| La palabra ardiente | ||||
| Francisco Azuela | ||||
| Palabras introductorias del autor | ||||
De niño, ya lector conocí un hermoso libro que se llama Ruslan y Ludmila, es un bello poema del gran poeta ruso Alexander Pushkin. Trata sobre una bella historia de amor de una hermosa princesa y de un príncipe noble que vivían en Kiev. Ludmila hija del rey Vladimir-Sol Brillante, el día que se iba a casar fue raptada por una sombra frente a los ojos incrédulos de su enamorado, quien la ve desaparecer sin poder hacer nada. El soberano Vladimir muy angustiado, pide a los jóvenes caballeros presentes en la corte que encuentren a su hija. El príncipe Ruslan se apresura a aceptar la empresa pero con él tres temibles adversarios parten. Los otros caballeros, celosos de Ruslan, deciden competir en la búsqueda para ganar la mano de la princesa. Ruslan vaga por el mundo entristecido buscando a su princesa. Llega a una cueva donde pretende pasar la noche. Penetra en su interior y descubre que está iluminada. Continúa caminando hasta que da con un anciano barbudo que lee sentado en una silla. El viejo nota su presencia y dice estar esperándolo habiendo previsto la desgracia de Ludmila.- La princesa, dice el hombre, ha sido capturada por Chernomor, un hechicero enano y jorobado de enormes bigotes que captura a las doncellas y las encierra en su castillo secreto en las colinas. Finalmente Ruslan encuentra a la princesa, que se ocultaba del hechicero con un artificio que le permitía no reflejarse en el espejo. Y fueron muy felices. Otro libro que recuerdo con amor es de poemas y odas del rey poeta y sabio tezcocano Netzahualcoyotl, escrito originalmente en lengua náhuatl, que fue una de las lenguas más predominantes antes de la conquista y más importantes de la cultura del mundo prehispánico, la Mexica considerada sagrada y usada por nuestros ancestros del Anahuac de la gloriosa estirpe Atlanteca. El rey poeta Netzahualcoyotl gobernó durante 40 años el reino de Tezcoco y fue el más poderoso, valeroso, sabio y venturoso príncipe y capitán que ha habido en este Nuevo Mundo. Un verdadero guerrillero que nació como príncipe, tuvo una educación intensa, privilegiada tal vez, guiada por el sabio Huitzilihuitzin, que le legó la tradición tolteca y lo incitó a la poesía. También fue astrólogo, místico, ingeniero y legislador, considerado y recordado como uno de los más prósperos y ejemplares del México Antiguo, y probablemente de toda la historia del continente. Por eso recuerdo a este gran poeta con tanta intensidad porque mi padre me lo enseñó con esmero. También recuerdo las leyendas mayas que escuchaba de unas viejitas muy tiernas y amorosas que eran mis tías maternas y que todas las tardes me contaban. Tantas y tantas historias y leyendas que escuché hasta mis diez años y que forjaron mi imaginación poética y narrativa. Se trataba de historias de personajes como los aluxes, pequeños seres fantásticos que habitaban en las ruinas y los cementerios y se les aparecían a los ancianitos y les hacían travesuras cuando dormían, escondiéndoles la ropa y los zapatos. Ahora ya como poeta y escritor, como dice en su Decálogo del escritor Augusto Monterroso: ´Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche´ yo pienso que el escritor es una conciencia social, un testimonio de vida y de tiempo. Su palabra es muy importante porque ama la verdad, la libertad y los derechos del hombre. Un país sin escritores es una nación pobre. Un escritor tiene que leer siempre y leer mucho para poder hacer una buena obra y contribuir a la sociedad. Aparte de leer a muchos escritores, yo siempre leo a mi tío abuelo, Mariano Azuela, que fue el primer novelista de la Revolución Mexicana. De él como de mi Padre he aprendido mucho, fue un hombre que defendió al presidente Francisco I. Madero, mártir de la democracia y participó como médico militar en las tropas revolucionarias de la División del Norte que comandaba el famoso centauro Pancho Villa, que un día entró a la ciudad de México con Emiliano Zapata. Todas estas imágenes han enriquecido mi vida literaria. Desde joven yo pasaba temporadas en la casa de mi tío-abuelo en la ciudad de México con mi tía que ya era viuda y empecé a leer sus libros que eran numerosos y entre los que se destaca el más conocido fuera de México, titulado “Los de Abajo”. Por sus libros aprendí lo que es un escritor íntegro. Creo que los libros tienen un fin muy claro en la vida de los seres humanos y veo con sumo agrado que la poesía y la literatura siguen palpitando en muchas almas de muchísimos países, y lo que a veces parece un hilo delgado que podría romperse con el tiempo distanciando la poética y la literatura del hombre, es un hilo de oro que desde Homero y Cervantes hasta nuestros días no se quiebra, no se rompe ni se pierde, más bien une, integra y canta con un sonido único, el de la palabra. Entonces el fin de los libros en la vida del ser humano es la educación y la cultura. En ellos se refleja una concepción del mundo que es el núcleo de la cultura que contribuye a la transformación del espíritu del hombre, por ello cultura y civilización son semejantes y están íntimamente vinculadas en su espiritualidad y en su creación. Yo empecé a escribir observando y contemplando mi entorno, inspirándome en la naturaleza y también en el ser humano. Sentir amor por las letras, por su sonido y dejarse tocar por símbolos, significados y signos. Los temas que abordo tienen que ver precisamente con la naturaleza, el ser humano, el amor, el arte, el dolor, el desgarramiento, el abismo, la luz, la vida y mi estilo al escribir poesía en prosa y en verso se llena de un universo de imágenes entrecruzadas y conceptos poéticos. Algunos de mis textos son de largo aliento. Cada escritor tiene sus libros consentidos o favoritos. Aquí en Bolivia, en este bello país de Sudamérica, en donde me desempeño como Director del Centro Integrado de Documentación e Información (CIDI) del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello, Organización Internacional de la que son miembros: Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, España, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela, la prestigiada editorial Plural Editores ha reeditado tres de mis libros que se han presentado en la Feria Internacional del Libro en La Paz: Son las Cien de la Tarde (que es poesía en prosa), en verso libre: La Palabra Ardiente y Ángel del Mar de mis Suelos . Me hubiera gustado que se reeditaran también dos libros más que también son mis consentidos: El Tren de Fuego , publicado en México en 1996, y un libro de cuentos que se titula: Rotonda de Gatos Ilustres , que todavía está en preparación, pero esto lo lograré con el tiempo. También se editó el año pasado en México mi Antología Poética “Un Recorrido Interminable 1972-2003”, que reúne 30 años de mi obra poética. A nivel mundial mis obras empiezan a ser conocidas más de lo que me imaginaba. Parte de mis libros se han editado en 5 idiomas: alemán, español, francés, inglés y portugués. Se han dedicado muchas páginas de Internet a mis poemas y también los han publicado numerosas revistas de América y Europa. La Radio Salzburgo de Austria me dedicó el año pasado una hora en su programa de Literatura y Música Latinoamericana. Se leyeron mis poemas en alemán y en español. Es muy emocionante. Desde que llegué a Bolivia he estado escribiendo sobre los grandes símbolos que tiene este país y mis poemas se han publicado: El Cóndor de los Andes, Víctima de Sueños; El Illimani; Tiwanaku; El Lago Titikaka y personajes de la milenaria cultura TIWANAKOTA. Con estos versos míos me despido y dejo ante los ojos de los lectores de Ayeshalibros mi Palabra Ardiente: No se murió de frío ni de lluvia, se fue quedando triste en la caída.
No era la rosa de los vientos, la de los grandes horizontes, ni la rosa de Jericó que vuelve a la vida al ponerla en el agua, ella no sabía de eternidades…
Se murió tu perro, lo enterraste con sus huesos en el jardín de la casa, junto a los cocoteros como una intimidad de familia…
Son las cien de la tarde, hoy se reúnen todos los siglos de una sola vez, se borra el vientre del pájaro en el aire como si no fuera a nacer otra ola de fuego, de mano a mano vienen las palabras como gotas de una misma voz sin saber que se vuelve. Amor es el último siglo donde nacen los labios…
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