Hablan los sobrevivientes de la tragedia de Once
LA NOCHE DE CROMAÑÓN
 
 
Jorge Kehiayan , por Mariana Luna  

“Pato dijo: ´Loco, por favor, déjense de joder con las bengalas que es el último recital del año. Vamos a vivirlo como una fiesta, pórtense bien`”.

 

—Contame que hacés habitualmente.
—Voy al colegio, estoy en el último año; juego al básquet tres veces por semana, entreno tres veces por semana y juego los sábados. Después, bueno, hago teatro viernes y sábado a la noche. Generalmente toco el bajo, es uno de mis hobbies. Me junto con mis amigos. Me encanta estar con mis amigos. Bah, cuando tengo tiempo me encanta juntarme con mis amigos porque mucho tiempo no tengo. Los fines de semana salgo, después de hacer la obra, termino tipo doce por ahí y salgo.

—¿Hacés una obra?
—Sí, sí. Estoy haciendo una obra todos los viernes y sábados acá en el Grupo de Catalina. El grupo se llama Grupo de Teatro de Catalina Sur y son 120 vecinos que lo hacemos así por… por amor al teatro digamos, y no cobramos nada. Lo hacemos así porque nos gusta. Y después salimos con mis amigos a algún bar porque yo tengo 18 años y puedo pasar a bailar pero el resto de mis amigos todavía no cumplió y entonces todavía no podemos ir a bailar todos juntos. Entonces vamos a tomar algo por ahí o nos juntamos en alguna casa.

—¿A dónde salen?
— Y… cuando salimos voy a provincia, a La Casona

—Ah mirá vos…queda cerca de mi casa
—¿Ah, sí?

—Claro, si yo vivo en Lanús… Yo cuando era chica iba a La Casona, mi hermana va desde que tiene 15 años.
—¡Jajaja! Mirá vos. Después acá, en Capital, he ido a bailar, bueno, a The Roxy, a Arkos que esta ahí a la vuelta, a pubs tipo plaza Serrano... Voy con todos mis amigos del colegio o mis amigos del barrio. De acá vamos con el 33 o el 17 creo. El 22 o el 10 te llevan para allá, a La Casona.

—Estás en el último año, ¿te fuiste de viaje de egresados?
—Sí, sí. Me fui a Bariloche.

—¿Cómo estuvo?
—Bien, bien… O sea, bien en el sentido de que la pasé bárbaro y todo pero…O sea, después viendo así, pensándolo, dije después de todo lo que pasó acá con el tema de Cromañon y eso no puede ser que allá se siga metiendo tanta gente en los boliches como se sigue metiendo. Estar así todo el tiempo apretadísimos… no podías bailar y bueno, evidentemente allá todavía no entendieron, pero bueno, no sé. Después todo bien. O sea, yo no tuve ningún tipo de ataque ni nada como le pasó a una amiga que estuvo ahí con nosotros esa noche también, que sí tuvo ataques de pánico y eso por el tema de la cantidad de gente que había.

—¿Qué pasó?
—La sacaron, se la llevaron al hotel con un par de amigas.

—¿Y siguió saliendo?
—Sí, sí. Después pudo seguir yendo. O sea, estuvo pensando y dijo: “estoy acá, es una sola vez en la vida”.

—El mío fue un poco descontrolado por el tema del alcohol…
—¡Jajaja! Yo no tomo, no tomo ni fumo ni nada y la pasé bien. Allá sí te puedo decir que tomé un poco de más, una noche sola que le había hecho una promesa a mis amigos que yo me iba a poner en pedo una noche, pero después no. Habré tomado dos baldes así entre todos y un vodka, y ahí ya estaba mal. Después no sé qué más te puedo contar…

—Contame sobre las bandas que te gustan.
—¡Ah! Bandas que me gustan así son bandas… Me gusta seguir bandas que no sigue mucha gente, que no llevan mucha gente, que no las conoce nadie digamos. Entonces ponele, cuando yo empecé a seguir a Callejeros era… llevaba… El primer recital que fui había cien, ciento veinte personas. Más no.

—¿Hace cuanto fue eso?
—Y, eso fue hace cuatro años. Ponele 2001, por ahí. Y bueno, de a poco comenzó a llevar gente, a llevar gente y bueno. Hasta el 2003, que hizo un recital en el micro estadio de Atlanta que ahí ya había como…dos mil y pico personas o por ahí, que ya el mismo cantante, el mismo Pato dijo esa noche: “estamos creciendo, ya vamos a dejar de tocar en esos lugares”. A partir de ahí empezaron a tocar en Cemento. Bueno, en 2004 tocaron en Cromañon. Tocaron como cinco veces en Cromañon en 2004, dos veces en Cemento y después los Obras y el Excursionistas. Con respecto a las bandas que me gustan, ahora estoy siguiendo también a Las Pastillas del Abuelo, que llevan poca gente, dentro de todo poca gente. El otro día hubo setecientas personas allá en el recital y bueno, después me gusta una banda que se llama El Bordo, que el otro día hizo tres Teatros y metió también una cantidad importante de gente. Esas son las tres bandas que más o menos hoy por hoy me gustan. Después me gustan bandas mucho más grandes como Los Piojos o Las Pelotas, que llevan más cantidad de gente.

—¿Cómo empezaste a escuchar Callejeros?
—Yo los empecé a escuchar a través de un amigo que me hizo escuchar el cd. Me pasó Sed, que es el primero. Me hizo escucharlo y bueno, fue, digamos… amor a primera vista; ya escuché tres temas y le dije: “loco, esta banda me encanta”. Y la empezamos a seguir y ahí sí, bueno, íbamos a bares, a lugares donde tocaran y bueno… qué se yo, no sé, viste, son cosas lindas que pasaban en aquella época que me recuerdan bien porque era un contacto más fluido con los chabones, con los músicos.

—¿Te acordás alguna anécdota de esa época?
—¡Sí, sí, sí! O sea, a la salida de un bar, no sé qué bar, ellos habían tocado y se armó… el mismo Pato tiró la idea para terminar el recital, y armamos una mesa gigante, grandísima para las ciento cincuenta personas que había ahí. O sea en cuadrado, ¿viste? Armó una mesa así gigante y dijo: “no, loco, vamos a sentarnos así, así todos nos vemos las caras, nos cagamos de risa juntos”. O sea, cada uno hablaba de sus cosas con los que tenía alrededor pero todos se veían las caras y eso estaba bueno. Entonces después los mismos músicos iban pasando mesa por mesa y se quedaban veinte minutos ahí hablando con cada grupo y eso era bueno porque tenían un contacto con la gente. O sea, ellos nunca se la creyeron, siempre decían que nosotros éramos iguales a ellos. Es más, una vez a Pato nos lo encontramos con mi amigo por la calle y le dijimos: ( cambia el tono de voz ) “¡Hola Pato! ¿Cómo andas?” “Bien, bien, ¿todo bien?”. Y en ese momento era el hecho de pedirle un autógrafo, y él nos dice: “¿qué me vas a pedir un autógrafo a mí, boludo, si yo soy igual que vos; a mí no me pidas nada”. “¡Eh, pero…!”, le digo: ( cambia el tono de voz ): “No, pero Pato… vos sos Pato…”. Me dice: “Dejate de joder, boludo, dale…”. Y me dice: “ Bueno, bueno… el próximo recital venime a buscar que te lo doy”. Igual no lo pude ir a buscar y no me lo dio.

—¿Alguna vez te lo dio?
—Si, si, si. Si, si, pero no después de ese recital. Pero… el chabón la re buena onda, la mejor.

—¿Qué es lo que te gusta de Callejeros?
—Las letras, la música. Lo que pasa es que es como decíamos con mi amigo, no es un rock cuadrado, un rock and roll cuadrado tipo los Ratones Paranoicos que es muy Rolling Stone, ¿viste? Esto era…o sea…todas las bandas en sus cds ponen todos los integrantes y además ponen que colaboran con el saxo y tales instrumentos tales personas; esta era la única banda que tenía el saxo incorporado a la banda, o sea, que lo tenía como un integrante más, entonces era una de las primeras bandas que salía con el saxo, bah, que yo conocía que salía con el saxo y entonces era escuchar otro sonido, otras cosas que a nosotros nos llamaban más la atención y nos gustaban, bueno aparte de las letras que las letras, o sea, vas a buscar una chica y le decís una letra de Callejeos y se pone loca ( risas ). También el alto contenido social que tiene las letras, escuchás la canción “Prohibido”…eh…“Prohibido” no, no me acuerdo ahora el nombre, bueno es la canción ocho de Presión, me sé el nombre seguro…bueno, no me acuerdo, no me puedo acordar, que dice que al fin va a decir la verdad el que escribe los diarios, los jueces van a cumplir la ley, habla de todo eso y bueno lamentablemente hoy por hoy no pasa porque los diarios no dicen la verdad y el juez no está cumpliendo con la ley, pero bueno es un tema aparte eso. Después la banda fue creciendo poco a poco y nosotros los íbamos siguiendo a todos lados, no nos perdíamos ningún recital, es más, de los cinco recitales que hizo en Cromañon el año pasado…yo fui a cuatro. Después a Cemento fui una sola vez y a Excursionistas también fui… sí, el 18 de diciembre fue Excursionistas y… y esto pasó el 30. Ahí tengo las entradas si querés después te las muestro.

—¿Qué solías hacer antes de ir a los recitales?
—Juntarme con mis amigos. Acá en el barrio Catalina donde vivo yo tenemos un lugar que se llama “la parecita”, que es una parecita ahí donde nos juntamos todos mis amigos. Y era juntarse en la parecita y nada… no somos un grupo así de esos chicos que se juntan a tomar todo el tiempo ni a fumar todo el tiempo. Mis amigos no andan en la droga gracias a Dios. O sea, nos juntábamos a joder, a charlar y eso, y después encaramos para el bondi que nos deje y bueno nos tomábamos el bondi. Tratábamos de llegar no sobre la hora al recital pero llegar un ratito antes cosa de buscar un lugar bueno pero no, lo que pasa es que ese día de Cromañon, el 30 de diciembre, yo me había ido de campamento con la Juventud Armenia y bueno, había dormido en cinco días muy poco, diez horas en total, dos horas por día había dormido, estaba muerto, pero ya sabía que tocaban el 28, el 29 y el 30. Y el 28 y 29 no iba a poder ir, lo llamo a mi amigo del campamento y le digo: “Hernán, mirá, andá a Locuras y comprame la entrada porque vamos a ir”. Me dice: “bueno, bueno”. Bueno, después esa entrada se la vende el mismo Pato a mi amigo que estaba en Locuras ese día y se la vende él. Yo vuelvo del campamento, vuelvo muerto, a las cinco de la tarde, y el recital era a las nueve así que llegué a casa, me bañé, me cambié y encaré para la parecita a boludear, estar ahí un rato y después me fui.

—¿Y cuántos eran para ir?
—Ese día éramos cinco: tres chicas y dos varones. Nos tomamos el 168 que era el colectivo que de acá nos deja y yo en el colectivo me iba durmiendo, no daba más y mi amigo me decía ( cambia el tono de voz ): “Dale, dale Jorge, que vamos al recital, que la vamos a pasar bien, dale”. “Si, si, Herni quedate tranquilo que ahora me despierto”. Llegamos, hicimos la cola, todo bien. Entramos y empezó a tocar la banda soporte que era Ojos Locos. Y bueno, empezó a tocar, habrá tocado 45 minutos y a eso de las diez y media por ahí supuestamente empezaba Callejeros. Bueno, como siempre esperando a Callejeros te pasaban temas así de Los Redondos, de Las Pelotas de distintas bandas, antes de que empiece el recital. En el tema de Los Redondos Ji Ji Ji como siempre se armó un descontrol mal y de arriba un tipo saca la mano así y tira un tres tiros, que son las luces que salen disparadas, las luces de distintos colores y bueno, salen disparadas para distintos lados. Como ese tipo estaba arriba y apuntó para arriba salieron disparadas para el techo; en eso sale un tipo de la cabina de sonido que estaba abajo y empieza a las puteadas mal, no es que lo pide de buena manera sino que lo pide todo lo contrario, de muy mala manera y empieza a gritarle: “¡Hijo de puta, asesino, la concha de tu madre! ¿No sabés lo que haces?”; entonces ahí comenzó a explicar que el techo era de una lona especial para que nosotros podamos escuchar mejor por el tema de la acústica y eso.

—¿Era común que se llevara pirotecnia?
—Lamentablemente sí, pero no porque lo digan ellos de: “Eh, traigan bengalas”. Ellos en ningún momento, yo te digo, porque yo los sigo hace cuatro años, en ningún momento alentaban a las bengalas; es más, cuando empezaron a crecer se tiraban en contra de las bengalas porque decían: “Loco, por favor basta de bengalas porque nosotros no podemos respirar más”. El Pato siempre decía: “Yo tengo que cantar y no puedo seguir cantando porque me estoy muriendo, me estoy muriendo ahogado”. Entonces decía: “Por favor, no traigan más bengalas, no quiero más bengalas…” Y en Obras, que tiraron un montón, él en un momento del recital dice: “Bien, loco, la verdad que los felicito, cumplimos el récord de bengalas prendidas en un tema. La verdad, sigan así que son una manga de pelotudos. Loco, no puede ser que nosotros estuvimos pidiendo que no tiren bengalas y ustedes siguen jodiendo con las bengalas. Loco, por favor pónganse las pilas.” Entonces esa noche ahí sale el tipo este a las puteadas mal, y que por favor no prendan nada, que no quiere que pase una tragedia como la de Paraguay, la del shopping que se había prendido fuego, que si eso se prendía fuego podía ser una tragedia porque había cinco mil personas esa noche en el lugar y no podíamos salir todas en perfectas condiciones. Entonces dice: “Loco, por favor no tiren más que puede ser una tragedia y no quiero salir en las tapas de los diarios”.

—Además había pasado lo de La 25, ¿vos sabías eso?
—No, no. Yo no lo sabía. Y bueno, alguna gente lo aplaude; otra, la mayoría, lo abuchea y en eso sale Pato, el cantante de Callejeros, y dice: “Loco, por favor, déjense de joder con las bengalas que es el último recital del año. Vamos a vivirlo como una fiesta, pórtense bien”. Y ahí pregunta: “¿Entendieron?”. “Si”. “¿Se van a portar bien?”. “Si”. “¿Entendieron?”. “Si”. Dos veces así preguntó, ¿viste? Empieza el recital y… iría un minuto y medio, dos, del primer tema de Distinto, que era con la que abrían esa noche porque la cosa era así: el 28 se presentaba el primer cd, el 29 se presentaba el segundo y el 30 se presentaba el tercero. Y como el tercer cd empieza con el tema Distinto, ellos empiezan tocando esa noche con Distinto y bueno, iban dos minutos por ahí que un tipo que estaba, ponele cinco metros adelante mío, bah, era menos de cinco metros, lo que pasa que en esos metros había setenta personas, estaba colmadísimo, levanta la mano así y saca una de esas bengalas tres tiros, esas que salen las luces, como la que había tirado el primero… nosotros con mi amigo apenas lo vimos, nos miramos porque nosotros nos habíamos quedados atentos a la advertencia de este tipo. Empezamos a mirar. A mí en un momento me empujan, bajo la mirada y cuando la vuelvo a subir mi amigo me dice ( cambia el tono de voz ): “¡Jorge, Jorge! ¡Fuego, fuego! ¡Corramos, corramos!”. Miro así, y se estaba prendiendo todo fuego y el techo no es que caía la ceniza, caía fuego porque el techo se caía y caía todo prendido fuego, todo eso sobre la gente. Al toque se cortó la luz, mi amigo agarró a una de las chicas, yo agarré otra y bueno, hubo otra pobre que no llegó a agarrarla nadie pero que nos siguió a nosotros. Y empezamos a correr y más o menos yo me di cuenta por donde estaríamos, yo estaba atrás, en el medio de todo. Yo me di cuenta más o menos por donde estaba y traté de guiarme por donde había entrado para volver a la puerta. Era un mundo de gente que gritaba, gritaba, gritaba y bueno, salimos. Más o menos nos fue llevando la misma gente. Era un momento desesperante porque toda la gente a los gritos: “¡Por favor, no se avalanchen, esperen, esperen, esperen!”. O sea, vos te imaginás que en esa situación lo que menos vas a decir es “esperá loco que nos tenemos que tranquilizar”. Yo con este cuerpo no iba a quedar ahí adentro ¿viste?, pobre mi amiga la que llevaba agarrada atrás, ella se iba golpeando con todo lo que yo iba dejando en el camino y en un momento nos separamos… mi amigo salió por una puerta y yo salí por la otra. Había dos puertas. ¡Ah! Esto es importante y no te lo conté: había dos puertas. Por una entraban los varones y por otra las mujeres. Las mujeres entraban por una puerta, las revisaban, muy estricto por lo que me contó mi amiga, y en la de los varones la revisada era estrictísima. O sea, era la primera vez que me hacen sacar las zapatillas para entrar en el recital y después en el cacheo me tocan las partes íntimas, ¿entendés? O sea, te tocaban todo.

—¿Cómo habrá pasado la bengala?
—Ni idea como la habrá pasado. Eso la verdad no te lo puedo explicar porque no entra en mi cabeza cómo podes pasar una bengala si te hacen sacar las zapatillas. Aparte mi amigo, cuando íbamos, me dice: “Jorge, no sabés, estos dos días estuvieron re rompe bolas con el tema de las bengalas, te hacen sacar las zapatillas antes de entrar, te sacan todo”. Porque mi amigo había ido el 28, el 29 y también iba a ir el 30. Y bueno, me dice: “Están re rompe bolas con el tema de las bengalas, te tocan todo, te hacen sacar las zapatillas, es un quilombo...” Encima a un costado había una bolsa donde iban dejando todas las bengalas que encontraban. Yo la vi a la bolsa ésa y pasé. Nos ubicamos ahí atrás en el medio y pasó todo esto que te estaba contando antes, lo de la bengala, que salió este señor a hablar. Una vez que se desata todo esto nos va llevando la misma gente hacia la puerta, vamos empujando para tratar de salir y cuando salimos…

—¿Vos viste esa puerta que estaba trabada?
—No, no, no. Es más yo no me acuerdo de haber visto, en todas las veces que fui a Cromañon, la puerta de emergencia señalizada como tendría que haber estado señalizada. Yo sabía que había una pero no la vi señalizada yo, o sea no vi un cartel que decía salida acá . La sabía porque las veces que había ido adelante la ves la puerta, si estas atrás no la ves. ¡Ah! Eso es otra cosa: yo esa noche no había ido adelante porque…Eramos de ir adelante con mis amigos. Hernán me dice: “Vamos adelante”. Y le digo: “No, Herni, yo estoy muy cansado… vamos…”. Es más, habíamos ido a comprar una coca a la barra para revivir un poco y le digo: “No, Hernán, no vamos adelante porque yo estoy muy cansado, vamos a volver después, vamos a esperar que esté un poco empezado el recital y después nos vamos para adelante”. “Bueno, bueno quedate tranquilo, Jorge, está todo bien…” Y bueno, nos quedamos atrás… Salimos, logramos salir del lugar y mi amiga me dice: “Bueno, Jorge quedémonos por acá que ahora entramos, lo apagan y volvemos a entrar”, porque mi amiga sí sabía lo que había pasado en La 25, que lo habían apagado y había vuelto a empezar el recital. Le digo: “Bueno, está bien, quedate tranquila”. Nos habíamos separado de mis amigos. Le digo: “Bueno, vamos a buscarlos”. Y en eso, cuando estábamos yendo a buscarlos, vemos que empieza a salir la gente a los gritos corriendo mal, y que empiezan a salir con cosas y le digo: “Pará, Dani, que esto es mucho más grave”. Lo primero que hicimos fue empezar a buscar desesperados a mis amigos y en un momento, buscándonos así los dos, los encontramos de pura casualidad pero terrible. Escuché: “¡Jorge, Jorge!”. Y empecé a mirar y en un momento a mi amigo así y bueno, zafamos, estamos todos afuera. Lo primero que hicimos fue ir a la vuelta sobre Jean Jaurés a tranquilizarnos un poco. A todo esto ya estaban todos los vecinos de la manzana con agua, con mangueras, todo, ahí en la calle ayudando a toda la gente que salía y ahí empezaba lo peor porque salía cada uno que estaba hecho percha, ¿viste? Todo quemado y no lo podés creer ( silencio ). Salía mal la gente ya y con mi amigo nos miramos y dijimos: “Hernán, no nos podemos quedar así porque esto es grave”. Entonces justo encaramos para la puerta, las dejamos a las tres chicas solas ahí porque no queríamos que vieran nada y fuimos para la puerta. Hasta que en un momento dijimos: “Tenemos que entrar”. Bueno, entramos a sacar gente y habremos entrado cuatro veces y habremos sacado cinco, seis personas. Había gente que estaba mal, muy mal. En el tercer viaje por ahí que hicimos vimos un pibe que estaba prácticamente inconsciente, que no entendía nada. Entonces no sabíamos qué hacer porque las ambulancias no daban abasto. Los bomberos no daban abasto y la policía no hacía nada. Entonces encaramos para avenida Rivadavia y paramos un colectivo de la línea 7 que justo pasaba por ahí y entre todos les explicamos lo que pasaba y ahí empezamos a cargar heridos. Se bajó la gente que estaba viajando y empezamos a cargar heridos. O sea, avenida Rivadavia era impresionante porque era gente, parar coches llenos de gente, taxis y agarrarlos del cuello y decirles: “Loco, bajate que mi amigo se está muriendo. Lo bajaban al chabón a la fuerza y lo subían al herido al taxi. Por suerte no tuvimos que hacer eso nosotros y el colectivero, buena persona, vio lo que estaba pasando y se ofreció directamente él a llevarlos al hospital. Entonces cargamos a los heridos ahí y los llevó al hospital. Después volvimos a entrar y ya esa fue la última vez que volvimos a entrar porque para ir entrando tenías que dar pasos muy cortitos, cada paso que dabas te chocabas con algo. Entonces, en uno de los momentos que más feo fue, en el momento en que más mal la pasé, uno que estaba dando un paso así, en un momento cuando estoy levantando el pie siento que me agarran el pie y ahí me morí de miedo, empecé a los gritos porque imaginate todo oscuro, no veía nada, no sabía lo que estaba pasando y miro así, o sea no veías nada pero sabías que era una persona la que te esta agarrando y escuché: “¡Ayudame!”. Y digo: “¡Hernán, Hernán! ¡Vení para acá!”. Y bueno, ahí lo agarramos al pibe y lo llevamos. Justo había una ambulancia ahí que estaba recién llegando y lo cargamos en la ambulancia. Bueno, después lamentablemente no pude tener contacto con ninguno de los pibes que saqué. No pude tener contacto con ninguno porque no sé dónde los llevaron… Después la otra cosa: cuando íbamos a entrar de nuevo, ya los bomberos nos dijeron que no entremos más porque se estaba cayendo el techo, había peligro de derrumbe.

—¿Cómo estaba adentro?
—Había mucho humo. Para mí era humo como un asado, común, ¿viste? No me imaginé que era humo tóxico. Entonces yo entré sin taparme la nariz porque además no fue que entrábamos hasta adentro de todo; entrábamos hasta ahí, hasta la puerta y sacábamos lo que podíamos. Tardábamos lo que tardábamos en sacar. Ya una vez que pasó todo esto tratamos de tranquilizarnos nosotros también porque de repente pasaban al lado tuyo con un pibe que está muerto y que lo tiran a un costado cuando vos estás vivo ahí y supuestamente ibas a vivir una fiesta. Entonces nos abrazamos con mi amigo y nos pusimos a llorar re mal porque no lo podíamos creer. ( Silencio. ) Bueno, agarramos, nos tranquilizamos. Yo sabía que mis papás no se podían enterar porque si bien sabían que había ido al recital estaban cenando afuera, en un restaurante y no lo iban a saber de otra forma que no fuera por mí. Entonces nosotros les dejamos la misión a las chicas de que avisen en nuestras casas de que nosotros estábamos bien y todo. Obviamente cuando llamo a mi mamá, esto habrá sido a las dos horas por ahí, digo “mamá quedáte tranquila yo estoy bien, estamos todos bien, hubo un incendio en el lugar que estábamos” y me dice: “¿Fue grave?”. “Si, mirá mamá, hay muertos”. Yo a mi mamá nunca en mi vida le conté que había vuelto a entrar. Pero después se lo tuve que decir porque me saltó el tema del humo en los pulmones. Porque estábamos jugando al fútbol a los tres, cuatro días con mi amigo, y de repente empezamos a toser mal y largábamos como algo negro. Ahí nos cagamos en las patas y nos fuimos para el hospital los dos juntos, nos hicimos los estudios y ahí detectan el humo en los pulmones. No lo podíamos creer porque para nosotros era humo común. Empezamos el tratamiento de nebulizaciones para recambiar el oxígeno. Varias sesiones tuvimos que hacer para sacar todo el humo que teníamos. Después está el tema del tratamiento psicológico. Tenemos un año de tratamiento psicológico todos los chicos que fuimos esa noche, amigos y eso; tenemos un año de tratamiento psicológico y seis meses de tratamiento neurológico. Ahora en el tratamiento psicológico ya pasó lo peor, que era el hecho sacar toda la bronca que teníamos adentro y todo lo que nos pasaba. Por un lado nos sirvió, no tanto por ahí por el hospital público, porque el psicólogo que nos tocó acá en el Hospital Argerich no era muy bueno que digamos; no es que no era muy bueno, a nosotros no nos satisfacía. Entonces decidimos buscar otro por nuestro lado y bueno, encontramos una psicóloga amiga de una de las madres de las chicas que también estaba atendiendo otros chicos de Cromañon y empezamos a ir ahí. Primero teníamos que ir grupales y después ya de a dos, de a tres.

—No me terminaste de contar cuando llamaste a tu mamá…
—¡Ah! Bueno, yo la llamé a mi mamá y le digo: “Mirá, mamá yo estoy bien, estamos todos bien, le digo hay muertos..”. “Te quiero ya acá”. Le digo: “Bueno, quedate tranquila, yo ya estoy yendo para allá”, porque nos estaba yendo a buscar el papá de uno de los chicos. No sabíamos decirle donde nos vaya a buscar porque era un quilombo. En Pueyrredón y Rivadavia no nos iba a encontrar más. Vamos caminando hasta Corrientes y nos encontramos en Pueyrredón y Corrientes, que estaba un poco más calma la cosa, y bueno, nos encontramos ahí, fuimos caminando, o sea, todos llorando.

—Y cuando llegaron…
— Y cuando llegamos mi mamá ya había pedido que pongan la tele en el restaurant. Llegué, me abrazaron todos, estaba mi abuela también ahí. Me preguntaron qué fue lo que pasó.

—¿Conocías a alguien que haya salido lastimado o herido?
—Si. Yo esa noche tenía un compañero de colegio que no sabía que había ido, no sabía que estaba ahí, no lo vi ni haciendo la cola para entrar, no lo vi adentro ni cuando empecé a sacar gente ni en todo el lío ese. El celular no lo había llevado porque nunca llevo el celular a los recitales y cuando llego a casa lo prendo y había mensajes que me preguntaban por Pancho. Digo: “¿Qué pasa con Pancho? No, Pancho no fue. ¿Cómo que Pancho fue si no estuvo conmigo nada?”. No pude dormir en toda la noche y al otro día me entero que Pancho había aparecido internado en Hospital Español en terapia intensiva. Pancho estuvo quince días en coma farmacológico y bueno, después pudo salir. Había perdido el conocimiento por el tema del humo y quedó desmayado boca arriba; después, cuando vomitó se tragó el vómito entonces era mucho peor el cuadro de él y bueno, por suerte pudo salir y ahora está bien. No te puedo decir que hace vida normal pero está bien.

—¿Por qué?
Porque, por ejemplo, por el hecho de estar con el tratamiento de los pulmones todavía no puede hacer actividad física bien. Es el único conocido que tengo que estuvo más grave.

—¿Los días siguientes cómo fueron?
—El día siguiente, prendido todo el día el televisor. El día siguiente fue el peor, todo el día prendido el televisor a ver qué era lo que pasaba. ¡Ah! Después, esa misma noche que yo llego acá y me quedo mirando el noticiero muestran una foto de Chabán y yo ahí digo: “Oia ¿ése no es el que habló ahí cuando tiraron la bengala y todo?”. Digo: “sí, es ése”. Dije: “Mirá, mamá ese es el chabón que habló”. Yo ni sabía que era Chabán. Sabía que existía Omar Chabán pero no lo tenía en mi cabeza. Después me enteré que era él. Al otro día fue el hecho de ver qué era lo que pasaba, qué era lo que estaba pasando. O sea, la cantidad de pibes que quedaron internados y que iban muriendo con el paso de las horas…Ver las madres así, que iban llegando a la morgue y le decían que su hijo había muerto y todo ese tipo de cosas. Ver qué era lo que pasaba con la banda, si estaban todos bien porque no se sabía nada; no se sabía si habían logrado salir todos bien porque yo en esos momentos en que entraba y salía a buscar gente, estaba Pato, el cantante de Callejeros, estaban todos, todos los músicos ayudando a sacar gente y en un momento me acerco y le digo: “Pato, ¿estás bien?”. Y me dice: “Si, si, si loco, yo estoy bien pero hay un montón de gente adentro. Por favor, entren a sacar gente que es un desastre, por favor”. Bueno, fuimos y sacamos gente, todo. O sea, él también cuando yo lo veo estaba con toda la cara llena, toda la cara negra de humo. Y era ver qué era lo que pasaba con ellos, si habían salido todos bien porque yo no sabía nada. Y bueno, el hecho de que estuviera todo el mundo llamando, todos los chicos de la Juventud Armenia, que sabían que yo esa noche me iba al recital, todos mis compañeros, mis amigos, todos los conocidos de mis viejos llamando y diciendo: “Jorge estaba ahí, ¿esta bien, cómo esta?”. Y bueno, era eso todo el día así. Hasta que a los tres, cuatro días pudimos hacer algo más o menos normal con mi amigo, que era ir a jugar al fútbol que ahí fue que nos pasó lo del humo y eso. La noche de Año Nuevo la pase en casa y….fue emocionante por mis abuelos que se emocionaron mucho porque decían “gracias a Dios te tenemos acá, hay gente que no tiene a nadie y ahora nosotros te tenemos acá”. Era así, era ir y encontrarme con mis amigos. O sea, fue fuerte esa noche, si….

—¿Y este año en el colegio cómo te fue?
— Se me complicó el hecho de empezar el colegio por el tema de las falta de concentración. Era estar todo el tiempo pensando en eso, buscando de repente cosas en mi cabeza que puedan ayudar a lo que era la causa en sí, lo que era la causa judicial. Y el cansancio también, por el hecho de pasarme todo el verano en el hospital y tener que estudiar, así que muy bien no me está yendo. Encima después vino el viaje a Bariloche, y eso fue peor todavía. Después de eso no quería saber más nada. Creo que me llevo entre cinco y seis. Pero en marzo termino sí o sí.

—¿Fuiste declarar?
—Al principio, cuando todos apuntaban al pibe de la bengala, una de las primeras reacciones que tuve fue ir a declarar que yo lo había visto y mi papá me frenó. Me dijo: “No, pará Jorge, porque vamos a ver qué es lo que pasa. Tienen que definir la causa”. Esto, lo otro. “Tienen que definir la carátula, hacia qué lado la van a apuntar”. Bueno, y ahí me frenó. Después mi mamá con el paso del tiempo inició causa judicial, tanto contra Chabán como contra el gobierno de la Ciudad. En el tema de la causa contra Chabán fui citado a declarar y fui a declarar todo lo que sabía, todo lo que pasó. O sea, era declaración indagatoria más que nada y lo que preguntaban yo lo entendí como que no servía para la causa en sí porque eran preguntas muy tontas como a qué hora llegó el SAME o cómo fue la actuación del SAME. Si preguntás eso no vas a llegar a ver la verdad. Como tampoco preguntando qué hacía la policía. No llegás. Y entonces yo quise agregar mi parte para decir lo que yo sabía, y dije más o menos cómo era el pibe de la bengala, les comenté cómo era el accionar de la banda porque esa misma tarde mi amigo, ¿te acordás que te comenté que la entrada se la vendió Pato?, mi amigo Hernán le dijo: “Che, Pato, ¿cómo están con el tema de las entradas”, y Pato dijo: “Loco, no puede ser que sigan trayendo bengalas, eso lo queremos parar. Vas a ver que esta noche ya no va a haber ni una bengala porque la gente está aprendiendo de estos dos días que les estuvimos diciendo, vas a ver que esta noche no va a haber bengalas ni nada, va ser una fiesta plena como siempre hubiéramos querido tener, va a ser una fiesta…” Estuvieron hablando así un rato largo. Y entonces yo quise decir todo eso y bueno, me agregaron un apartado con mi declaración.

—¿Fuiste a las marchas?
—Fui a la marcha que se hizo al día siguiente. Creo que fue a uno o dos días, no me acuerdo cuando fue. No, el primero de enero. A los dos días fue. O al otro, no me acuerdo bien… Pará, al otro día fue la marcha. Se hizo una marcha larga, así, fuimos con mi mamá y todos los padres de mis amigos y mis amigos. Fui a las marchas el primer mes y ya después, al menos a mí, no me gustó el hecho de que se separaran los padres, un grupo, otro grupo porque piensan diferente, acusan a diferentes personas. Me parece que si estás pidiendo justicia tenés que pedir justicia en general; no podés separarte en una cuestión como esta, o sea, tanto a un grupo como al otro le mataron a sus hijos. O te unís o vas al muere; como dice la frase: “el pueblo unido, jamás será vencido”. La unión hace la fuerza. Si están separados es al pedo, entonces a partir de ahí ya no fui más. Lo que pasa es que mi mamá pertenece a un grupo de padres de la calle Paso, que tiene una visión bastante particular pero que a su vez tiene buena relación con todos los demás grupos, ni tira a favor de uno ni tira a favor de otro. Ellos creen que los principales responsables son Ibarra y Chabán. Este grupo de padres descubrió que Ibarra se mantiene en contacto con los dueños de los boliches de Buenos Aires. Se enteraron que hace dos años, cuando cierran Amerika por una inspección, el mismo dueño de Amerika lo llama a Ibarra y le dice: “Mirá acá, estos no quieren arreglar con nada, me están cerrando el boliche, ¿qué hacemos?”. Y que Ibarra le dice “quedate tranquilo que vos ya mañana podés abrir tranquilo…”. Bueno, bueno. Esto pudo comprobarlo este grupo de padres y después está comprobado que Chabán era socio de Telerman que es el vicejefe de gobierno. No es como el otro grupo de padres que meten a todos dentro de la misma bolsa y que entra Callejeros con ellos; para mí Callejeros no tiene la culpa… Son músicos. O sea, no tienen por qué ser culpables si ellos fueron a tocar esa noche. Al que sí le puedo reprochar es al manager, al manager me parece perfecto que se lo acuse porque cometió negligencia: donde supuestamente cabían cinco mil personas y en realidad entraban mil. En ese sentido sí que le puedo reprochar al manager pero a la banda no. Si ellos son músicos, ¿por qué le echan la culpa a ellos? Ellos no tienen nada que ver. Eso no entra en mi cabeza. Lo único que me interesa hoy por hoy es que primero se haga justicia.

 
 
 
Ir Arriba