeros y bueno. Después conseguí laburo. Así una changa al pedo con un amigo que me hizo la gauchada para irme a Cosquín. Y bueno, ahí ya empezó... El 2004 empezó en Cosquín y terminamos en Cromañón. Y nada. Cuando fuimos a Cosquín fueron dos mil personas y nueve meses después metieron quince mil en un estadio. Fue de un momento para otro lo de Callejeros.
—¿Con quién ibas? ¿Con amigos?
—Yo iba con un amigo de... Bueno, de la música. Y bueno. No. Después ya íbamos solos y allá nos encontrábamos bocha de gente que quizá era la misma que iba siempre, que ya nos conocíamos. Y así fui conociendo gente. Después éramos tres los que íbamos y teníamos al principio dos banderas del palo. Después ya no las llevábamos más porque ya nos pudría. Y después llevábamos un paraguas que lo llevamos a bastantes lados, a un par de lugares. Y tratábamos de ir a donde podíamos. A mí, a veces se me complicaba con el laburo pero bueno. Tocaba Callejeros y había que ir.
—¿Cómo fue esa noche? ¿Sacaron las entradas?
—Cromañón... bueno. Yo fui a La Cueva. El chabón de La Cueva nos conoce de hace tiempo, desde el primer viaje que hicimos a La Plata, y medio que como que las entradas de Cromañón se iban a agotar al toque. Era cantado que se iban a agotar. Y a La Cueva yo estaba yendo, y no las traían y le dije: “Bueno, cuando las traigan guardame tres, una para cada día.” Y justo el día que llegaron las entradas, que las iban a poner al otro día a la venta, el chabón igual me las dio. Y bueno, se las garpé porque se las tenía que garpar. Me parece que eran diez mangos. No me acuerdo bien si eran 10 o 12 pesos. El otro día, hace poco, declaré. La semana pasada. Y me hicieron la misma pregunta y no me acordaba si eran diez o doce pesos. Y no, las conseguí. Las tenía ya. Las habré sacado una semana antes.
—Y bueno, las sacaste para los tres días...
—Sí. Las saqué para los tres días.
—¿Y fuiste los tres días?
—Sí. Fui los tres días. Gracias a Dios.
—¿Y cómo fue?
—El primer día estaba lleno. Estaba bastante lleno todo el lugar. Hacía mucho calor y aparte, en ese lugar, ¿viste?, mucho aire que digamos no había. Había como un... No sé si era... No sé si era parte del techo abierto o tiene un flor de aire acondicionado. Pero no sé, era una parte sola. Abajo, al costado había una escalera atrás de todo. Pero no, había mucha gente. ¡Muy molesto! Ya me molestaba, ¿viste? Y encima la excusa era que tocaba un compact. Como Callejeros tiene tres compacts supuestamente editados, iba a tocar un compact cada día, ¿viste? Un chamuyo para que vayamos. Y fuimos todos. Bueno, entonces dijimos que el último compact, que era el que supuestamente estaba pegando y toda la bola...Dijimos: “No. El jueves...Si hoy esto está así, el jueves esto va a estallar. ¡Y el calor que va a hacer!” Y bueno, el martes estuvo lleno. La pasamos bien, obvio. El miércoles... (piensa) Sí. Fue martes, miércoles y el jueves. El miércoles, el segundo día, había menos gente que el martes. Te podías mover un poco más y estaba un poco más tranquilo. Había gente. Se prendieron bengalas. Se prendieron todos. Y el cacheo fue lo mismo.
—¿Fue igual los tres días?
—Me parece que igual los tres días. A mí los tres días me hicieron sacar las zapatillas. Me parece que sí. Para mí, fue en los tres días.
—Pero entonces fue bastante riguroso el tema...
—Sí. Pero fue esos días porque cuando fuimos a Obras, no. Me parece que no nos hicieron sacar nada.
—Entonces no era muy habitual...
—No, no, no. Fue esos tres días como que parecía mentira, como que estaban haciendo todo como para que no pase. Igual ¿viste?, por lo general alguien... Se sabía ¿viste?, quién pasaba. No el nombre del chabón que pasaba las bengalas sino que había gente que las pasaba o ya estaban adentro. Después también hubo gente que entró sin cacheo, que le pagaban al negro de mierda este. ¿Cómo es...? La mano derecha de Chabán...
—¿Villarreal?
—...Villarreal. Yo tenía unos conocidos que tienen una bandita y siempre querían tocar en Cemento o en algún lado y tenían que hablar con el chabón si querían tocar en Cemento. Y entonces, ¿viste?, los conocía así: “Che, somos de Lanús.” No sé que pito, qué flauta. Le dice el nombre de la banda y no había entradas obviamente. “Che, queremos pasar”, que esto que lo otro. “Bueno. Sí, bueno.” Yo tengo amigos que fueron martes y miércoles y ninguno de los dos tenían la entrada. Y entraron, calculale, cinco personas cada uno dándole diez mangos al chabón, sin cacheo, sin nada. Y son pibes que no lo conocen, que tienen una amistad de nada. Entonces, ¡imaginate si pasaron pibes de acá que lo conocen así nomás! ¡Imaginate, aparte, con la gente que debe conocer este muchacho, toda la gente que habrá hecho pasar de más! ¡Más la plata que se habrá hecho!
—Aparte el lugar ya estaba lleno...
—Las entradas ya estaban vendidas todas. Porque el chabón, claro... Las vendían a quince mangos ahí en puerta. Te salía diez o doce. Te las vendían a quince en la puerta. Vos le dabas diez mangos a él y pasabas, si eras conocido o tenías algún mínimo contacto. Pero bueno, era... Yo qué sé... El bajista de banda, iba la novia con dos más, que son 40 mangos calculale. Después, viene el de la otra banda con el de la otra banda y con el amigo de éste y del otro, y del otro...
—Y la guita suma y la gente suma...
—...Todo suma. Y Callejeros llevaba... Sumaba gente. Así que los números daban perfecto. Tampoco te voy a decir que... No sé... Sinceramente no sé calcular gente, cuánto podría haber de gente, pero de colados... Te digo: los que no tenían entrada, los que entraron por parte del chabón o por intermedio de un patovica conocido o por lo que sea, a full. Y en Callejeros por lo general no era que... Por ejemplo tengo amigos que han viajado hasta Córdoba y no tenían entrada y que lo iban a dejar afuera. No. Pasás. Era así. No te ibas a quedar afuera. Pero bueno, después el miércoles, todo tranquilo. Y el jueves llegamos.... Nada. Era el mismo ambiente...
—¿Vos siempre ibas con esos dos chicos?
—Sí, si. Después, bueno. Nos conocíamos con un montón de gente y entrábamos. De acá de Lanús partíamos los tres iguales. Y, bueno. Entramos y nada. Entré y ya se sentía el calor. Parecía que entrabas a una caldera. ¡Era zarpado la gente que había ahí adentro! No se podía caminar. No poder caminar de nada... Que tampoco en ningún momento se me cruzó por la cabeza que “Mirá si pasa algo. ¿Qué hago?” No, no. Porque es como con todos los boliches y con todos los teatros, y con todas las cosas que clausuraron después de Cromañón y que algunas siguen abiertas. Yo fui hace poco, calculale hace dos o tres meses, a un lugar en San Telmo que se llama Tabaco. Es un sótano con una escalera que no bajan dos personas juntas por esa escalera. Yo fui ahí después. Fui con dos primos que los quería matar y me quería ir a la mierda. Vi una banda dos minutos y me fui. Y como que no cambia nada. Por ejemplo Cemento, tenía menos probabilidad de que se incendie, a no ser por una bandera, que lo que era Cromañón. Yo fui a ver a La 25 una vez y estábamos boludeando con un amigo...
—¿Dónde? ¿En Cemento?
—No, no. En Cromañón.
—Ah, ¿ya habías ido a Cromañón?
—Sí, sí. Fui bocha de veces a ver a Callejeros y a otras bandas. Fui. Cuatro mil personas con Callejeros y... No sé. Fui a ver un par de bandas. Y me parece que en la famosa media sombra no sé si había como estrellitas ¿viste? Ésas estrellas de colores que vos te pegás en la pieza...
—Sí, sí. Ésas que son fluorescentes...
—Sí. Ésas medias flasheras... Y había un loco que estaba ahí medio colgado y le digo “¡Mirá! ¡Mirá las estrellas!” Lo jodía, ¿viste? Y yo digo: “¿Qué hace esa lona ahí?”. Digo: “¿Qué pasa si las arandelas...?” ¿Cómo es que se les llama los fueguitos que no son tres tiros? Son ésas que puso de moda “la 12”, que hace fueguito, lo que prendió el fuego... Las candelas. Eso fue lo que originó el incendio. Yo no lo vi pero se sabe que es eso.
—Entonces vos llegaste con tus amigos y...
—Llegué con mis amigos. Entramos. Hacía mucho calor y nos fuimos a parar a la punta donde nos parábamos siempre, a la otra punta de la salida. Nos íbamos abajo en el descanso de la escalera. Yo entré y ya estaba tocando Ojos Locos, que nunca lo había visto, y me fui para adelante. Ya había bastante gente y era la banda soporte. Faltaba una hora para que empiece Callejeros y afuera había una cantidad de gente impresionante. Era un quilombo para entrar: la cola mal organizada, los colectivos te pasaban al filo. Nada. Sinceramente eran dos tarados queriendo organizar una cola, que en su vida habrán... Dos de seguridad que no tenían idea de nada. Pero me parece que no eran de Callejeros. La verdad que si te digo te miento pero me parece que no porque más o menos le sacabas la ficha de quiénes eran. De cara ¿viste? De vista. Bueno. Después terminó la banda Ojos Locos. Bueno. Se pone a hablar Chabán, que habló los tres días. El primer día entramos, estaba ahí y dice: “Chicos, ¡cuídense! ¡No prendan bengalas que no podemos disfrutar del show!”... Qué no sé qué, que esto que lo otro y bueno. No sé. Un chabón creo que tira una bomba de estruendo a propósito y Chabán: “¿No ven? Ahí hay un pajero. Ahí hay un pelotudo.” Nosotros nos cagábamos de risa. “¿No ves que sos un mogólico?” Bueno. Dijo los tres días casi lo mismo. Después, el jueves no. El jueves empezó a bardear mal. Como que... “¡No prendan bengalas porque no podemos disfrutar el show! ¡Miren que hay mucha gente, que si llega a pasar algo acá no podemos salir!” Ahí, en ese momento nadie le prestó atención al “no podemos salir”. ¿Quién se iba a fijar en Cromañón si había puerta de emergencia en algún lugar? No. Después, lo que escuché que dijo el Pato cuando estuvieron en TN, dijo: “Claro. Nosotros...“ dijo “ Pensábamos que lo estaba diciendo como para asustar a la gente” Pero no. Era verdad nadie podía salir si pasaba algo. Con esto no digo que apoyo a Callejeros. Nada. Pero... ¿viste? Más o menos te das una idea de que el chabón tenía conciencia de que si pasaba algo era imposible que salgamos todos. Y nada. Bueno. Sale Pato. La gente como loca, ni bola. Como siempre, ¡imaginate! Porque yo decía: “¿Y ahora qué van a hacer? Suspenden el recital y acá se arma una batahola. Salimos y nos caga a tiros la yuta... Es un quilombo... Sabés que... No salimos directamente. Sale Pato. Habla y dice: “Chicos, ¡no prendan bengalas!” Dice: “Hoy porque hay mucha gente. En serio, hace mucho calor.” Nunca estuvieron en contra de las bengalas pero al chabón dice que le hacía mal las bengalas. Una vez en Cemento se prendió una bengala y se fueron del escenario porque no se veía nada. El viernes, viernes 26 de diciembre, en Cemento. Yo me fui para atrás porque casi me desmayo. Se nubló todo. ¿Viste el cuadradito de Cemento de adelante? Lo cubrió todo. Se tuvieron que ir.
—Aparte, más allá de que se prenda fuego un lugar o no, una cosa es tirar una bengala en un lugar al aire libre, en una cancha o lo que fuera, y otra cosa es en un lugar cerrado.
—Sí. Pero es que no... No sé qué ejemplo ponerte. Es lo mismo como una cosa que vos haces habitualmente y que mañana vengan y te digan: “¡No! ¡Mirá que lo estás haciendo mal!” O te pase algo, que es lo más lógico porque si vienen y te dicen, no le vas a dar bola. Si te pasa algo vas a decir “¡Ah, sí! Ahora lo tengo que hacer distinto.” Era algo habitual. Nadie se daba cuenta del peligro, obvio. Y bueno. Callejeros siempre se destacó por las bengalas, por la banda, por la gente. A mí también me atrapó mucho la fiesta que se hacía. Que banderas, que bengalas...Bah, a mí por lo menos me gustaba. Ahora voy a un recital y veo todo tan apagado. No hay una bandera, no hay nada. Fui a Uruguay a ver a La Vela Puerca y prendieron una bengala. Y era al aire libre y yo casi me cago en las patas. Pero yo qué sé. Era algo habitual. Nadie sabía el peligro que había. Y bueno. Chabán avisó que no se prendan las bengalas. La gente siempre dijo: “¡No prendan bengalas!” Y al toque “plum”, se prendían las bengalas. Y empiezan los primeros acordes, sale el tema y salen bengalas por todos lados. Y yo estaba como medio de espaldas. Y como que se me abren. ¿Viste como cuando te hacen un círculo que te empujan todos para atrás? Se te viene como la gente para atrás. Y yo estaba de espaldas al escenario. Encima estaba abajo del descanso. Mucho no se veía que digamos. Y digo: “¡Uh!” porque justo vino un patovica. Un guacho sacó una bengala, lo cazó del cogote y se lo llevó. Y bueno. Al toque se abren así y ¿viste? como que me empujan. Y entonces, cuando me doy vuelta digo: “Se deben estar agarrando a piñas. Algo acá está pasando.” Y escucho el “plum”, que cortan el sonido, de una, y queda el “piiiiiiiiiiii”, así como el de viola. Desenchufan la viola, todos los equipos y bueno. Cuando levanto la cabeza veo el fuego y el griterío. Pero era poco. Cuando se apagaron las luces... ¡Chau! ¡A la mierda! Seguía el fuego, ¿viste? Seguía el fuego y los gritos se triplicaron. Era una cosa de locos. Se escuchaban los “crach, crach, crach.” porque se caían todas las botellas, porque la gente saltaba a la barra y se iba. Claro, porque yo dije: “La gente está saltando a la barra.” y digo: “Debe haber una puerta ahí atrás.” No. No había nada. Yo estaba en la otra punta de la entrada. Estaba en la otra punta, en la punta, punta. Y bueno. Era mucha presión de la gente. Todo el mundo encima del otro, apretados. Y la gente gritaba “¡Despacio que hay chicos! ¡Despacio que hay chicos!” La gente seguía saltando. Yo quise subir a la barra pero no me daba la presión. ¿Viste cuando querés subirte...? Pero la presión de tener apretada la gente no me dejaba subir. Entonces, di como un par de pasos para atrás. Y tenía un bolso, el morral. Lo tiré. Lo dejé. Me pesaba y me lo enganchaba la gente. Y dije: “¡Listo!” Pero no pensando que me iba a pesar. No sé porqué lo tiré. Lo tiré porque me molestaba y dije: “Acá está jodida la mano y voy a tener que salir. No sé cómo.” Estaba solo. Mis amigos ni idea. Ni pensaba en ellos ni los veía tampoco. Y bueno. Se apaga el fuego y después era humo, el problema. Y bueno. Encaro como para adentro, como para el medio, y me trago una columna. Me llevo puesta una columna en el medio de la jeta. Y ahí sabía dónde estaba pero del cagazo tampoco sabía para dónde encarar. Si bien había una puerta sola abierta, iba a encarar para ese lado. Pero bueno. Estaba perdido. Estaba todo cagado en las patas. Y bueno. Ahí medio como que me tranquilicé y dije: “Bueno. Estoy acá. Si me muevo para la derecha, para la izquierda y salgo caminando derecho, derecho hasta la puerta por donde entré...” Y bueno. Paso y como que no había nadie. Bah, ésa es la imagen que tengo ahora. Como que había poca gente en el medio donde caían las cosas del fuego y las vallas del sonidista todas tiradas. Y bueno. Ahí, más adelante era todo el amontonamiento de la gente.
—¿En la puerta?
—No. Adentro del lugar. Para salir, para la puerta. Para la única salida porque el portón de seis metros nunca se abrió. Si no, hubiese salido muchísima más gente. El único portoncito que estaba abierto era el chiquitito. Y nada. Los gritos era lo que te mataba. Yo trataba de no gritar porque ¿qué mierda iba a gritar? ¿Qué voy a hacer? Aparte el humo y todo...Ya medio que estás...Ya te cansaba. Ya... No... No estaba cansado pero... ¿Viste? Con la gente estábamos todos pegados. Ninguno empujaba para ningún lado. Se movía uno para un lado y nos movíamos todos para el otro. Era una avalancha y el que se caía cagaba. ¿Qué iba a hacer? Yo, lo único que trataba era de no caerme porque “Si me caigo, te pisan todos, ¿quién carajo te iba a levantar ahora?”. Y nada. Pibes que abrazaban a los amigos. Pibes que las tenían a las novias en brazos y les gritaban. Y nada. Después hubo gente que te pasaba por arriba de la cabeza, que quería salir, que no le importaba nada. Yo también quería tratar de subirme arriba de las cabezas y empezar a meterme. No sé. Pero no podía subirme. No podía treparme a nadie. No tenía fuerza. Y nada. Por la cabeza te pasan miles de cosas. Pensás... Las sensaciones que pensás es que te podés morir. Y decís: “Pero, ¿cómo que me voy a morir si tenés 20 años y en un recital de Callejeros?” Decís que esto no está pasando en serio. Y después decís: “¿Por qué no sale la gente?” Te hacés preguntas que no sé... Y nada. Era una lucha constante, de acá para allá. Había un chabón que decía “¡Vayan para atrás! ¡Vayan para atrás!” Yo lo tenía cerca más o menos. Calculale siete personas delante de mí. Y yo lo miraba y digo: “¡Loco, no puedo moverme!” Me tiraba la mano como... El chabón me tiraba pero yo no podía salir tampoco. Y yo decía: “¿Este hijo de puta nos dice que nos vayamos para atrás y acá nadie se puede mover!” Nos vamos para un costado, para el otro... No sabia por qué puerta iba a salir. Yo vi que no sé, nací de nuevo. Es así. El que salió de ahí, nació de nuevo. Empecé a pensar en un millón de cosas. Todas las que te puedas imaginar: mi familia, mi viejo, mi vieja haciendo quilombo por todos lados. Y dije: “¡No! ¡Tengo que salir de acá!” Aparte la fecha. Decía: “¡No les voy a cagar el Año Nuevo mañana! ¡La fecha! ¡No! ¡No!” Dije: “De acá tengo que salir como sea” Trataba de darme fuerza, ¿viste? Yo qué sé. No... estaba solo y dije: “De acá tengo que salir solo. No me queda otra”. Y bueno. Después veo un cartel de salida pero ya tenía las patas... ¿Viste como cuando se te quiebran?, y decís: “¡No! ¡No me puedo morir acá!” Aparte digo: “Si me caigo me va a doler, me van a pisar y hasta que me muera voy a tardar.” Digo: “Así que caerme, ¡no! Si me muero, me muero ahogado. ¡Ya fue!” Y bueno. No sé cómo veo... Cuando quiero sacar las patas me doy cuenta de que las tengo enganchadas, las dos piernas con un pibe. El pibe no se movía para nada. ¿Viste cuando las tenés trabadísimas? Y encima en ese momento era el doble del esfuerzo y de todo. Bueno. Logro sacar una y el chabón ése que dirigía “¡Vayan para acá, vayan para allá!” que esto que lo otro. “¡Dale, loco! ¡Dale” ¿viste?, me gritaba. Como que me alentaba. Y le digo: “¡Pará que tengo las patas trabadas con un flaco! ¡No puedo salir!” Ya estaba como loco. Ya me estaba entrando el ataque de locura ahí. Tenía dos metros... porque medio como que veía la salida, algo. Y dije: “Estoy a dos metros de la salida y tengo las patas enganchadas.” Digo: “¡No!”. Bueno. Tiraba, tiraba y descansaba, ¿viste?, porque te mataba. Hacía dos movimientos y tenía que descansar como veinte minutos. Me parecían veinte minutos. Habré estado en total
quince o veinte minutos adentro pero a mí me parecían una eternidad. Bueno. Saco la otra. Se me sale la zapatilla pero no me importó una mierda. No me importaba nada. Veo como un hueco y como una pila de gente, ¿viste?, como una montaña de gente. Tomo aire y salto encima de la gente y ahí me quedo arrodillado y con las dos manos como en cuatro patas. Entonces ahí miro para atrás que no me venga nadie de sopetón. Si me tocaban y me caía no me levantaba nadie, ni una grúa, nada. No me levantaba ni a palos. Miro para atrás, tomo aire de nuevo y la pila de gente era enorme. No sé cómo decirte. Tampoco quiero ser tan zarpado pero, (hace un gesto como de 1,20 metros de altura) ¿viste como una escalerilla? Y veía que terminaba, en algún lado terminaba y que había piso. Y dije: “Bueno...” Le calculé dos saltos más. Dije: “Acá salto dos veces seguidas porque si salto una vez y descanso de nuevo me la ponen. ¡Ya está!” Y salto dos veces más y medio como que caigo, ¿viste? Medio como que caigo de espaldas y me agarra un bombero y quedo así tirado en el piso así con las manos todo como muerto. Tipo, casi desmayado. Y ahí me caza de las axilas, me pega un piñón el bombero, me caza me da vuelta y me empuja. Y salgo con... La puertita estaba toda mojada, todo negro, ¿viste de..? Del humo de todo. Salí y bueno. Me caza un chabón ahí en la puerta. Ni se quién era. Obviamente la gente esperaba en la puerta a los que salían y dice: “Una ambulancia. Una ambulancia acá. ¡Un médico! ¡Un médico! ¡Un médico!” Yo no entendía nada pero nada. Bueno. Me tira en la calle, en el medio de la calle y yo me empiezo a meter los dedos en la boca para vomitar. Me di cuenta de que sacaba todo negro y bueh... Meta vomitar, vomitar. La gente me daba aire, ¿viste? Había un chabón que pasa al que lo conozco de nombre. Le grito porque justo pasaba con un balde. Viene. Me tira el baldazo de agua porque necesitaba agua. Necesitaba aire, necesitaba todo. Estaba... Estaba destruido. Estaba todo transpirado, mojado, empapado, casi en pelotas porque los pantalones de tanto saltar o moverme de un lado para el otro para no caerme. Y el pantalón... Porque yo me llevé el pantalón largo pero yo me llevé unas bermudas abajo, que ahí tenía... ¿Viste? Las tenía con cierre. Entonces ahí tenía la entrada, los puchos, la billetera con los documentos, las llaves de mi casa. Todo. Eso zafó todo. Pero ¿viste? Estaba todo doblado. El pantalón era un desastre, tenía el pantalón por la rodilla y nada. La remera negra. Bah, no. Salí en cuero. Salí en cuero. Y bueno. Después me acuestan en la vereda. Ahí me siguen tirando aire. Yo me seguí metiendo los dedos que esto que lo otro. Todo un caos: la policía, los bomberos, la gente, los gritos, los gritos, las sirenas. Eh... Nada. Una mezcla de cosas que decís: “ ¡No! ¡No puede ser!” Aparte ni idea de la magnitud de lo que estaba pasando en el lugar. Pero ni a palo. Bueno. Ahí me apoyan y me sientan contra la pared. Entonces, ahí ya estoy sentado en vez de estar acostado vomitando. Seguía vomitando pero ya estaba mejor. Tomaba aire. Me estaba cagando de frío, ¡pero mal! Estaba todo empapado. Y veía las caras conocidas de algunos llevando gente, corriendo de acá para allá. Una piba al lado mío tirada, no sé si estaba muerta o no, pero estaba tirada. Después la levantaron y se la llevaron... No sé. Después otra piba sentada en estado de shok. Bah, como todos, ¡obvio! Y yo, tratando de calmar a la piba, diciéndole: “¡No, flaca, quedate tranquila, que si estás acá, ya está! ¡Ya zafaste!” Y después, medio que me empezaba a doler el pecho, ¿viste? Cuando vomitaba y todo. Y digo: “No. No me voy a venir a morir acá afuera. ¡No puedo ser tan boludo, después de salir! ¡No me voy a morir acá afuera! Ahora ya está, me tengo que quedar tranquilo.” Entonces trataba de respirar profundo y estar tranquilo. Escuchaba que sonaba un celular pero ni idea si era el mío. Bueno, nunca lo escucho el celular. Y bueno. Cuando me acomodo los pantalones, todo, quiero llamar a mi viejo y no tenía crédito. Estaba a las puteadas. No sabía qué hacer. Y bueno. Guardo el celular y veo que empieza a sonar un celular, y cuando veo, me doy cuenta de que era el mío. Era mi viejo, a las puteadas total. “¡¿Qué pasó?!” Digo: “No, nada. Esto es un quilombo” le digo. “¿Dónde estás?” “No. Estoy acá en la calle. ¡No sabés de la que zafé!” “¡Y vos con esa banda de mierda...” Bla, bla, bla... Todo el repertorio. Le digo: “Papi, ¡dejate de hinchar las pelotas!” Y le corté. Bah, le corté... Le dije: "Bueno, llamame en cinco minutos.” “Te voy a buscar...”, que esto que lo otro... “¿Dónde nos encontramos?” “Mirá, acá es un quilombo", le digo, “No sé. Andá para Locuras”, que quedaba ahí, a tres cuadras. Bueno. Corté. Ahí la veo a una piba, una conocida, y le grité. Bueno. La piba también estaba adelante. No adelante, sino al lado de la entrada. Estaba justo entrando y cuando empezó todo pudo zafar. Salió de toque. Dice: “No. ¡Esto es un quilombo! ¡Hay muertos!” que esto que lo otro. “No entiendo nada”, le digo. Yo qué sé. “Conseguime una remera o algo, que me estoy cagando de frío, Domi.” Dominique se llama. Y... “¿De dónde saco una remera?” “Y yo qué sé. Me estoy muriendo de frío.” Y bueno. A los cinco minutos cayó con una remera, la piba. Y le digo: “Acompañame hasta una ambulancia.” Y me llamaba mi viejo... Y le contaba a la piba: “No, mi viejo está re caliente.” Y mi viejo... "Estoy yendo para allá. Pero, ¿dónde estás?" "Mirá que estoy yendo para una ambulancia.” "Pero, ¡¿para qué?!” “No sé.” Yo no sabía qué decirle. Y él, me imagino, que estaba igual de nervioso que yo. ¡Obvio! Pero yo, ni idea en ese momento de lo que estaba pasando. No sabía que estaba saliendo en la tele y que era tremendo bardo. Y bueno. La piba me está llevando a la ambulancia y me dice: “Pero Mati, no te van a dar ni bola en la ambulancia porque hay pibes que están mucho peor que vos. ¡Vamos que te acompaño hasta donde te encontrés con tu viejo!” Empezamos a caminar hacia donde estaban las ambulancias. Volvimos de nuevo para atrás... Yo me iba a ir solo. Estaba más desubicado que chupete en el culo. No entendía anda, ni sabía dónde estaba parado. Si me iba solo, me iba a ir... No sé... Iba a terminar en el Abasto en vez de en Locuras. Cuando fui después de lo de Cromañón... Después de seis meses fui a Cromañón a ver el altar y todas esas cosas, y después di la vuelta manzana para ver por donde salí. No por donde salí sino en que calle estuve tirado, donde fue el bardo y todo... Y tenía cualquier idea en la cabeza. Estaba desubicadísimo. Bueno. Esa piba me acompañó. Tenía frío. Tomábamos agua. Nos decían que no tomemos agua, los bomberos, que la escupamos. No sé porqué. Había una fila de pibes tirados yo no entendía nada. Ni me imaginaba que estaban muertos, pero ni a palos. Y... Me paro en un edificio donde me dan una manta para taparme. Había gente de los edificios de ahí, del lugar, que sacaban la manguera y te ayudaban. No te dejaban pasar, ¡obvio! Te sentabas ahí en los escalones, tranquilo. Bueno. Ahí me quedé un toque. Cayó un amigo de esta piba, que se llama Matías también y... Bueno. Yo estaba descalzo. El chabón me dio una media. Empecé a caminar y me empezó a sonar el celular: mi hermana, la novia de un amigo, mi tía, todos familiares conocidos... Ahí me encuentro con mis amigos. Los veo y ellos siguen. Y yo me iba a encontrar con mi viejo. El chabón éste me acompaña y bueno. Ahí me encuentro con mi viejo en Locuras. Y mi viejo, a las puteadas. Y le dije: “¡No me hinchés las pelotas, que no tenés ni idea de donde salí!” Que esto que lo otro. Nos vamos para mi casa. Me dice: “¿Para dónde querés ir? ¿Querés que te lleve a un hospital?” ”No. ¡¿Qué hospital?! ¡Vamos a casa! Llamá a la ambulancia y que venga la obra social o algo, y que vaya porque hospital, ¡no! ¡No quiero!” Aparte estaba todo sucio y no estaba tan mal como para ir a un hospital. Y me iban a internar, ¡obvio! Pero no. No quería. Mi viejo tampoco me vio tan mal, entonces llamó a mi casa para que llamen a la ambulancia, así cuando ya llegábamos, supuestamente, la ambulancia iba a estar. Paramos en una estación de servicio y me compró leche para que limpie. Como para empezar a limpiar los pulmones o algo. Ahí vomité un poco y después paró el auto también para vomitar. Llegué a mi casa. Estaba un amigo ahí esperándome y estaba mi vieja como loca. Mi hermana, mi abuela, todos... Llegué y la ambulancia no estaba. Bueno. Fui, me acosté. Pidieron la ambulancia, que cayó como media hora después. Me tomaron la presión y me dieron un poco de oxígeno y un Valium. Después mi vieja me metió un balde a lado para escupir porque estaba meta escupir. Ya no vomitaba, escupía nylon. Pedazos de nylon. Era eso lo que escupía, ¡pero zarpado! El pecho me ardía. Me ardía la garganta y el pecho era como que tuviera fuego. Todo tenía ahí adentro. El Valium, como que me dio vuelta. Me dio vuelta mal... Entre el estado de shock y el Valium, ¿viste? Al principio le contaba más o menos a mi hermana. Y al otro día me contaba que estaba hecho un mogólico, ¿viste? Cómo hablaba, que no coordinaba una palabra pero ni a gancho. Después me dormí. Mi hermana y mi vieja despiertas toda la noche. Mi padrino llamó de España porque salió en España en la televisión y llamó. Porque escuchó que había algo de rock y un incendio y dijo: “¡Ahí está Matias! ¡Fija!” Bueno. Dormí. Al otro día me vino a buscar mi viejo. Nos fuimos a hacerme unos estudios porque mi viejo es visitador médico y conoce. Entonces me hice unos análisis de sangre, placas... Me dijeron que no era para internarme ni nada. Tenia todos los valores alterados, ¡obvio! Entonces después me hice uno el domingo. Esto fue el viernes. El domingo fui y me hice otro y más o menos bajó, pero había algo de la bilirrubina que tenía alto. Pero bueno. Después me lo fui tratando y bajó todo. Después también me hice atender en el Fiorito. Me medicaron con aerosoles para el bronco—espasmo. Me lo medicó como seis meses. Y bueno. Después como que me olvidaba de las cosas, como que no retenía las cosas... Pero el lunes fui a laburar. Ese viernes 31 yo laburaba. No fui, ¡obvio! El lunes 3 de enero fui a laburar. Empecé a laburar. Yo me tomé vacaciones para febrero. Y estaba lo más bien. Un día me agarró un ataque de tos que pensé que me moría. Me fui directamente al hospital, al Fiorito, y ahí me medicaron ese bronco—espasmo. Y después me hice atender... Pirometrías... Y volví a empezar con el psicólogo... Yo antes iba al psicólogo y había dejado. Bah, me había dado de alta y obviamente con este tema volví. A la noche... En el principio dormí. No tanto. Habré dormido un mes y medio con la luz prendida. Ni ahí apagaba la luz. O apagaba la luz después y me sentía que me ahogaba. Millones de cosas... Sensaciones. Después me maquinaba la cabeza con que... Mi hermana siempre me jodía con que la lleve a ver a Callejeros. Con ella, me mataba la cabeza. Tengo que salir y pegarme un tiro, si la llevo y pasaba algo. Cosas que pensás que podrían haber pasado si hubiese estado acá o allá... Yo qué sé. Después es como que no sentís. No. Como que no te importa nada. No. Supuestamente tiene que ser al contrario. Tenés que aprovechar más las cosas después de lo que te pasó. A mí, al principio... Quizás ahora estoy un poco mejor pero al principio, ¿viste?, me chupaba un huevo todo. Total que... De la que zafé... Total mañana me puedo llegar a morir... Te desanima totalmente. Después, un día llego de laburar, me pongo a comer y veo en la tele que sale Chabán. Los padres cagándose a palazos con la policía. Ese día... No había llorado nunca. Ese día me puse a llorar. Me cayó la comida como el orto.
—Tal vez porque te cayó la ficha de todo lo que habías pasado...
—Puede ser... No. La ficha me cayó por ejemplo... Mi hermana cumple el 14 de enero los años. Fui a laburar ese día. Ese día tenía que ir al psicólogo. Me va a buscar mi viejo a Adrogué para volverme y preparar todo para ir al cumpleaños, que era en mi casa. Y ese día volvíamos en el auto y pasan justo la grabación que yo no había escuchado del día y nada. Ahí me quedé. Y escuché un poco la grabación, ¿viste?, lo que se escuchó. Después la vi. Y los gritos y... Bueno. Fotos del día del cumpleaños de ella... Pálido, pálido. Era una piltrafa. No tenía color en la cara. No tenía nada. La verdad es que estaba destruido. Ahí fue donde más o menos me cayó la ficha.
—Y, ¿cómo cambiaste vos, si sentís que cambiaste en algo, respecto a tu actitud de ir a lugares?
— Si. En todo. Por ejemplo... Yo, cuando viajo en el tren, me pasa seguido que pienso, que veo mucha gente y me pongo a pensar. ¡Y pensar que estoy acá!. No sé porqué cuando estoy en el tren. La verdad no tengo ni idea. Pero sí. Ir a lugares, ir a boliches, ir a un boliche... Sí. Me costó bocha ir.
—¿Y después de cuánto tiempo fuiste a un boliche?
—¿Boliche? Boliche no sé. Pero... Eh... A ver un show, me fui a Uruguay. Cinco meses, sí. En mayo fui. Sabía que era el aire libre allá y aparte porque quería ir a ver a esa banda, a La Vela Puerca. Y... Tuve oportunidades de ir a ver otros recitales pero dije no. Quiero ir a ver de nuevo... Si quiero volver, vuelvo con un recital así. Y, nada. Allá, cuando entré era un quilombo de gente. Un lugar abierto. Todo bien. No pasaba nada pero había una cantidad de gente impresionante. Y después... ¿Boliches acá? Fui a Teatro, que también salía por atrás. El lugar es chico. Mucha salida de emergencia que digamos no tiene. Ahora sí están todas las puertas abiertas y todo. Pero sí. Primero, primero, sí; fui a ése.
—Me habías dicho que fuiste a declarar, ¿no?
— Sí. Y había cosas que no me acordaba. Te hacen preguntas puntuales. Qué sé yo. Antes eran treinta y cinco, ahora te hacen cincuenta y cinco. Igual es la primera vez que declaro.
—¿Dónde? ¿En Lomas?
—No, en Lugano. Ahí donde estuvo preso el chabón éste. Y, nada. Te hacen preguntas como: si fuiste ese día, cómo eran los cacheos, si fuiste las tres noches, si ibas antes a ver a Callejeros, a dónde fuiste, si conocías a Chabán, qué había dicho, qué había hablado esos días... Todas preguntas puntuales pero que igual se repetían porque eran treinta y cinco. Agregaron veinte, y de las veinte, quince eran lo mismo: contame qué hiciste apenas entraste, cómo saliste, si la situación estaba descontrolada o era un descontrol... Nada. ¡Era un descontrol! Si la policía, los bomberos y la ambulancia hicieron un buen trabajo. “¡Hacían lo que podían, hermano!”, le dije. Si bien no estaban preparados... Y tampoco ahora están preparados para... Si ahora... No sé... En un lugar con tanta masividad llega a pasar algo de nuevo, tampoco estamos preparados para atender a toda la gente y toda la bola. No... Te hacen preguntas puntuales, ¿viste?: si viste quién originó el incendio, qué fue lo que lo originó. Por más que lo sepas... ¿lo viste? No, no lo vi. “¿Dónde estabas ubicado?” Te hacen hacer un plano del lugar más o menos. “¿Dónde estaban los baños?” Si fui al baño, qué dije y qué no, por qué no pude entrar de tanta gente que había, quién te cortó la entrada, quiénes eran los de seguridad, si los conocía, si me sacaron las zapatillas, si el cacheo era intenso, si fue los tres días así, si antes de eso también era así: cacheo y corte de entradas... Antes era distinto: te cortaban la entrada y después te cacheaban.
—¿En dónde?
—Por ejemplo en Asbury, en Cemento, en Obras también. Primero te cortan la entrada y después pasás y te cachean. Acá en Cromañón te cacheaban una, dos veces, y después te cortaban la entrada. “¡Entrada en la mano! ¡Entrada en la mano!” Te iban viendo... “¡Vayan sacándose las zapatillas!” ... Que esto que lo otro... Pasabas por ahí, por al lado de los chabones, a ver si tenías la entrada y te cacheaban los otros. Me parece que era así. Uno de los días fue así. O te cacheaba el de adelante y después tenías el de atrás, que para adelantar ... “¡Sacate las cosas que tenés en el bolso!”... Que esto que lo otro... “¡Plum!” Después pasás... Y si te cortaban la entrada y pasabas... Te hacían preguntas del lugar puntual, si veías las salidas de emergencia, si estaban marcadas, si viste algunas vez alguna salida. Y después, todas se repetían.
—Y con los pibes que vos ibas, por suerte, no pasó nada con nadie...
—No. Conocidos, conocidos, nada. Un conocido de vista, sí. Sé que murió. Pero no de mis amigos. Amigos zafaron. Zafaron todos, por suerte.
—Y, ¿ellos también tuvieron problemas respiratorios?
—Sí. Pero no le dan ni bola, la verdad. Algunos no le dan ni bola. Siguen fumando...
—Y entre ustedes hablan o ya es como que quedó...
— No. Quedó. Sí, al principio: “Che, boludo, ¿qué onda? ¿Viste de dónde salimos?” Al otro día: “¿Qué pasó loco?” O con Callejeros....Sí, hablamos un par de veces así, pero no... Tampoco... Hace mucho que no nos vemos... Nos veíamos para ir a ver a Callejeros. Y si nos hablábamos en la semana... Ahora el tema de los recitales ya paró, ya bajó un poco. Hay uno de los pibes que ya ni va. Dice: “No. Yo no viajo más por ninguna banda. ¡Ni a palos!” Va a bailar y chau. Cada uno ya hace la suya.
—Bueno Matías, ¿querés contarme algo más?
—No. Ya creo que te conté todo.
—¿Te parece, entonces, si la terminamos acá?
—Sí. Lo que vos digas. Cualquier cosa me avisás.
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