Gustavo Nielsen
  Metió el pico en el cañón de mi fusil (2006)
   
 

- Bang.
Adiós peste aviaria.

   
     
   
Metió el pico en el cañón de mi fusil (1978) » Ir a Viejos Números
   

Ya les dije por qué lloro:
Me tropecé con el rifle y me caí

   


Enfrenté al estúpido gorrión con el cañón de mi nuevo aire comprimido cuatro y medio. Hace más de una hora que trato y trato de reventar alguno pero esos de porquería no se quedan quietos: cuando ya los tengo en mira se vuelan. Entonces ahí les tiro de bronca, no más. Uno sólo se paró en la tranquera de enfrente un ratito apenas suficiente como para apuntarle despacio y gatillarle; pero no, si todavía se me va a armar problema con los caseros de lo de Alejandro porque le disparo a la casa. Total por un agujerito más o menos en la puerta del frente, ¡Si al menos le dieran una mano de pintura de vez en cuando! Y para colmo durante toda la horita y media que debo llevar de absurda espera no he podido encontrar ninguna forma de apoyo: Está todo mojado y si me siento me embarro el pantalón. Porque no sé si viste alguna vez, yo me siento y apoyo los codos en los muslos cerca de las rodillas y así el rifle no se mueve tanto, puedo apuntar mejor. ¡Si por lo menos viniera un benteveo o un tero! (no sé si estoy confundido pero creo que también abundan por acá). Esos son más grandes, y aunque con éste de cuatro y medio a un tero no le hago ni mosca le puedo apuntar mejor ya que el tamaño es mucho mayor y mayores entonces las posibilidades de acertar el tiro.

 

Uno quietito quietito, un gorrión. Lo'que pasa es que de pie no apunto un 'comino y voy a tratar de arrodillarme, para así después no tener que andar inventando que me cacé tres gorriones y uno de esos de pecho colorado que tanto joroban en el jardín para no pasar vergüenza y que no me carguen de que no soy capaz ni de matar un pajarito. Pero no, si se tenía que ir el desgraciado, no se podía haber quedado otro poquito más, quietecito como estaba ahí en la piedra. Si le tiré fue de bronca, viejo, de bronca. Vuelvo a cargar y noto que alguien o algo se mueve entre la paja esa de enfrente: Un pichón de pajarito que, gracias a una rama maligna que lo detiene, no ha podido volar con los demás. La vas a pagar por todas, chiquito. Primero quiere huir pero después mete el pico dentro del frío agujero del rifle como queriéndome partir el corazón de dolor.

- TRACT - fue el ruido del disparo, el mismo delicado murmullo de siempre.

Le miré la cabeza toda destrozada y me dio lástima (pobrecito). Comencé entonces a correr en dirección a casa, casi diría planeando, volando y no corriendo.

Mírenme, macho cazador: llorando amargamente mi idiotez.

 

Gustavo E. Nielsen
Estudiante de 3er año
del Instituto "San José", Morón
15 años

Ilustraciones de Blopa.