| El auténtico Borges | ||||
| por Oscar Taffetani | ||||
Me he tomado el trabajo de buscar en las dos piezas seudo literarias atribuidas al maestro Borges algunas palabras que el autor de “Ficciones”, como buen poeta y esteta de la prosa que era, JAMÁS habría usado. Son ellas: paja , polvo chupaditas , pene , semipiso , aparato (aludiendo al pene), fato (lunfardismo anacrónico), miembro , gotita , esperma y herramienta (también aludiendo al pene). Quien necesite usar esas palabras para describir una situación como la que intenta describir, obviamente no es Borges. Quien sea capaz de adjetivar –ignorancia mediante- de esta manera: “triste horror sagrado”, “herejía vaga”, etcétera, obviamente no es Borges. Quien se permita rimas del tenor de chato con barato ; farra con amarra ó coche con noche , obviamente no es Borges. Quien perpetre un dístico tan molesto al oído y al sentido como el que sigue: “Cópulas, trueques por nuestros sábados, / Símbolos, cosmos, bienes amados...” obviamente no es Borges. Se necesita, de verdad, NO haber leído a Borges (lo cual, por supuesto, puede tener algún mérito) y NO entender para nada cómo funciona el universo borgeano, para hacer una burda parodia como la de los seudo poemas que originan esta controversia. Borges, como escritor que era, estetizaba y le daba una forma verbal a cada acontecimiento de su vida. Quien eche una ojeada a las cartas de amor que publicó Estela Canto, sin ir más lejos, verá cómo era la prosa íntima del Borges enamorado, y advertirá que no difiere mucho de lo que ha sido su prosa pública. Borges era un escritor hasta cuando escribía cartas de amor. Termino mi alegato en defensa del maestro y contra ese burdo fraude, con otra pieza del “Borges erótico” –ésta sí con visos de ser verdadera-, que llegó a mis manos hace más de 25 años. Se trata de una breve crónica publicada en 1920 por JLB en el periódico “Ultra”, durante el año que pasó en Valldemosa, Mallorca, junto con su madre y su hermana. Es la crónica de una visita (del joven Borges) al prostíbulo, y se advierten en ella algunas marcas del ultraísmo literario de moda por aquel entonces. Al año siguiente, JLB publicó en la revista “Baleares” uno de los manifiestos del ultraísmo, en sintonía con las propuestas de Vicente Huidobro, Rafael Cansinos Assens y su propio amigo Jacobo Sureda. En esta pieza sí se oye respirar y se ve brillar al auténtico Borges. Un Borges joven, pero Borges de verdad. Transcribo, entonces la crónica de la visita de Georgie al lupanar (visita que, por supuesto, no ha sido incluida ni registrada en las “obras completas” que conocemos): “Las paredes, petrificadas en un gesto de máxima severidad, nos lapidan. Los carteles borrachos saltan de los balcones. Pero junto a un rectángulo iluminado que susurra CAFE hay un zaguán y una escalera vehemente, y una puerta que cede con esa sumisión de los libros que se abren en la primera página manoseada y requeteagotada por el estudio. Luego = el burdel. “Un cuartujo donde algún que otro sombrero decapitado se desangra en las perchas. Unas cuantas muchachas. Un tropical enroscamiento de risas. Ciñendo un velador donde se pluraliza la mentira de un carnaval de naipes, se despereza nuestro aburrimiento. Las mujeres –el muestrario esperanzado y ecuánime del burdel de provincias- se ofrecen con la porfía intermitente de un albarán demasiado alto. “Domina una atmósfera de espontaneidad y de puericia. Un ambiente de cuarto de juguetes y de patio con surtidor. Enteramente primitivo, anticristiano, antipagano, antimaximalista y antipatético. “Aquí fracasan todas las religiones. La concepción judaica fracasa, ya que el árbol del Génesis lo han talado a golpes de falo y Adán y Eva se ven aquí reducidos a su actuación más lamentable de mercancía y comprador. La concepción hedónica fracasa, ya que al placer lo han mutilado, robándole las tiaras prestigiosas de la visión romántica y subrayando su tonalidad de fatalismo duro. “Todo es amaestrado, manso, oficial. Primitivo al mismo tiempo que encarrilado, tal un caballo que hace pruebas o una vidalita donde rimen dolor y amor... Y nosotros aguardamos, al margen de la medianoche como al margen de un río. “El día, como un perro cansado, se tiende a nuestros pies y le acariciamos el lomo. Y la estatuaria –esa cosa gesticulante y mayúscula- la comprendemos al deliciarnos con las combas fáciles de una moza, esencial y esculpida como una frase de Quevedo. Y que acepta –sin mayor alarde de asombro- la oxidada moneda falsa de nuestros verbalismos. “Después = la trabazón carnal. Con estas tres palabras me basta. Ya que el placer, siendo algo que no está en el recuerdo, es igualmente inabarcable para todas las fórmulas. “De la madeja sensorial, la memoria sólo almacena los datos auditivos y visuales. Los otros –placer, dolor, estados térmicos- únicamente persisten vertidos al lenguaje de la visualidad y la audición. E íntimamente ¿qué pueden importarnos las interjecciones y la plasticidad cambiante de las etapas del ayuntamiento, si estas cosas tienen sólo un valor de paralelismo con el placer, que es lo único esencial y que nadie logrará jamás encerrar en una urdimbre de arte? “Salimos. El bloque de aire cuadrangular que oprimía nuestras espaldas se hunde. El andamiaje de guirnaldas de brazos y voces acarameladas también se aleja. El cielo se ha llenado de astronomía. Una estrella jadeante tiembla sobre los techos del mercado. Nuestros ojos pulsan muchas estrellas. Las calles, como rieles expertos, nos empujan no se sabe a qué parte. “Contra el silencio de acero de la ciudad nuestros pasos rebotan como si fuésemos las avanzadas de un ejército que viniera a conquistar la ciudad desmantelada y desnuda. Una hora floja cae tropezando de un reloj. El viento escamotea las luces o las ahorca. En los arrabales del mundo el amanecer monstruoso y endeble ronda como una falsedad.” ¡GRANDE, MAESTRO! ¡SERÁ JUSTICIA! Atentamente. Oscar Taffetani |
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| Sobre la autenticidad de “LOS OTROS DONES” | ||||
| por Fabián Banga |
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La escritura de Borges es inconfundible. Esta peculiaridad se pueda quizás justificar por algunas de sus características peculiares. Una de ellas es que la irrealidad y la realidad en Borges, hay que pensarla más desde una perspectiva de la posibilidad que de la perspectiva de lo posible. Es decir, en la construcción de un espacio basado en un universo aleatorio en su propia existencia, más que en relación con el universo físico en el que habitamos. Que el cuchillo sea el que pelea y no el compadrito, plantea no solamente un escenario que se sustenta con reglas propias, sino también una implícita ruptura con lo permisible en el mundo material. Es decir, un énfasis en un espacio fortuito, el otro espacio, justificable en lógicas propias que atentan contra el mundo físico. Como en el caso de Todorov , este atentar contra el mundo real está justificado no en el intento de independencia de éste, sino en la intención de funcionar como el otro lado del espejo. Por esto no hay que negar también el realismo en Borges. Técnica compartida con cuentistas como Cortázar o Phillip Dick, el elemento fantástico en general es solamente uno, pero el contexto general continúa intacto y comprometido con el realismo. Quizás ahí señal de interdependencia y rechazo, pero al mismo tiempo de atracción, de estos dos mundos en la escritura de Borges. La unión entre las dos realidades no está en la verosimilitud, sino en la discrepancia. Otra característica distintiva aparece en su técnica poética. En su poesía, en muchas oportunidades, encontramos la presencia de un espacio o elemento no-dicho. Por ejemplo, el poema “La Recoleta” ronda sobre el tema de la muerte; pero este tema está camuflado desde los comienzos por la descripción del cementerio, la descripción de las tumbas; es decir, todo lo otro. Hay una construcción no de lo que existe sino de lo que no existe. Hay una acústica de este principio en todo el poema: “irrealizados por tanta certidumbre de anulación”, hay un “no-ser” que luego se irá haciendo más y más explícito. Este “no-ser” no es un espacio de tranquilidad, sino un horror, como el horror hacia los espejos que presentará Borges en toda su obra. “Juntamente se apagan el espacio, el tiempo, la muerte, / como al cesar la luz”. Finalmente, como ya bien propuso Pablo Baler, se encuentra en el tema del plagio. Jorge Luis Borges se ha mostrado más orgulloso de sus lecturas que de sus creaciones. No es aventura ociosa, entonces, descubrir los autores que resurgen en sus textos. Sin duda, cuando Borges escribió: “todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare”, ya había leído La vida de Buda por Asvaghosha, una obra del año 420 originalmente en sánscrito, donde Buda Gautama dice: “El verso pronunciado por el maestro renace en el estudiante que lo repite”. (*) En tales contextos, no habría algo más borgeano que el plagio. El plagio no como apropiación de la escritura ajena, sino como una justificación de la escritura independiente del creador, una mutación y trascendencia del escrito más allá del acto de escribir. Desde este contexto, y funcionando como una correspondencia implícita, valdría preguntarse si el anti-plagio tiene el mismo valor. La discusión de la autenticidad y atribución de los poemas “ LOS OTROS DONES” a Borges, ¿sería en el mundo borgeano una imposibilidad? ¿Cómo se sustentaría desde esta lógica que las líneas “suaves como las suaves chupaditas / que ocasionaron en Pampa y la vía” parecen poco borgeanas?
Baler, Pablo “Borges Apócrifo”, www.everba.org, Summer 2003. |
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