Hablan los sobrevivientes de la tragedia de Once
LA NOCHE DE CROMAÑÓN
 
 
Ariel Kun, por Mauro Maffei  
" Este es el país de los garcas; todos se cagan en el de al lado "  
 

“Mi nombre es Ariel, tengo 20 años y soy de Lanús. En este momento no estoy estudiando pero pienso retomar el año que viene. Trabajo en un reparto de mercaderías a diferentes almacenes. Es un trabajo familiar, ya que el negocio lo empezaron mis abuelos, siguieron mi viejo y mis tíos y hoy estamos mi primo y yo también.

“De chico ya me gustaba mucho la idea de hacer una banda pero como no sabía tocar ningún instrumento no podía hacer nada. Así que más de grande me interesé por la guitarra pero realmente era muy difícil para tocar, además ya tenía muchos amigos violeros. Entonces pensé, “¿Qué es lo que haría falta para formar una banda con los pibes?” Y sí, falta alguien que lleve el ritmo, algo que llenara el ambiente y algo para que mi vieja se pusiera contenta (risas), así que decidí aprender a tocar la batería. Al principio, como no tenía plata para comprar una bata, tocaba con lo que fuera. Mientras los pibes tocaban con las guitarras, yo golpeaba tachos, cacerolas y todo instrumento de percusión que se encontraba en mi casa.

“Ahí fue cuando empecé a ayudar a mi viejo para poder ganarme mi guita y comprármela yo la batería porque en casa la situación no era la mejor como para pedir guita para una bata. En esa época tenia 15 años. Tardé casi 6 meses en juntar la plata como para comprar una más o menos decente. Pero cuando la tuve (un silencio) fue lo más. Me sentía poderosísimo. Si me preguntás cómo lo recuerdo hoy, creo que estuve tocando una semana seguida, sin parar. Pero calculo que el primer día habré estado cerca de 6 horas tocando. Los vecinos vinieron a pedirme por favor que pare un poquito porque querían escuchar la tele y les dolía la cabeza. Cuando me vi, estaba todo chivado y ya había dejado marcas en todos los parches y los platillos. En seguida me di cuenta de que tenía que aflojar un poquito y controlar más los golpes. ¡Imagínate! De pasar de tachos y cacerolas a una bata, hay mucha diferencia. Entonces tuve que ir bajando la intensidad. Además, como era autodidacta, no tenía ni idea con qué intensidad darle. Y como realmente mal no me iba y encontraba un ritmo para cada canción que componíamos con los chicos, jamás fui a aprender con algún profesor.

“De a poquito fuimos haciendo más temas y empezamos a ir a tocar a salas de ensayo, así podíamos grabar y escuchar como estábamos sonando y corregir los errores. Eso realmente nos ayudó mucho para sonar mejor porque antes, si bien uno escucha lo que toca, no puede dar una opinión objetiva. En cambio cuando lo escuchas de afuera, diferenciás mejor qué está bien, qué anda más y te podés poner en crítico, porque la adrenalina que liberás cuando estás en el ensayo o en el escenario, no te podés poner a sacar defectos.

“Y bueno. Después de estar más de 2 años ensayando y puliendo los temas, creíamos que ya era hora de salir a tocarlos a la calle. Empezamos en fiestas de amigos,} como para ir viendo las reacciones del público y las mayorías fueron positivas, y eso nos fue dando ánimo para querer buscar más. Pero tuvimos el primer tropezón. Juan, la viola madre y mi mejor amigo, estaba cansado de tocar; decía que no tenía tiempo entre el estudio, el laburo y la “novia” (acentúa esta palabra) y que ya no podía venir a los ensayos, que estaba sin ganas. La verdad, no sé. ¡Otra que Metallica! (Risas.) Para mí, era Yoko la que le llenaba la cabeza (risas). Sé porque antes de que se pusiera a salir con ella estaba todo bien, hacía muchas más cosas y le sobraba tiempo. Y cuando empezó a salir con ella, ya no tenía ganas, no tenía tiempo, que le dolía la cabeza, que tenía dolor de panza, que se había peleado con la vieja. ¡Era un excusa increíble tras otra! Entonces dejó de tocar y la banda se disolvió porque no daba tocar los temas que habíamos hecho todos juntos, ya que él era uno de los que más temas y composiciones le había dado a la banda.

“Después de la disolución de la primera banda, te digo, no tenía más ganas de tocar. Realmente había sido una decepción. Además no era un pibe que había conocido ahí en una esquina, era mi mejor amigo desde la infancia. Hicimos juntos desde jardín de infantes hasta que terminamos el secundario. Hacía banda que imaginábamos hacer una banda, y él fue el que terminó convenciéndome para que toque la bata.

“En fin. Estuve sin banda casi un año. En ese tiempo conocí a Nati, mi mujer. Te digo, es la mina ideal. Siempre me bancó todas. Y también con la música. De hecho, a ella le gustan las mismas cosas que escucho yo. Salimos casi un año y la dejé embarazada. Obviamente salí a meterle el pecho a las balas y nos juntamos, y me puse a laburar a full con mi viejo. Mi viejo se fue a laburar a España y me quedé yo solo con el reparto que él hacía, y eso me dio un ingreso para vivir dignamente.

“Te juro. Con esos cambios en mi vida, pensé que mi única relación con la música iba a ser desde debajo de un escenario. Pero cuando vi nacer a mi hija, me volvieron las ganas de componer. ¡Creéme que Nati había hecho de todo para que vuelva a tocar!, pero yo no quería saber nada. Volver a la batería me ponía mal porque me hacia acordar cómo se había disuelto la banda, y eso me molestaba mucho. Pero bueh... Es inexplicable cómo esa personita te cambia la vida. Con solo una sonrisa te puede hacer doblegar. Te compra como quiere. Y ahí nomás empecé a escribir como loco y volví a agarrar la guitarra, mi primer amor, pero nunca dejé la bata. O sea, componía los temas con la guitarra pero enseguida volvía a la batería. Ahí fue cuando me decidí a volver a formar una banda y vos me presentaste a Juanca. Con él nos empezamos a entender bien. Teníamos estilos muy parecidos y enseguida reclutamos a Romi de bajista. Empezamos a ensayar en la casa de Romi tres veces por semana. Fueron casi 6 meses de composición y ensayo. Y ahí fue que empezamos a salir a tocar. Como al principio, volví a tocar primero para los amigos, en reuniones, después en fiestas, siempre en distintos lugares. Justo cuando nos empezábamos a formar, pasó lo de Cromañon. Eso, te digo, nos cortó las piernas, como diría el Diego.

“Te digo, me jodió en muchos motivos, tanto como músico, como persona. Como persona me tocó muy cerca: muchos pibes del barrio estuvieron ahí ese día. Los dos hijos del almacenero estuvieron ahí ese día y sé que la pasaron mal. Todavía mucho con ellos no quise hablar del tema porque, te digo, estaban medio desaparecidos, que no tenían ganas de salir. El más chico, sé que había salido golpeado y había sufrido como principio de asfixia. Se que la pasaron jodido, encima por lo que me contó mi tía, los pibes no entendían nada. En cuanto pudieron salir, rajaron para las casas, porque escuchaban policías y se pensaron que se los querían llevar. ¡Pensá que son pendejos que tienen 15 y 17 años! Así que se volvieron y se deben de haber enterado al otro día en las noticias lo que les pasó.

“Además de ellos, murió Carol Becker, que si bien no era mi mejor amiga, la conocía. Mi prima fue al colegio toda la vida con ella. Cuando nos enteramos, no lo podíamos creer. ¿Viste cómo te golpea? Ya de por sí, la muerte de cualquier conocido te deja un poco mudo. Pero cuando es alguien más grande, vos sabés que tarde o temprano se va a morir antes que vos. Ahora, cuando se trata de pibes de tu edad es como que te echen un balde de agua helada por la cabeza. Yo tardé unos días en caer con todo lo que había pasado. Además no tenía ni idea de nada. No sabía nada de Chabán y no pensé que iba a tener tanta repercusión. No sabía que era el dueño de Cemento ni que era un tipo tan conocido en el mundo de la música. Igual, te juro, es el día de hoy que pienso en la tragedia, porque le pudo haber pasado a cualquiera, a cualquier músico o banda, a cualquier fan. ¿Te pusiste a pensar? ¿Nosotros cuántas veces fuimos a ver a bandas en lugares peores que esos? ¿En qué recital de los últimos que fuimos a ver no se prendió una bengala? ¿Quién no se quemó un brazo porque un tarado pasaba por al lado tuyo revoleando una bengala?, que lo hacía, nada más, para que la gente le abra paso para llegar al escenario, o sea, lo hacían por maldad, no lo hacían por el hecho de querer alegrar el espectáculo con alguna luz. ¡Mirá! Me acuerdo del último recital que fuí antes de lo de Cromañon, fue el de Catupecu en Obras, y había un par de tarados que encendieron bengalas y como si nada. Hacía como 40 grados esa noche en Obras y había gente prendiendo bengalas. Te digo, desde Cromañon, te digo, que dejé de ir a los recitales porque nadie te cuida. Si en Obras, que se supone, es “el templo del rock”, es un lugar importante, nadie te controla, no vas a esperar que te controlen en un sucuchito como Cromañon. Este es el país de los garcas; todos se cagan en el de al lado. Todos quieren salvarse a sí mismos y no se preocupan por los demás. A todos les chupa bien un huevo si uno entra con una bengala o un arma a ver un espectáculo, llámese recital de música o fútbol. Además, acá todos tienen mala memoria, porque ¿te acordás, en el 93, creo que fue, que se quemó el boliche este Keivis? Sin embargo siguió todo igual. Muchos boliches estaban abiertos sin estar en regla. Después del incendio se acordaron de salir a controlar a la calle pero antes nadie se acordó de salir. Y todavía no pasó un año de lo de Cromañon, todavía esta fresquito, sin embargo la otra vez que tocó La Vela Puerca, un nabo prendió una bengala. Está bien, es Uruguay, pero es como en nuestro territorio. Y si te ponés a ver los boliches que salís, sin ir muy lejos, acá en Lanús, hay muchos que no están en regla. No tienen salida de emergencia ni matafuegos, sin embargo están abiertos. Es como te dije antes: nadie te cuida, acá es como decía un profesor mío “yo me salvo, tú te jodes”. La gente no tiene cabeza. Me estoy yendo a la mierda, ¿no?

“Bueno, desde el punto de vista de músico, me jodió también. Porque te ponés a pensar, y los Callejero no tenían nada que ver. Yo, cuando toco en un lugar, voy y toco. Mi función es agarrar la batería, hacer coros, o a lo sumo tocar la guitarra, pero yo no me voy a poner a mirar la función de los demás. Igual, ahora que pasó esto, ¡ni hablar! Si sigo tocando, sé que te tenés que encargar de todo y mirar hasta el detalle menos pensado. Volviendo a lo que me perjudicó, te digo: ahora no estamos tocando en ningún lado porque tenés las puertas cerradas en todos lados, y si querés tocar en algún bolichito te sale la vida. Lo más barato que conseguí hasta ahora fue un bolichito en Capital que te dejan tocar el sábado a la tarde por trescientos pesos. Y yo, si bien puedo conseguir la suma, la verdad es que no me conviene, salvo que venda más de trescientas entradas. Igual, por ahí el mes que viene vamos a hacer de teloneros de una banda amiga que nos invitó a tocar, siempre y cuando dejen venir a nuestra bajista. Porque esa es otra: Romi tiene 17 años y la madre está muy encima de ella, que no lo veo mal, pero le maneja demasiado la vida. Y después de lo de Cromañon, no quería que tocara más. Por suerte la pude convencer y al menos nos deja ensayar.

“Realmente, y cerrando esto, espero que haya justicia, algo que realmente no creo que suceda en este país, y que todos cambien un poquito su pensamiento y piensen en el otro en vez de sólo en sí mismos.”

 
Ir Arriba