Ligeras palabras, por Kekena Corvalán

 
   

Si hay un arte que se beneficia con el Internet, ese es la literatura.

Desde el mismo nombre del protocolo http://  Hiper Text Transfer Protocol, hipertexto alude a una fórmula mágica que nos brinda un marco especial para poner cualquier texto en la web.

Navegar por Internet es como adentrarse en la jungla. Una jungla amigable, una jungla simpática, una jungla llena de sorpresas, detalles, sugerencias, como en un cuadro de Wilfredo Lam.

Lam

Wifredo Lam, Jungla,1943

La característica de esta jungla, es la interactividad y la autocontención, un bucle perfecto. Ingresar a Internet es tener la chance de no salir nunca, y vivir una nueva vida, a Second Life, para mencionar el popular juego online donde uno puede ser, hacer y tener todo lo que desee, justamente porque la vida cotidiana extra pantalla no se lo otorga.

La tecnología pone a nuestro alcance una red de usuarios, consumidores potenciales, posibles lectores que pueden estar en cualquier punto del planeta. La vidriera se universaliza, y si “Harry Potter y la piedra filosofal” logra vender 110 millones de ejemplares en el año en que se editó, no menos potente es cualquiera de los libros de Ayesha o de los artículos que subimos al leedor.com, porque tras ellos subyace un mercado potencial de más de 1000 millones de usuarios en el mundo, según las estadísticas que circulan, en el mismo Internet.

La tecnología ha generado una auténtica reformulación del esquema producción, distribución y consumo del arte. Volviendo a la jungla, (y la metáfora no es del todo gratuita, hay quien habla de Sillicon Valley como el nuevo Amazonas), Internet es un sitio donde cada uno copia y pega lo que le parece mejor, en muchos casos, sin tomarse el trabajo de citar la fuente o reescribir los contenidos para evitar el plagio. Pero, ¿qué es el plagio?  Este concepto también se ha trastocado. Ni siquiera puede ser visto como homenaje, como sucedía en la posmodernidad.

¿Existe el plagio en Internet? En todo caso eso es una cuestión del afuera, que se rige por otras leyes (la de la protección intelectual), con otra lógica, otras instituciones y otra manera de interactuar de los hombres.

En muchos de los contenidos que se replican en la red, ¿quién puede decir cuál es el original? ¿Cómo discernir quién lo escribió primero, wikipedia, el Cervantes virtual o algún entusiasta (pero por eso no menos sesudo) librepensador que tiene su propia editorial para darse a conocer en forma de blog?

En la relación de usuarios y productores, tres son, básicamente, las alternativas a la hora de actuar sobre el medio: simplemente navegar (sin afectar los contenidos), subir textos propios para seguir sumando, y en tercer lugar, reescribir el mismo código, inventando nuevas formas gracias a las posibilidades de la programación. 

La literatura digital abarca los dos primeros, porque básicamente está dentro de la tradición literatura y esa sigue siendo su vocación, y es lo que al parecer todavía le interesa.

Editoriales digitales o portales de crítica y debate sobre los bienes culturales, encuentran su lugar con un bajo costo de inversión y una capacidad permanente de actualizar contenidos y sumar espacios con nuevos colaboradores. Aunque, bueno es decirlo, muchos ven la modificación del código totalmente legítima, pensando la narración de los videos juegos y los juegos de rol interactivos como la nueva forma de la ficción literaria, en una expresión transdisciplinar, que nos compromete a sumar imagen, música y teatralidad. Con un agregado: la flexibilidad siempre presente, todo puede ser configurado por el usuario/lector.

¿Qué puede aprovechar, aportar y conjugar la literatura en sus formas más tradicionales (estamos en la Biblioteca Nacional, y cientos de miles de libros nos escuchan)?

Una vez más, vuelvo a Italo Calvino y sus Seis Propuestas para el Próximo Milenio, una serie de conferencias donde se trataba de estipular qué valores de la Literatura pasarían al próximo milenio que entonces asomaba (1985) y que ya a esta altura es el que estamos viviendo. 

Esos valores que Calvino destacaba son la Levedad, la Rapidez, la Exactitud, la Visibilidad y la Multiplicidad, ejes fundamentales para pensar en la literatura de occidente de todos los tiempos.

Comentemos de paso que el narrador italiano planeó desarrollar seis, le faltó completar Consistencia. Una vez más, la literatura no salva a nadie de morir. Calvino se fue una semana antes de poder dictar las charlas y de dejarnos esa sexta, en septiembre de 1985.

Las conferencias habían sido pedidas por la Universidad de Harvard para el consagrado ciclo Charles Eliot Norton Poetry Lectures. Por primera vez era invitado un italiano desde 1926, año de su creación. Iban a ser impartidas en inglés por Calvino, para un público perteneciente a la tradición intelectual que lo recibió como el escritor posmoderno por antonomasia. Calvino nos enseñó en toda su narrativa, y cito solo un ejemplo genial, el de su novela Si una noche de invierno un viajero, que posiblemente la novela (y toda la literatura) no sea el medio de conocer y transmitir realidades de manera cabal y completa como presumimos durante siglos, sino una farsa fenomenal que nos pierde en un mundo inasible, de múltiples caminos, elecciones y posibilidades, como la obra de Wifredo, una jungla plena de espíritus y formas.

Lo que ahora sería interesante ver es si las propuestas de Calvino no parecieran posibles en una literatura que se vuelve cada día más digital.

La levedad, el primer valor sobre el que reflexiona, nos habla de dos vocaciones opuestas que se disputan el campo de la literatura: lenguaje como elemento sin peso que flota sobre las cosas como una mota de polvo o como un campo de impulsos magnéticos, la otra comunica el lenguaje al peso, el espesor, lo concreto de las cosas, los cuerpos y las sensaciones.

Calvino nos dice entre otras cosas que la literatura siempre ha sido una manera de quitar peso a las estructuras del relato y el lenguaje. Frente a un mundo pesado y opaco, la literatura es un ágil salto que nos dice que no hacemos sino perseguir sueños.

“Ligera es la palabra, ligera la existencia…” Y en ello el Internet pareciera ser el medio ideal para lo que fuera ligero. Navegar es un sinónimo de volar, desplazarse por el aire para aterrizar en otro sitio, una imagen que tiene mucho que ver con lo que sucede cuando cliqueamos un link.

En cuanto al segundo valor que la literatura le lega al futuro, la Rapidez, las palabras de Calvino siguen sugiriendo mucho a todos los que trabajamos con el material digital: “todo relato es una operación sobre la duración, un encantamiento que obra sobre el transcurrir del tiempo”.

La velocidad es uno de los grandes emblemas de la red, al punto de que Internet está modificando nuestra concepción del tiempo, gracias a una tecnología que reordena todo el tiempo nuestras posibilidades de consulta y acceso a la palabra. En este sentido, navegar, es fundamentalmente, leer.

Otra característica de la literatura es la Exactitud, en tanto la capacidad privilegiada del uso de la palabra como forma de conocimiento. En este sentido, la literatura digital potencia esta posibilidad, agregando además la inmediatez de la imagen.

Nos quedan dos valores propios de la literatura que son ya “patrimonio” de la humanidad. La visibilidad, en tanto imaginación que se comunica, como repertorio de lo potencial y la Multiplicidad.

Multiplicidad es quizás la mejor definición de la literatura contemporánea que podamos dar en una sola palabra. La idea de una enciclopedia abierta, de ramas que se expanden, de cadenas de ideas que se asocian a través del link, es quizás el rasgo más interesante de la literatura digital, porque permite al creador plantear relaciones y construir con su lector otros posibles textos, que si bien están prefigurados, plantean una interactividad.

En el caso de los blogs y de todos los formatos donde se pueden sumar comentarios e incluso imágenes, la idea de polifonía o construcción coral se hace sentir de un modo muy claro, desde discursos científicos que se preguntan y responden hasta los blogs más delirantes y creativos que parecen homenajear los cadáveres exquisitos de los surrealistas.

Así mismo, es bastante obvia y cercana la noción de hipernovela con la de hipertexto. Quizás todos los contenidos de Internet sean algún día leidos como una gran novela, y reagrupados en capítulos, parágrafos, apartados, guías, tomos…

Todas las líneas que nos sugiere Calvino nos ayudan a pensar que la potencialidad de la literatura digital, los e-books, las obras de arte que se crean y circulan por correo electrónico, las propuestas de hiperficheros para intercambiar textos; la accesibilidad del sistema de la red para publicar y llegar a los rincones más remotos del planeta con la palabra propia abren un horizonte que lejos de cerrarle el futuro a la lectura y la escritura, les rinden una capacidad inédita.

 
 
 
   http://www.leedor.com/notas/2238---literatura_digital.html Ir Arriba