|
Victor
Redondo se mete con el vate ciego
———————————————————
Señores
revista virtual Ayesha
Recabada
que se hubo mi opinión, apenas balbuceo: ¿Quién es
uno para afirmar o negar? Sospecho —creo que fundadamente—
que el señor Borges no puede haber escrito esos versos de baja
pornografía. Lo juraría.
Sin embargo, sería mi intuición versus los mil rostros que
los hombres sabios albergan. La única explicación, en todo
caso, en el último caso, en el más horroroso de los casos,
es que lo haya escrito ese "Yo es otro" que los grandes llevan
dentro. A propósito de esto, y buscándole alguna disparatada
explicación a los misterios del alma humana, quisiera intentar
una aproximación por el lado de la experiencia alucinógena,
la que en todo caso podría haber provocado, no ya el pensamiento,
sino el haber estampado en un papel esos versos que no deberían
haber salido jamás de la no-escrita memoria que todos cargamos.
Si es cierto que, a veces, "Yo es otro", invoco a los míos
otros y los invito a conversar entre ellos:
"—Un
Otro: A propósito de su querido Don Jorge Luis, ¿sabía
usted que el hombre, tan asceta él en apariencia, se pegaba unos
viajes astrales con un hongo alucinógeno que madura en la sierras
cordobesas en el mes de febrero, experiencia que hubo de transformarse
literariamente en el seudo coñac que Carlos Argentino Daneri le
ofrece al escritor antes de bajar al sótano donde brilla el Aleph?
Lo dejo con la espina.
—El
Otro: Escúcheme bien, en alguna carpeta (lamentablemente, de un
tiempo en que existía el PC, pero no las PC) tengo un cuento titulado
"Rohypnol", que escribí después de haber conocido
a Fanny, por aquel entonces peleada a muerte con la señora María
Kodama y otros deudos de Borges que, según ella, la habian dejado
en la calle. Fanny me había confirmado, en la entrevista (tengo
la cinta grabada), que Georgie, en los últimos años, se
había vuelto totalmente adicto al Rohypnol. Sin una o dos cápsulas,
cada noche, le era imposible dormir. Lo de dormir es un decir, porque
el Rohypnol, a cierta gente (como a mi tía Irma) le hace ver visiones
relacionadas con los muertos y con su pasado. A veces -está grabado-,
Borges la llamaba asustado a Fanny y le pedía "que le sacara
los enanitos plateados de abajo de la cama". Entonces ella lo calmaba,
le decía que todo estaba bien y le volvía a poner un pañuelo
empapado en colonia La Franco (otra adicción) en el cuello traspirado.
Yo
tomé lo de los enanitos plateados (es decir, etimológicamente,
los enanitos argentinos) y lo vinculé con un comentario que Borges
había hecho cuando le preguntaron que le parecía el título
de un flamante libro de Alberto Laiseca: "Matando enanos a garrotazos".
El Viejo balbuceó un poco y dijo: "Debe ser una historia de
la literatura argentina ¿no?"
—Muy
gracioso. En cuanto a los alucinógenos y a El Aleph, escribí
algo el año pasado en una revista, a propósito de un libro
donde se citaba "La montaña mágica", de Thomas
Mann. Yo creo que en ese libro de Mann, compuesto para la misma época
en que la familia Borges vivía en Suiza (es decir, los años
de la primera guerra mundial), está la semilla de El Aleph. Mann
se inspira en sus propias experiencias con alucinógenos y en lo
que vió durante las semanas en que visitó una clínica
de recuperación en Davos, Suiza. Incluso dos de los personajes
-Settembrini y Naphta- hablan de esas experiencias y las relacionan con
la práctica espiritista de hacer consultas a ultratumba mediante
la copa de cristal (para esa época, tengamos en cuenta que también
Connan Doyle, otro maestro de Borges, ya se había hecho miembro
de la Sociedad Espiritista y trataba de escuchar a los muertos con una
radio a galena).
—Y
el mismo Jorge Guillermo Borges, como buen psicólogo del
amanecer del psicoanálisis, experimentaba como Freud y otros doctores
de Viena con la cocaína que fabricaba Merck y con drogas alucinógenas
que se mandaban a llevar desde América (entre ellas, el peyote
que cautivó a Huxley, a Artaud, a Michaux, a Lowry y a tantos amigos
nuestros).
—No
es improbable, entonces, que Georgie haya probado con ciertas hierbas,
ya desde su edad temprana. Y confiesa en un reportaje que fumó
marihuana algunas veces. Al respecto, transcribiré a continuación
dos recortes periodísticos con declaraciones del maestro Borges.
En ambos se nota una marcada intención de patear la pelota afuera:
"Con las drogas he tenido no sé si buena o mala suerte: he
ensayado la cocaína tres veces seguidas y me di cuenta de que era
lo mismo que tomar pastillas de menta. Posiblemente ocurra lo mismo con
la marihuana y las otras cosas..." (La Nación, 6/8/1972)
"En
varias ocasiones intenté fumar marihuana, pero siempre fracasé;
finalmente, opté por quedarme con las pastillas de menta..."
(La Razón, 20/2/1984)
—Lo
cierto es que el maestro vivía en una nube de sueños, imágenes
y percepciones, que ojalá nosotros alcancemos alguna vez (y mejor
si lo conseguimos sin la ayuda de las hierbas). Esta noche voy a repasar
"La montaña mágica" y le prometo para la próxima
una cita de ese texto, donde para mí está la semilla de
El Aleph.
—Volvamos
atrás. La tesis central, como ya adelanté, consiste en afirmar
que en El Aleph don Jorge Luis deja un rastro del medio utilizado para
alcanzar esas experiencias. El famoso seudo coñac,
que Daneri sirve antes de bajar al sótano y que en vez de provocar
los síntomas propios del alcohol, es decir relajación y
amodorramiento, genera rígidez, malestar e insomnio: "Sentí
un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez y no a
la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los
abrí. Entonces ví el Aleph".
—Considero
logrado el objetivo de agitar las aguas de la reflexión y el debate
al tirar la inocente piedrilla del Borges afecto a agentes alucinógenos.
Leo algunas cosas que se dicen, me reconozco diciéndolas yo mismo
no hace mucho, y comprendo aún más la frase de Paul Nizan:
la cultura y el conocimiento son las que permiten que los hombres no seamos
víctima de la mentira.
—Sospecho
que esta payada, mantenida en cierto nivel y con honestidad intelectual,
puede iluminarnos un ancho campo del mundo que todavía permanece
en las sombras. La perlita sobre el seudo coñac borgeano la extraje
de un artículo de la revista española "Cáñamo",
firmada por un tal "El Micólatra". El articulista cita
al maestro en su biografía "Borges a los ochenta": “En
mi vida he tenido dos experiencias místicas, y no puedo decirlas
porque lo que me sucedió no puede ser puesto en palabras. Me sentí
avasallado, atónito. Tuve la sensación de vivir no en el
tiempo sino fuera del tiempo. Escribí poemas sobre ello, pero son
poemas normales y no pueden decir la experiencia. No puedo decírsela
a usted, ya que ni siquiera puedo repetírmela a mi mismo, pero
tuve esa experiencia, y la tuve dos veces, y acaso me sea otorgado volver
a tenerla antes de morir".
—La
tesis central, como ya adelanté, consiste en afirmar que en El
Aleph don Jorge Luis deja un rastro del medio utilizado para
alcanzar esas experiencias. El famoso seudo coñac, que Daneri sirve
antes de bajar al sótano y que en vez de provocar los síntomas
propios del alcohol, es decir relajación y amodorramiento, genera
rígidez, malestar e insomnio, perdone la repetición. Hasta
aquí claro, apenas un ejercicio de hermenéutica. Pero El
Micólatra trae luego a colación un Congreso de Mística
realizado en Avila en 1993. El cónclave se cerró con una
ponencia de María Kodama titulada "Jorge Luis Borges y la
experiencia mística". Al concluir su exposición, la
señora se prestó a una ronda de preguntas sobre el tema.
Juan Goytisolo, sarcástico como es habitual, inquirió si
Borges se arrojaba en paracaídas para provocarse esos trances místicos.
La señora Kodama se tomó un instante y contestó,
segura: "a Borges le gustaba comer pajaritos de monte". La platea
se distendió en una carcajada de festejo a la "salida ocurrente".
Ahora bien: el autor de la nota, que estuvo presente en aquel congreso,
se internó años después en el estudio de los hongos
embriagantes y otros enteógenos. Así dio con un libro del
micólogo Gastón Guzman, en el que se describe a una seta
denominada científicamente Psilocybe hoogshagenil, que crece en
Argentina durante el mes de febrero en altitudes que oscilan entre los
1.000 y 1.800 metros. También se da esta especie en Colombia, Brasil
y, especialmente, en los estados mexicanos de Oaxaca y Chiapas, donde
se los encuentra entre julio y agosto. Estos hongos, según estudios
químicos, poseen más de 0,30 por ciento de psilocibina y
otro 0,30 por ciento de psilocina. Es decir, se trata de una seta que,
una vez desecada, tiene una potencia alucínogena muy considerable.
Guzman añade que esos hongos son conocidos en español con
el nombre vulgar de “pajarito de monte”.
—Sería
absurdo negar que Georgie experimentó con estupefacientes, cuando
él mismo lo admitió tantas veces. Pero ocultó cuidadosamente
la mención de su sustancia de cabecera, tal vez por prudencia,
o acaso por atribuirle un carácter sagrado. Algún incrédulo,
supongo, puede atribuir la historia a una concatenación extremadamente
meticulosa del azar.
Espero
que no sea así porque si no, como dice el Micólatra, la
"carambola lógica haría estremecer al propio Borges".
—A
propósito del intercambio que estamos teniendo sobre Borges, los
hongos alucinógenos y El Aleph, creo que hay una cuestión
insoslayable, hasta ahora no conversada, que es la de la Masonería.
Como se sabe, Borges fue miembro de la logia masónica más
antigua que funcionaba en el país (de la que también habían
sido miembros Sarmiento, Bartolomé Mitre y su propio padre). En
todo ese asunto de los brebajes, de las visiones y de los ritos iniciáticos,
está la marca indeleble del 'saber' masónico. Oh casualidad,
también eso está presente en las sesiones espiritistas de
"La montaña mágica", de Mann.
—Bueno,
por la tarde o tal vez mañana prometo traer una selección
de citas del libro de Mann donde indudablemente se respira la atmósfera
de El Aleph. Y "La montaña mágica", a su vez,
tiene un desarrollo de cosas que están prefiguradas en "La
muerte en Venecia", también de Mann y, por supuesto, en ese
libro madre que fue para Mann el "Fausto" de Goethe.Toda la
literatura es una larga conversación entre autores, una auténtica
Casa de Citas.
——————————
——————————
Estimados
señoras y señores de Ayesha, lamento no haber podido ratificar
o rectificar el motivo de su consulta, sólo espero que esta conversación
entre mis otros Un Otro y El Otro les suministre materia de reflexión,
regocijo y estudio.
Atentamente, Aarón Loewenthal
|
“Estos poemas no podrían haber sido nunca de Borges, y tampoco
conservan su estilo, por las siguientes razones: Borges no se preocupaba
por la simetría de la estrofa ni por la rima consonante “barata”
(coche / noche). Además, el erotismo explícito no es un
tema borgiano; tampoco forman parte de su estilo los versos regulares
(cuidando cantidad de sílabas). Se imita vulgarmente el juego de
Borges de YO y EL OTRO. Otro rasgo que comprueba la ausencia del estilo
borgiano en estos sonetos es la presencia de humor satírico y expresiones
coloquiales (“... para gozar un rato ...”); por el contrario,
Borges manejaba la economía de palabras con un vuelo genial”
--- ANGÉLICA VANINETTI, licenciada en
Letras y docente.
“Aunque sería dudoso que Jorge Luis Borges
escribiese algún poema como éste, este soneto apócrifo
trabaja ciertos elementos del mundo borgiano (símbolo, cosmos,
lo sagrado y lo profano, el yo y el otro, y el cosmopolitismo), pero enmarcándolos
en un tema que no es propio de Borges” ---
HORACIO FERREYRA, lector asiduo de Jorge Luis Borges.
“A todas luces éste no es un soneto de Borges,
porque él jamás trabajaría el tema del sexo de esta
manera, tan evidente. La sexualidad formaba parte, dentro del mundo borgiano,
de los universales de los que nadie podía escaparse (el amor, la
fe, por ejemplo), y aunque hay unos pocos poemas que tocan este tópico,
lo cierto es que su tratamiento tenía una altura increíble,
evitando las palabras obvias” --- MARÍA
FERNANDA ROSSI, estudiante de Letras.
“Más que un soneto apócrifo de Borges,
parece un poema que imita a Quevedo. Es decir, pareciera que quien los
escribió intentó emular a Borges, pero en realidad le salió
Quevedo” --- SILVIA ORIGONE, lectora eventual
de Borges, pero asidua de Quevedo.
“Estos sonetos son un desastre. No podrían
haber sido de Borges, aunque quién sabe... Los podría haber
escrito, pero no los habría publicado, debido a la época
en la que vivía” --- DANILO PELÁEZ,
estudiante.
“Tiene reminiscencias de los poemas satíricos
y humorísticos de Quevedo, y el tratamiento de la sexualidad en
su novela picaresca “El buscón” ---
MARCELO GALOZA, docente.
“Resultaría una pérdida intentar
una evaluación de los antedichos “versitos primarios”
que no llegan a ser ni pornos ni chabacanos; cuanto menos son un burdo
intento de pasar de audaces, ya que el erotismo de un Quevedo le pasó,
al paupérrimo autor de estos escritos, muy inadvertido. No se puede
hablar de calidad cuando adolece de tantas fallas. Sólo actúa
como un disparador de recuerdos; aún permanecen en ciertas oficinas
(con ocupantes que pretendieron sacar chapa de intelectuales) un escrito
atribuido a Borges. Allí leíamos cosas tales como “...
comería más helados y menos habas ...” que impunemente
descerrajaron sobre los desprevenidos lectores. La sonora y profunda mole
de granito borgiano con sus laberintos y ancestrales grutas, contrastaba
con los pedacitos de plástico de estos aficionados/as. Por otra
parte, un intento de Jorge Luis para asomarse a la realidad (una asignatura
pendiente, según le criticó toda su vida Arturo Jauretche),
tan esquiva por formación europeizante primero y por ceguera después,
a través de su incursión por la historia de compadritos
y malevos que sí respetaban códigos (no pegarle a una mujer,
ni a un chico, no robarle a los pobres, no abusar de la superioridad física
y moral, etc.). El acero de los malevos de Palermo sonaba estrepitoso
y profundo al lado de esos latines y chapitas de una mediocre yanqui trasnochada.
Tal vez, si le hubiese puesto por título “Bukowski”
tendría otro color. Podría pasar como un intento de homenajear
al viejo decadente que escribió sobre otros lumpen acosadores de
nenitas y puteadores como jóvenes estudiantes desorientados. ¿Por
qué será que recurrentemente pululan estos escritos? ¿Será,
tal vez una manera de acercarse a los escritores de renombre a ver si
se les pega algo de prestigio?
Internet da para todo, incluido en ese “todo” las veleidades
de transgresor, provocador y original. En otra época se circunscribía
a sectores como talleres literarios, redacciones y otros cientos de escribidores
temerarios. Hoy brotan especímenes de toda calaña para quienes
la Web es ámbito propicio a fin de perpetrar puerilidades. ¡Cuánta
pérdida! ... Derroche de tiempo en banalidades, habiendo tanto
por hacer y construir (porque primero se construye en los teóricamente
para después concretar en los hechos. Se influye de diversas maneras
en la mente y el ánimo de las personas).
Finalizaría con un ruego a estos escribas de probeta: ¡por
favor abandonen esa pose de escandalizadores! (los franceses en el siglo
XVII ya hablaban de la técnica de “espantar al burgués”).
Intenten ser originales, lean, estudien lo que antepasados ya hicieron
(y bien). Se sorprenderán al ver que muchas cosas ya estaban inventadas”
--- DANIEL PIÑEIRO, publicista y docente
de Taller Artístico y Comunicación.
“No sé cuál es el atractivo que le
encontraron a estos poemas; no sólo denotan una falta de estilo
y elegancia total, sino que es un verdadero disparate pensar que Borges
pudiera escribir algo así y dedicárselo en forma tan evidente
a Kodama” --- OSVALDO ARBITRES, lector.
“¿Qué es lo que tengo que contestar
acerca de esto? ¿Si pudieron ser de Borges? Es obvio que no, el
genio de JLB le impedía caer en estas creaciones, Su sutileza y
su escritura por momentos críptica hace imposible, en un soneto
que verdaderamente sea de Borges, la inclusión de las palabras
“pene” o “semen”, por lo menos aludiendo a su
significado lineal. Hubiese utilizado otras palabras” ---
MARISA MANDALEVISKI, aficionada a la literatura borgiana.
|