| Con los años,
Nora Cortiñas ha ido teniendo cada vez más claro el porqué
se llevaron a su hijo. El que no estaba en los grupos de una iglesia de
base trabajaba en acciones comunitarias o pertenecía a familias
sindicalistas. Las historias coincidían, dice hoy, pero no estaba
claro el porqué de esa represión. En la Argentina habíamos
tenido muchas dictaduras a las que se llamó Revolución:
era la gran mentira de lo que se propagaba, ¿no es cierto?,
que en las familias de los que no éramos muy politizados entraba,
¿no?.
¿Qué estaba haciendo su hijo?
Ayudando en un barrio, haciendo una salita de primeros auxilios. ¿Qué
tiene de raro eso?, se pregunta la presidenta de la Agrupación
Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
¿Por qué se metió su hijo
en eso?
Eso. Eso. No lo dice ella por sí misma sino recodando
el modo en que el líder radical Ricardo Balbín se refería,
no sin desdén, a cierta clase de militancia que funcionaba por
fuera del sistema.
¿Qué era eso? El campo popular,
dice Nora Cortiñas hoy.
-Cuando las madres nos fuimos haciendo adultas, en un sentido político,
nos fueron quedando las frases de los dirigentes y nos dimos cuenta de
que acá hubo una gran represión para callar las voces del
pueblo, de quienes luchaban contra el sistema. Empezamos a hilar fino
a las respuestas de los políticos.
Respuestas como las de Ricardo Balbín, que exactamnente estas palabras
que siguen recuerda ella en su oficina de La Plata, y también en
la oficina del comité radical: ¿por qué no
cuidaron a sus hijos?. El mismo Balbín, dice Nora Cortiñas
ahora, que tenía miedo a viajar en avión pero cuando fue
finalmente a España dijo que las madres no tenían que seguir
buscando a los hijos porque estaban todos muertos. Si lo sabía
tan fehacientemente, le reclamaron ellas a la vuelta, por qué no
decía cómo y en qué circunstancias habían
muerto.
O la frase de Raúl Alfonsín cuando en enero de 1978 aparecieron
un centenar de cuerpos flotando desde San Clemente hasta Mar del Plata.
Estaba en el Club Naútico de Chascomús, con shorcito y pecho
al aire, rodeado de los jóvenes que después iban a formar
la Juventud Radical, y ahí les dijo que no, que eran cuerpos de
marineros que se habían caído de barcos extranjeros, sin
darle la menor importancia. Arréglenselas, vayan la comisaría
de General Lavalle. Ahí les van a saber decir.
O la Iglesia, diciendo que eran marineros borrachos que se habían
caído al agua desde los buques orientales...
-Fueron respuestas muy terribles, ¿no? De los políticos
tuvimos respuestas muy ingratas. O la del Partido Comunista, que no había
que ir a la Plaza de Mayor porque Videla era un militar democrático,
y que había otros que eran muchos más duros...
¿Siente angustia otra vez al contar esto?
Contarlo le hace volver a lamentar que haya habido tanta complicidad.
Más que antes siente que la cúpula de todos los partidos
políticos, que también a Luder y a Perete recurrieron, no
se hacían cargo de que la rebeldía era por la situación
del país. Pero no es la angustia de esos días, que salían
llorando de aquellas entrevistas, con un dolor profundo por la falta de
voluntad de respuestas. Se firmaban solicitadas en las que se pedía
esclarecimiento de la situación de los detenidos-desaparecidos
o libertad a los presos a disposición del PEN. Pero
lo peor es que habían sido secuestrados y torturados cruelmente,
y que estaban encapuchados y obligados a firmar declaraciones inculpándose
de cosas que no habían hecho, nada.
-Los dirigentes firmaban unas solicitadas, pero eran muy cuidaditas en
los términos. Habría que revisar.
Pero ahora no, no es esa angustia. Es bronca. Es bronca porque después
siguieron con actitudes que, razona ahora, se condicen con las actitudes
que dieron luz a las leyes de punto final y obediencia debida; las mismos
actitudes que apoyaron los indultos que llegaron después, con Carlos
Menem.
-El terrorismo de Estado fue un operativo hecho con impunidad, con acciones
clandestinas o no pero sabiendo que iban a poder hacerlo. El tiempo demostró
que esa impunidad fue avalada por las leyes que sancionó el Congreso,
por los ascensos a esos militares. Yo soy muy dura, te lo digo, nadie
te va a hacer estas declaraciones. Y no sé si en tu libro les va
a gustar a los editores. Yo hace 24 años que estoy en la calle.
A mi hijo se lo llevaron el 15 de abril de 1977. Mi hijo era militnte
de la Juventud Peronista. Había sido montonero. Y tenía
la mitad de la carrera de Ciencias Económicas hecha. Estaba casado
y tenía un hijo...
Suena el teléfono en la sede de la Asociación y la charla
se interrumpe.
-No, no... Nosotros somos Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora...
No lo tenemos... Búsquelo en la guía. Seguro que está...
No, está con la línea de Hebe de Bonafini... Nosoros no
lo tenemos...
Dice Nora Cortiñas y retoma:
-¿Sabés que pasa? Como Hebe se comporta con nosotras tan
canallescamente, no busco sus números ni tengo ganas de buscarlo.
No se lo merece. Porque Hebe es una canalla total, y una hipócrita.
Además de fundamentalista y mesiánica. Y engaña a
la gente. El otro día leí en un reportaje que dice que yo
me fui porque quería la reparación económica Y en
ese año, el 16 de enero de 1986, no estaba éso. Hebe hacía
lo que hace ahora: ser la única, no darle ni voz ni voto a ninguna.
En ese enero de 1986 iban a haber las primeras elecciones que iban a ser
legales y honestas, ella se erigió como presidenta saliente y presidenta
propuesta de la Asamblea. La suma de poder. Y nosotras nos negamos a participar
en esas condiciones. No había permitido que se publicitara que
iban a ser esas elecciones, había fraguado un padrón de
madres que nadie sabía quiénes eran... Y bueno, nos retiramos.
Yo soy cofundadora del Movimiento Madres Plaza de Mayo y de la conformación
de la Asociación el 22 de agosto de 1979 y de la Asociación
Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora desde 1986.
Pero fue en el año 1984 cuando ella, Nora Cortiñas, a título
personal, aclara, empezó a ver actitudes muy personalistas en Hebe
de Bonafini.
O en realidad un poco antes, con la creación de la Conadep. El
hecho que le dio la pauta de que la Conadep iba a producir una catarsis,
primero, y un cisma como el que después se produjo, fue el suicidio
de Alfredo Galletti. Hacia el final de la dictadura militar él
-un socialista de primer agua, muy buen consejero de las Madres,
muy lúcido políticamente, lo define Nora- empezó
a tener una depresión muy grande al ver que no había una
respuesta sobre qué había pasado con su hija, desaparecida
en 1978. Y cuando se creó la Coandep fue a verlas a la calle, si
mal no recuerda, Hipólito Yrigoyen, se sentó entre ellas
y dijo:
-Este es el moño de oro que Alfonsín le pone al drama de
los desaparecidos.
Algunas madres pensaron que la Conadep iba a traer soluciones, otras no.
-Pero la actidud de Hebe fue autoritaria: nosotras no vamos a ir a hacer
la denuncia. La postura mía fue que si se rechazaba el ir a hacer
la denuncia yo lo iba a acatar, y en ese momento no la hice, aunque la
mía entró porque estaba radicada en la APDH (Asamblea Permanente
por los Derechos Humanos). No sé si alguna madre la retiró.
Ni sé si están los hijos de Hebe en el Nunca Más.
Pero Nora Cortiñas recién entró en un estado de gran
rechazo hacia Hebe de Bonafini cuando aquella empezó a decir que
la habían querido matar, o tirar en una zanja.
-A cada una de nosotras nos amenazaron, nos pegaron papeles, pero cuando
yo sentí en el ´85 que ella denunció que la habían
querido tirar en una zanja a ella y a la hija, adentro mío no le
creí. Cuando ella se dio cuenta de que no le creía, y que
ya no sentía ningún deseo de apoyar sus posturas me empezó
a tratar de una manera muy agresiva y muy despectiva. A mí y a
otras, pero yo hablo por mí. Luego, cuando fueron esas elecciones
fraudulentas entendí que no me podía quedar ni un día
más.
Lo mismo sintió cuando Hebe de Bonafini rechazó las exhumaciones
o la colocación de placas recordatorias en las universiddes. O
cuando en el año 1984 el Congreso votó una ley para que
se le diera una subvención a los hijos de los desaparecidos, que
Hebe de Bonafini lo denostó.
Claro, mientras habían padecido juntas la dictadura militar el
enemigo era muy notorio.
Con la democracia todo se mostró con claridad.
-Aunque pasaron muchos años es una cosa demasiado fresca. Me duele
que muchos intelectuales no se den cuenta que quedándose bajo ese
paragüas están equivocados. No saben el interior de Hebe.
O no la conocen.
Y entonces entra en la cuestión de fondo:
-Ni siquiera para todas las Madres o todos los familiares la palabra desaparecido
quedó grabada. Ya se habla de muerte. O bien porque alguna madre,
algún familiar recibió alguna información de como
los tiraron al río, o bien porque desde luego fue asesinado. Pero
si no hay un respuesta oficial, con una firma que explique cómo,
cuándo y quién, sigue desaparecido. Este es un drama que
no tiene fin. Que va y viene. Aunque intelectuales, políticos,
gente de la iglesia dijera sí, están muertos; se supone
que despés de 25 años no van a emerger con vida para contar
cómo los mataron. Pero tiene que haber una autoridad que diga qué
pasó con cada uno de ellos. Porque está la respuesta, porque
tienen la información. Esta es la verdadera historia. Una historia
oculta, y de un oscurantismo muy grande, porque los que lo hcieron, los
que lo apañaron tienen miedo de la Justicia, y se apañan
unos a otros.
Cómplices, el modo en que ella denonomina esto es cómplices.
-Y ya no solo cómplices, partícipes, como Pío Laghi,
que entró a los campos de concentración, que se iba a comer
y a jugar al tenis con Massera; parece increíble, pero hubieron
más de 365 campos de concentración y las altas jerarquías
de la iglesia lo sabían...
Reconoce por supuesto las excepciones: Monseñor Novak, Devoto,
De Nevares... Pero eso no amaina, veinticinco años después,
la rabia que Nora Cortiñas tiene.
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