| Tributo a Naviante | ||||
| Cacho Narzole | ||||
| Paredón y después | ||||
| Enrique Gil Ibarra | ||||
| Domitor | ||||
| Abel Posadas | ||||
| La historia detrás de la historia | ||||
Esta nouvelle iba a llamarse LA LLAVE DEL OCÉANO, título que reunía a tres textos y un prólogo. De hecho, en 1970 llevaba ese título. En 1975, cuando terminé de escribir TRANVÍAS (dedicado a Aníbal Ford, pero esta es otra historia), se me ocurrió el título que no vende. DOMITOR o LA LLAVE DEL OCÉANO está dedicado a Juan Carlos Martini Real. Conocí a Juan Carlos cuando habíamos empezado Letras y éramos pibes. Me llevaba dos años y había sido una de las víctimas de la epidemia de polio en el verano 1955-1956. Nunca encontré a nadie que deseara ser un escritor con tanta… en fin, premura. No sé si lo consiguió. El hecho es que, no recuerdo por qué, dejamos de tratarnos en 1968 ya que él había abandonado la carrera y se dedicaba a otras cosas. Lo último que recuerdo es una malhadada revista –MERIDIANO 70- que salió contra el golpe de 1966. Sin embargo, en 1970 todavía perduraba un acierta visión interna de Juan Carlos –que muy poco tiene que ver con él sino con el narrador-. A propósito, hay una entrevista que te hacen en RADIO GAY sobre QUIÉN QUE NO ERA YO…?” (http://www.radiozonica.com.ar/cgi-bin/noticias.pl?record=421) en donde vos dejás en claro que nada tenés que ver con el narrador. El lector confunde. Y, sin embargo, si el asunto es sincero, todo está dentro de nosotros. Me aburren algunos de los escritores argentinos de mi generación porque son los escribidores que se ponen a hacer piruetas en la computadora cuatro o cinco horas por día. Es un método válido. El problema es que luego publican lo que sale. Lo de “Madame Bovary soy yo” no es, desdichadamente, un jueguito de palabras. Viene a cuento por lo siguiente: en aquel 1975 había perdido a mi primer hijo. No voy a ponerme truculento, sino que, simplemente, DOMITOR o LA LLAVE DEL OCÉANO terminaba ahí donde dice Canción de la hamaca solitaria. Además de corregirlo, seguí escribiendo el final que vos le conocés. Hasta el día de hoy no sé qué quiere decir: algunas personas se incomodan al leerlo, otras lo odian, otras permanecen indiferentes, otras etc. No me interesa mucho la opinión de los otros en cuanto a ensayos, pero la ficción te hace vulnerable. De modo que la burla siniestra –lo que yo pienso a veces sobre cierta gente pero NO publico- también puede caberle a DOMITOR o LA LLAVE DEL OCÉANO. Me molesta que el texto carezca de humor. Un hecho es cierto: no sabía, no tenía conciencia de que iban a aparecer cadáveres en la playa, aunque me parece que hay mucho de siniestro en esta novela corta. Otro elemento crucial: siempre fui –y sigo siendo- un espectador fanático del cine de cualquier nacionalidad. Cuando tenía 14 años la prensa escrita se ocupó, módicamente, del suicidio de Norma Giménez. Es una muchacha gris, sin demasiadas posibilidades, que en cine sólo registra bien el miedo. En aquel septiembre de 1957 formaba parte de la compañía de Francisco Petrone ofreciendo MESAS SEPARADAS de Terence Rattigan. Los integrantes del elenco sabían que había caído en la drogadicción y que a los 27 años era una ruina humana. Salió de su casa, detuvo el auto en los alrededores de la estación de Olivos, compró en una florería rosas blancas y se tiró al paso del tren. Curiosa imagen. En FEDORA, Billy Wilder le hace decir a un personaje que ninguna actriz se arrojaría al paso de un tren porque necesita que la recuerden hermosa. FEDORA pertenece ya a los años 70 y puede haber ocurrido que Giménez no fuera una actriz sino alguien que castigaba con su muerte a una madre en exceso ambiciosa o a un cuerpo al que odiaba. ¿Cómo repercute esto en un pibe de 14 años que va al cine tres o cuatro veces por semana y consume entre diez y doce películas? No lo sé, pero tiene que haber una respuesta ahí, en DOMITOR o LA LLAVE DEL OCÉANO. Otro de los problemas es que no puedo escribir cuentos o novelas. Sólo textos que tienen esa extensión del que leíste. Admiro mucho a no pocos CUENTISTAS argentinos (no me pasa lo mismo con las novelas). Estarás de acuerdo conmigo en que la novela corta no tiene muchos cultores por estos lares. Bueno, si LA LLAVE DEL OCÉANO no te parece vendedor, en fin, hacé lo que te venga en gana. Ocurre que lo declarado por los Lumiere debe quedar. No sé cuál es el destino de esta aventura ya antigua. Hay una frase en ese texto que para mí es crucial: No me verán desnudo. Creo que me he vuelto algo más libre en materia corporal. Me parece que podés entender la metáfora. . El elenco de gente que leyó esta nouvelle y otras mías es bastante amplio y disímil. Ocurre que lo hicieron cuando terminaba con la frase Canción de la hamaca solitaria, es decir, la versión de 1970. Debo mencionar a personas con las que hace muchos años no mantengo casi ningún tipo de contacto. Eso, en el caso de que vivan. A las otras, ni en sesiones de espiritismo. –“Vos, ni Mecha Ortiz en sus mejores épocas”, según la lectora Beatriz Sarlo-. Internet me dice que empecé a publicar ensayos sobre literatura en 1968 y que el último es de 2006, el segundo tomo de un trabajo en equipo sobre cine. Creo que algo se fue de manera definitiva con el golpe de 1976. De todos modos, al nombre de Sarlo, entre quienes aún luchan, quiero agregar los siguientes: Eduardo Romano, Esteban Moore, Carlos Pérez Rasetti –que me devolvió una copia extraviada de otra novela corta-, Susana Tasca –“este es un lujo que uno se da una sola vez”- , María Teresa Gramuglio, el ya mencionado Aníbal Ford –a quien le gustaban tanto mis cartas en momentos difíciles-, Nora Dottori –a quien no le importó-, Juan José Delaney, Javier Torre -“encuentro algo del absurdo de Beckett en esto”-, Lita Stantic –“lo leí dos veces”- y en Londres, Cristina Lerner -“¿para qué vas a publicar ficción si ya tenés asegurada la fichita en el Instituto de Literatura Argentina?”-. Entre quienes fueron desaparecidos a Francisco Urondo -“Me interesa. Venite a La Opinión y hablamos”, en nota escrita a lápiz-, y a Susana Marco. A su vez, los que se fueron por causas naturales: Pepe Bianco –“hay un estilo”-, Estela Dos Santos –“creí que eras otro de los pelotuditos de la carrera de Letras”-, Luis Saslavsky, Estela Canto –“me molesta la obsesión de tus personajes”- y, por fin, en París, Marta Darieux, a quien mató un cáncer en 2006, a los 60. Seguramente, estoy olvidando de modo involuntario a otros. Sí, me estoy olvidando del director de una editorial al que accedí por intermedio de un colega. Este buen hombre mantuvo conmigo una charla en un bar de Lavalle y Rodríguez Peña y no he podido olvidar su malévola indignación, que hasta el día de hoy no comprendo. Además, hay alguien que la leyó en 1999, a los 23 años, mi hijo Lautaro Posadas Speroni. Párrafo aparte merece la que ha guardado todas y cada una de mis diecisiete novelas cortas, Marta Speroni. Posiblemente la publicación de algunos cuentos de ella en 2005 y 2006 me haya obligado a rever mi escepticismo. Curioso, nunca se la di a leer a Juan Carlos Martini Real. Abel |
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| Fuera de foco | ||||
| Alejandro Margulis | ||||
Fuera de foco (2007) http://www.elortiba.org/fueradefoco1.html Argentina, edición ilustrada por el autor http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/obra.aspx?cod=26213. España |
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El horror a y de las fotos –pueden recordarse aquí a páginas de Barthes, Sontag, Warhol y hasta el clásico de Silvina Ocampo titulado precisamente Las fotografías- es un itinerario que debe recorrerse desde el comienzo mismo del texto, ya que Santamarina recibe las del accidente fatal de su mujer, Sabrina. Lo que comienza como un anuncio premonitorio nos lleva a otra época y a otro personaje que funciona como eje de la historia: Piaget, un profesional encargado de inmortalizar a las víctimas de la represión en la última dictadura que sufriera Argentina. La extensión discursiva de Piaget logra eclipsar, momentáneamente, a los otros personajes de la historia. Sus diálogos con el capitán de Marina al que sirve proponen cáusticas bromas no exentas de sadismo: así, este capitán imagina una foto eventual del unitario asesinado en El matadero de Echeverría y lamenta que no existan testimonios pulidos y satinados al respecto. Un daguerrotipo no bastaría para causar pánico. Piaget se halla indisolublemente ligado a un triste personaje llamado Marcia Nadina, con un regusto singular que la une a Piaget: los cementerios, las cruces, los túmulos, las criptas y un hijo muerto. Por contraposición y trasladándonos sin previo aviso a la redacción de un diario, en el que también trabajan tanto Piaget como Santamarina, nos hallamos ante un mundo donde las agudezas intentan pasar por inteligencia, ya que es fácil disfrazarse. En ese lugar hará su aparición la adolescente Rosarito, una joven que se encargará de satisfacer las apetencias de Santamarina delante del cadáver de Sabrina. El sexo, en todo el texto, se halla indisolublemente ligado a la muerte, lo que otorga a esta novela corta de Margulis –quien aparece también como un personaje más en la redacción- un sesgo decididamente tanático. La soltura en el terreno sexual, algo que se agradece porque corresponde a una cierta picaresca de buena cepa tan vieja como La lozana andaluza de Fray Francisco Delicado en el siglo XVI es, en el caso de Margulis, de una complejidad poco frecuente: la agonía, los cadáveres, los ritos emparentados con la muerte provocan erecciones. No siempre es feliz la exploración en el área, ya que no se sabe por qué un personaje satélite como el de Roque nos ofrece el relato de su noche con un travesti que cualquiera puede encontrar en un blog de internet o en esos lugares telefónicos especializados en esta clase de historias. El paseo por el unheimlich freudiano tiene como fuente el período 1976-1983 y lo que aquí se relata, el horror padecido, condiciona las vidas de todos los que intervienen, aún en su aparente frivolidad desprejuiciada. ¿Cómo ahogar la angustia? Margulis recurre al sexo y es, en cierta manera, un escape como cualquier otro. Algunos dirán el más sano, otros el más alcanzable, el más próximo. El deseo que asoma en la descripción de ciertas figuras femeninas –la joven Marcia Nadina, Rosarito- las entrega como verdaderos objetos a ser consumidos como paliativos del dolor y, en el caso de Piaget, del sadismo. El diálogo, uno de los graves problemas de la literatura, el cine y la televisión argentinos pareciera no tener tampoco freno en el caso de Margulis. Sin embargo, no debe confundirse con el de mucha de la literatura crapulosa que viene publicándose en el país desde hace décadas. No hay en el mismo nada del naturalismo asfixiante y pedestre al que estamos acostumbrados: sencillamente, esta gente habla como piensa y piensa como habla. Para bien o para mal. Párrafo aparte merece el grotesco –género porteño por excelencia- que campea por la breve sinopsis que Hans redacta sobre la historia argentina. Y en las antípodas, el lirismo asoma en las alucinadas visiones de la agonizante Sabrina. Algo habría que pedirle a Margulis y es que no tenga en cuenta a ese lector invisible cuando escribe. Los textos fáciles no son, precisamente, los que logran que la literatura avance. Él posee las herramientas necesarias para crear lectores inteligentes, esos de los que hablábamos al comienzo de esta reseña. El facilismo se olvida y lo que perdura, tal vez, son ciertas imágenes que muy poco tienen que ver con el mundo mediático y previsible en el que vivimos. En el lector dibujado por el texto asoma la inseguridad nada estable del universo postmoderno. Es, además, indiscutible, que alguien que se dedique a ficción en nuestros días deba poseer un amplio manejo de códigos. Margulis no vacila en mezclar a Alfredo Alcón y a las recetas de cocina –loas al asado argentino- a Beethoven con la tristeza marginal de un pueblo y de una adolescencia ya perdidos. No sabemos si se ha dicho, pero aún cuando el hipercultismo sea necesario, debe ofrecerse tal y como en Fuera de foco, sin alarde alguno. Una pregunta que el lector podría, tal vez, hacerse al concluir el texto es la siguiente: ¿seguimos viviendo fuera de foco? Abel Posadas |
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| Laboratorio del destino | ||||
| Fernando De Gregorio | ||||
| Desde la Ciudad de los Niños, pasando por un primario mitad laico y porteño y mitad católico y del Gran Buenos Aires, a un Liceo Militar interrumpido por mala conducta, hasta un colegio suizo y un fin de secundario estatal en Barrio Norte, ha pasado por Derecho, Cine y Medicina, casi con el título de psiquiatra y eterno estudiante de psicoanálisis, advirtiendo que escribe bien y filma bastante seguido, y sin darse cuenta tiene charlas de lecturas de clásicos, ciclo llamado ”Letras en la vida” en forma particular y en el portal Ayesha Libros. Esta es su primera novela. |
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La ciudad de Mo | |||
| Osvaldo Sabino | ||||
| Osvaldo Sabino nació en Argentina en 1950. En 1979 se radicó en los Estados Unidos. Actualmente reparte su tiempo, alternativamente, entre la Argentina, los Estados Unidos y España. Obtuvo un doctorado en Filosofía de la Lengua, en Boston University, y un Master en Español, en University of California, La Jolla, San Diego. Dictó clases en varias universidades de los Estados Unidos y España. Hasta el 2003, se desempeñó como Profesor, en el Departamento de Inglés—Creative Writing Section—de Wayne State University, en Detroit, Michigan, USA. Es autor de la novela La historia de las panteras y de algunos de los animales conversos (Madrid, España: Huerga & Fierro Ediciones, 1999-2000, 2 eds.), El juguete erótico y otros relatos(5 eds.) y La máquina del placer y otros relatos (3 eds.) (Madrid, España: Editorial Odisea, 1999 y 2001, respectivamente), los volúmenes de poesía: Nadando en el volcán (Madrid, España: Huerga & Fierro Ediciones, 2000), Señales para hallar ese extraño lugar en el que habito (Madrid, España: Editorial Betania, 1995, Atlántida (Montevideo, Uruguay: Ediciones Graffiti, 1994), y Mujeres solas (Buenos Aires: Argentina, Ediciones Corregidor, 1990). También ha publicado tres libros de crítica literaria: Borges: una nueva visión de “Ulrica” (Madrid, España: Huerga & Fierro Editores, 2000), Revolución y redención en La isla de los organilleros de Luisa Mercedes Levinson (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Corregidor, 1994), y Borges: una imagen del amor y de la muerte (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Corregidor, 1987). Tiene dos obras teatrales (M&M y El árbol de enfrente) en pre-producción (Buenos Aires, Madrid). Publica—regularmente—artículos periodísticos en varios medios españoles, mexicanos y estadounidenses. |
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Fin de Cita | |||
| Alejandro Margulis | ||||
| Fin de cita comparte en el principio (en rigor, acá) el mismo aliento Kinbotiano de ese, permítasenos llamarlo así, "atleta del retorcimiento verbal" que tanto gustó a los lectores europeos en el exilio: Nabokov, Vladimir. Pero demos mejor una descripción formal. Este Diario o novela (según) está dividida en varias partes. La primera, corresponde a fines del año 1993. En realidad formaba parte de la única novela publicada hasta ahora por el Margulis, pero el autor la suprimió de la edición final siguiendo el consejo de uno de los lectores del Premio Consuelo Para Sudamericanos Planeta, Claudio N. Berger, quien al leer -y desestimar- el manuscrito original le explicó personalmente al autor que le parecía que constituía una obra en sí misma, o quizás el comienzo de otra historia. Esto desorientó y desalentó al Margulis durante casi diez años y lo mantuvo intentando prolongar ese así definido embrión con múltiples versiones que nunca lo llegaron a conformar. La segunda parte de la novela es a su vez el resultado de ese trabajo a posteriori del rechazo. Sus títulos y temas refieren a lo mismo que se sugería en la primera parte, como una variación diríase melódica, aunque sombría, que además encuentra referencias específicas y concretas a la historia política argentina y a los, como dice el relato, nunca del todo "expurgados sentimientos" que bloqueó la dictadura militar entre 1976 y 1983. La tercer parte y tramo final retoma los temas obsedentes de la primera y la segunda pero retrotrae como en espejo al espíritu inicial de nuestro autor, tan bien leído por la escritora y cineasta francesa antes mencionada. Digamos por último que todo este trabajo apenas si forma parte de una composición mucho mayor, obra en cierto modo interminable (y ojalá no impublicable) que Alejandro Margulis ha venido desarrollando en su linda casa azul de un barrio periférico de las ciudades de Nueva York y Barcelona, vía internet, claro, donde no se lo ha leído demasiado aún, ni con el esmero adecuado… |
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Prof. Ernesto Mientes Novela digital completa también en: |
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| Presentación en el Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos » | ||||
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Bernal, una historia sin historia | |||
| Jorge Carrol | ||||
| De uno de los prólogos del autor: | ||||
"Creo que mi historia es un fracaso, pues es una historia sin historia; ya que mi memoria no es como la de Bernal Díaz del Castillo, un último reducto de lo que fue o pudo haber sido, sino un pusilánime recurso indigno de confianza (...) Lo que vio, vivió o soñó Bernal durante la conquista de la Nueva España , jamás pudo olvidarlo, como no supo nunca ocultar sus amores y sus envidias personales. ¿Cómo pudo Bernal, sin embargo, olvidar las matanzas de mexicas, mayas y náhualt, y sólo sentir horror y repugnancia, cuando se abrieron los pechos a sesenta y dos soldados de Hernán Cortés, que los naturales de México se llevaron vivos, para ofrecer a sus dioses, sus corazones calientes? ¿Por qué no quiso Bernal olvidar que les serrucharon las manos y los pies, los que con angula y satisfacción, comieron en memorable festín? ¿Por qué Bernal ocultó su miedo de ser carnita de aquellos felices caníbales gourmet? Ser victorioso invasor imperial fue más que el karma de Bernal, fue su vergüenza al pretender olvidar lo que otros no han olvidado después de más de 500 años. Puede que mi historia de sólo siete jornadas en la vida del soldado-escritor (que vivió 89 años en España, México y Guatemala, entre los siglos XV y XVI , los últimos, medio ciego y medio sordo) sea teules, como llamaban los advenedizos y hechiceros al fracaso: es el riesgo de escribir para vivir en la memoria de los que tienen aún, toda la muerte por delante." Jorge Carrol |
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Pájaros del Hambre | |||
| Daniel Laneri | ||||
A todas las mujeres y hombres mudos, |
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Ardua | |||
| Rolando Revagliatti | ||||
| Textos de este poemario fueron difundidos en publicaciones periódicas de Italia, Brasil y la Argentina. | ||||
| Edición dedicada a un amigo: Claudio González Baeza. | ||||
| La palabra ardiente | ||||
| Francisco Azuela | ||||
| FRANCISCO AZUELA es poeta y escritor mexicano. Vive en Bolivia donde se desempeña como Director del Centro Integrado de Documentación e Información (CIDI), del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello. Publicó en México El Tren de Fuego (1996) y Antología Poética “Un Recorrido Interminable 1972-2003” , (2004), entre otras obras. En Bolivia, Editorial Plural Editores ha reeditado Son las Cien de la Tarde (poesía en prosa), La Palabra Ardiente y Ángel del Mar de mis Suelos (verso libre), los cuales fueron presentados en la Feria Internacional del Libro en La Paz. Tiene en preparación el libro de cuentos Rotonda de Gatos Ilustres . La edición de La Palabra Ardiente que ofrecemos a continuación es bilingüe. Fue publicada originalmente en Francia en el año 1993 (Editorial John Donne y Cía, del poeta y dramaturgo Samuel Brejar), con traducción al francés de Noëlle Yabar-Valdez y una segunda versión francesa que es la que se presenta aquí y que hizo recientemente el poeta Patrick Cintas, en Revue d'art et de littérature, musique (Editorial Le chasseur abstrait Los Gallardos, Almería, España). Las ilustraciones pertenecen a Valerie Constantin. | ||||
| Palabras introductorias del autor | ||||
| Entre Afrodita y Eros / Antología | ||||
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DESEO, AMOR y SEXO en la poesía de Grecia y Roma Wenceslao Maldonado |
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| ''Creo que viene a cuento aquí -sostiene Wenceslao Maldonado, el antólogo y traductor de este compendio exclusivo- la definición de erotismo que Bataille trata de esbozar al principio de sus ensayos sobre el erotismo: "He dicho que la reproducción se oponía al erotismo; ahora bien, si bien es cierto que el erotismo se define por la independencia del goce erótico respecto de la reproducción considerada como fin, no por ello es menos cierto que el sentido fundamental de la reproducción es la clave del erotismo" . Seguramente -continúa diciendo- discutir esta afirmación nos puede llevar muy lejos. Pero hay algo cierto en el eros griego, sustentado en deseo, como dijimos, está siempre más allá de la reproducción. Nunca más se volvió a dar una época de tanta gracia creativa como la de Grecia y Roma. Y cuando después de siglos poetas y artistas redescubrieron aquellos viejos modelos y se inspiraron en ellos, la nueva época se llamó "Renacimiento". |
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Buenos Aires 2213 | |||
| Santiago Carlos Oves | ||||
| Buenos Aires, 2213 de Santiago Carlos Oves es un libro que imagina en prospectiva una ciudad ya extinguida por la decadencia. Alguien, un antropólogo, llega a las ruinas de Buenos Aires en el 2213 para averiguar qué pasó. Amalgamados por el recorrido de este personaje anónimo se van sucediendo una serie de relatos que finalmente van a dar una clave sobre los motivos por los cuales esta ciudad fue abandonada por sus habitantes: "...Después la catástrofe sucede y se instala en nuestras emociones para imponernos una demostración horrorosa; nos hace ver que la irracionalidad es parte del sistema humano. Como casi siempre, el arrepentimiento llega demasiado tarde. La humanidad sale a reparar las tierras yermas y las aguas contaminadas, quiere recoger la sangre derramada y recomponer la carne rota, pero apenas logra llorar y seguir adelante. Vuelve a empezar. Comienza a recorrer un nuevo camino donde se le va a interponer a cada paso la amenaza del olvido con el fin de poner a prueba su memoria." Es un libro que habla de un mundo condenado a la desolación, gobernado por la mezquindad, donde la gente, entre otras cosas, ha perdido la capacidad de soñar. Antihéroes, héroes anónimos, seres siniestros, autómatas mezclados con aquellos dispuestos a perderlo todo con tal de aprender a soñar, a tener algo diferente a la vida que le obligan vivir. Buenos Aires, 2213 es una aventura hacia el mundo feliz que no será. |
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Schauspiel (Juegos de Escena) | |||
| Fernando De Gregorio | ||||
| "Schauspiel" (Juegos de Escena), de Fernando De Gregorio (1961), es una colección de brevísimos relatos, estremecedores y sorprendentes, escritos con una ausencia de indulgencia total y en un formato que se impone al lector como una verdad despojada de cualquier afán psicologista o moralizador. Fiel únicamente a las manipulaciones literarias, De Gregorio construye una serie de pequeñas piezas ejemplares que ponen en escena relaciones familiares tortuosas, monólogos inquietantes y una visión del mundo espeluznante y mórbida. "Confieso que en estas páginas hay un elemento morboso, repelente, repugnante incluso...", escribe poco antes de morir Witold Gombrowicz (1933-1969) refiriéndose a su libro de relatos Bakaki. "Reconozcamos a pesar de todo que esos contenidos repelentes pierden repugnancia al convertirse en elementos de la Forma; su papel es funcional, obedecen a un fin superior: a la creación artística", agrega. El mismo espíritu de renovación y ruptura respira en estos textos conmovedores. |
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El libro de las Alabanzas | |||
| Horacio Sacco | ||||
| Sobre Libro de Alabanzas. Historias de humanidad. La niciación sexual, los años de la dictadura, la guerra de Malvinas, la muerte inesperada, el amor, la locura, la esperanza, conjugados en una serie de breves y cautivantes relatos sobre el escenario de la marginalidad, la injusticia o la muerte. Un apretado racimo de historias de la vida real donde emerge la dimensión puramente humana y existencial de sus personajes. No ya como personajes literarios sino como seres arrojados a la hostilidad de un mundo que no los necesitó, o que los rechazó. En un lenguaje sin distancias y sencillamente conmovedor que rescata el simple y prodigioso milagro de la existencia. | ||||
| (De la edición digital de Editorial Libros en Red, Buenos Aires, 2000, www.librosenred.com ) | ||||
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