Sandra Della Giustina
  La luna de Franca
   
  Desde hace un tiempo Franca tiene muchas ganas de ir a la luna.
El sábado se lo contó a su papá y él le contestó: "No Franca, a la luna solo van los astronautas".

Pero Franca siguió insistiendo y el domingo le preguntó a su abuelo Leonardo: - "Abuelo ¿podemos ir a la luna caminando?
-No, caminando no podemos, porque es muy lejos. Pero cuando llegue la abuela saco el auto y te llevamos al parque para que juegues en la caminata lunar.

Franca llegó del paseo con muchas ganas de conocer la luna de verdad. Entonces llamó por teléfono a su abuela Tata y le preguntó -Tata ¿se puede ir a la luna caminando?
Y la abuela le dijo - hay querida que preguntas que haces, mejor pregúntale al tío Roberto que él siempre está en la luna.

Y Franca llamó a su tío y le preguntó -¿Cómo hiciste para llegar tan rápido de la luna? Y su tío que estaba distraído le contestó: "espera que arranco la moto y te llevo a comprar medialunas".

También le preguntó a su mamá "¿mamá puedo ir a la luna caminando? No, tenes que ir en nave espacial.
-Y ¿donde puedo comprar una nave espacial? -insistió Franca
-Las naves espaciales no se venden aquí. Cuando el hombre llegó a la luna, tuvieron que fabricar una nave especial.
-Entonces puedo comprar una con mis ahorros - agregó Franca mientras enroscaba los tallarines con manteca.
-Pero Franca, las naves espaciales no se venden en los supermercados -dijo la mamá.
-No importa- insistió Franca - algo se me va a ocurrir.

El lunes Franca llegó de su clase de cerámica con una sonrisa enorme y una gran esfera de arcilla blanca. Cuando su mamá le preguntó que era esa pelota, Franca respondió muy seria: "No es una pelota, es la luna que me vino a visitar".

 
 
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