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Entre Afrodita y Eros / Antología | |||
| DESEO, AMOR y SEXO en la poesía de Grecia y Roma | ||||
| Wenceslao Maldonado | ||||
| Se me ocurre que casi todo lo que un griego, hace más de dos mil quinientos años, podía pensar o decir sobre el deseo, el amor y el sexo giraba entre Afrodita y Eros. Son las dos figuras emblemáticas de lo erótico o, para expresarlo dentro de una visión en donde se mezclan filosofía, mito, ética y poética, son el paradigma mítico del amor y del deseo. Paradigma es el ejemplo por excelencia que carga en sí los sentidos posibles del comportamiento humano, comportamiento que suele ser muchas veces complejo, tortuoso y contradictorio. Pero así son también Afrodita y Eros.
Hesíodo, poeta de la teología y del mito, analiza en su Teogonía el origen de los dioses, y da un lugar destacado a Afrodita. Vale la pena que reproduzcamos lo que nos refiere sobre esta diosa del amor, ya que entenderemos mejor su nacimiento, sus múltiples nombres y la misión divina que le fuera asignada. En su lacónico estilo de épica mítica, escribe el gran poeta de Beocia: |
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Eros, junto a Afrodita, tiene también un parecido alcance teológico y ético. Baste pensar en las reflexiones sobre su papel dentro el panteón helénico que los personajes del Simposio de Platón intercambian con Sócrates . El discurso del anciano maestro, después de la intervención de los cinco comensales, contradice las opiniones corrientes de un Eros joven y bello, para presentarnos uno de los grandes hitos de la filosofía platónica sobre el amor. Aunque no podemos afirmar en modo alguno que la postura ascética del platonismo concordara con la visión corriente que los griegos del Ática en el siglo IV tenían sobre erotismo, sí es cierto que este diálogo es un muestrario de cuanto se debatía sobre el tema en esa época . No es el caso de analizar aquí la obra de Platón; pero a la hora de estudiar el sentido que el amor tenía para los griegos, una atenta lectura del Simposio será imprescindible. El eros griego se nutre del deseo . En ese sentido Eros y Afrodita se complementan, Eros como amor que desea y Afrodita como amor que posee . Cabe además destacar que ambos dioses, que obran generalmente asociados, lo hacen desde fuera de la persona, infundiendo el deseo casi como un don compulsivo que "desata los miembros", adueñándose de la mente y la voluntad, no sólo de los hombres sino también de los mismos dioses que no escapan a su influencia . Esto provoca una especie de manía o locura, irresistible porque proviene nada menos que de la divinidad . Tal vez lo que acabamos de decir explique en parte la mayor libertad con que se solían expresar en estos temas los artistas griegos, en especial poetas y escultores. De seguro habremos visto con asombro escenas sexuales reproducidas en la vajilla doméstica y en otros objetos de uso diario. Podríamos decir que toda la vida estaba impregnada con cierta naturalidad por signos de tipo erótico o sexual. Baste recordar los "hermas" con sus falos expuestos en la vía pública, las procesiones fálicas y los fetiches eróticos de la religión. Todo esto no era vergonzante para la mentalidad griega; por lo tanto, no había por qué ocultarlo a la vista de nadie, ni siquiera de los niños. Por el contrario, los chicos en algunos de los pueblos helénicos eran introducidos en la sociedad civil, militar y religiosa a través de un régimen de pederastia institucionalizada que hoy todavía nos pone la piel de gallina. Por este motivo conocida es la censura con la que llegaron a nosotros muchas de las obras de la antigüedad: estatuas desnudas pudorosamente cubiertas con hojas de parra, textos silenciados y en algunos casos mutilados o perdidos para siempre. Más de una vez habremos escuchado la calificación de pornográfica para este tipo de arte y literatura. La palabra fue usada allá por el siglo II a.C. en la obra Deipnosofistas o Los Comensales Sabios de Ateneo Gramático. El vocablo "pornógrafo" quería decir "el que escribe sobre prostitución", nada que ver con las prácticas sexuales gobernadas por el deseo erótico. Sólo la prostitución, que era sinónimo de comercio sexual, podía ser consideraba como algo vergonzante . En esto hay de seguro una diferencia entre el sentido de pudor de las sociedades actuales y la sensibilidad de la cultura antigua. No es que en aquella época no hubiera pudor, como algunos han llegado a afirmar , o que fuera el paraíso de todas las libertades sexuales. Pero sin duda alguna la idea, y en consecuencia la práctica, que había sobre límites y ética, libertad personal y vergüenza pública, eran distintas. Por lo pronto estatuaria, pintura y grabado nos muestran que aquellos hombres, mujeres y niños tenían una relación con el propio cuerpo, que les permitía exponerse sin tantas inhibiciones. Debemos convenir que los límites del pudor son convencionales. Cabe también señalar que veían natural que el deseo erótico y sus prácticas correspondientes pudieran dirigirse a cualquier tipo de persona, sin por ello implicar una determinación de identidad sexual. Heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y hasta paidofilia convivían sin ningún problema. Erasta y pederasta eran vocablos que no producían mucha inquietud aunque a veces se debatiera sobre esos temas . A la hora de leer textos eróticos de la antigua Grecia notaremos la espontaneidad con que se mezclan estas diversas situaciones. Otro asunto contrastante referido al erotismo es el tema de la mujer. ¿Qué papel le correspondía en sociedades prevalentemente machistas? Para algunos la mujer estaba totalmente relegada en el gineceo y sólo los hombres tenían derecho a aparecer públicamente. Para otros en el matrimonio no existía el eros; la relación esponsal se justificaba sólo con la reproducción. Es cierto que más de un texto deja entrever posturas misóginas. Hoy nos parece casi frustrante el encuentro final de Ulises con Penélope , por mencionar uno de los ejemplos más eximios. Es ilustrativa de este asunto la escena de la despedida de Andrómaca y Héctor. |
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